Post Mortem, 2,4/5. Sitges 2020

 


El director húngaro Péter Bergendy, muestra esta película, en principio de terror, en la que hubo más risas en la sala que gritos.

La película cuenta un frío invierno de 1918 como un joven fotógrafo, Tomás, que fotografía muertos, termina en un pequeño pueblo en el que ocurren cosas muy raras.

 


La película estaría bien, pero el problema que le encuentro es que se repiten muchos escenas que no aportan nada a la cinta. Por ejemplo, el revelado de fotos ocurre en varias ocasiones y en todas sabemos que va a aparecer lo de siempre.

También algunos muertos se mueven demasiado para asustar, parece más bien una parodia de la típica película de terror de los años 70. En ciertos momentos los espíritus hacen que varias personas vuelen o resbalen por el hielo; más que miedo, lo que transmiten es una especie de sensación de ver un baile.  La actuación de la niña protagonista (Fruzsina Hais ) es decepcionante, no sale del registro de niña guapa y sonriente. El terror, la duda, el odio,... no los conoce y se ven sus carencias delante de la cámara intentando poner esos registros. La actuación del protagonista Viktor Klem es aceptable.

Ciertas acciones, como el no poder agarrar la mano de la chica cuando está resbalando, hacen que pierda credibilidad la película, cayendo en un tópico de las películas de terror o aventuras.

La música de estilo heroico-épico que utilizan no da sensación de miedo, más bien estamos esperando que Gladiator salga de un momento a otro.

Entre todos los muertos, hay uno de ellos que claramente es de silicona, con el cuello estirado,  es una pena porque denota falta de atención en este pequeño efecto especial, que podría haberse realizado fácilmente con un buen maquillaje. Con estos efectos podría parecer una película barata, y no lo es, ya que las imágenes iniciales de la guerra, muestran un presupuesto de cierta cuantía.



Algún punto distinto de otras películas puede ser la connotación pedófila que hay entre el protagonista y la niña que en principio tiene 10 años, varios de los periodistas pensaban parecido al percibir que el director había deliberadamente creado una tensión un cierto pedófila del protagonista con la niña.

Los elementos de terror como los pasos en el techo, sombras de personas un poco sin sentido y demasiado utilizadas, momentos de silencio con golpes de música estridente para crear sorpresa, y también una de las escenas en el granero donde los muertos de repente están formando un cuadro, hacen que la película no se tome en serio y más que pasar un mal rato, pases una agradable experiencia como parodia de película de terror, al menos en la sala las risas fueron contundentes en varias ocasiones.



 

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