De nuevo en una de las mejores secciones del festival de Seminci, en Valladolid (España), tenemos un nuevo título con el nombre propio del protagonista (comparte sección con “Nino”). Siendo sinceros, este título no invita demasiado —“Kika” suena a comedia ligera o a algún derivado posmoderno del cine de Almodóvar—, la sorpresa llega pronto: lo que encontramos es una de las películas más inteligentes, sutiles y emocionalmente feroces del cine belga reciente. Alexe Poukine, de origen francés pero afincada en Bélgica, después de su trayectoria documentalista en Dormir, dormir dans les pierres o Lo que no te mata , demuestra que su mirada sobre la realidad es tan aguda como compasiva. Aquí, por fin, se atreve a dar el salto a la ficción total sin perder su tono de observación antropológica.