Josefina. San Sebastián 2021



Solo la gente que ha visto los cortos del director Javier Marco sabe lo que se le llevaba esperando para que sacara su primer largometraje.


Con el premio Goya 2021 a su último cortometraje, "A la cara" nos hizo darnos cuenta de lo salvajes que podemos llegar a ser gracias al anonimato, viajando a los festivales de Aguilar de Campoo o Clermont Ferrand.


Con su otra maravilla "Amianto" nunca un traje de rata consiguió hacernos empatizar tanto con la penuria y la miseria en todos los sentidos, un lujo que pudimos ver en el festival de Medina del Campo.


Javier Marco se ha ganado la reputación de mostrar, simplemente eso, mostrar. Parece sencillo, pero el director llega a conseguir transmitirnos tal cantidad de sentimientos, en unos pocos minutos o en hora y media, que es ya uno de los directores españoles a tener en cuenta.



Con "Josefina" vemos la evolución de su mundo al de dos personas solitarias, Berta (Emma Suárez) visita cada domingo a su hijo en la cárcel interpretado brevemente por Miguel Bernardeau. Juan (un impresionante Roberto Álamo) trabaja en la prisión. Sin querer desvelar más, vemos el delicado encadenado de sucesos, todos dulces y cuidados con sumo mimo para que lo importante sea la sutileza, las miradas, los silencios. Sorprende que una cinta tan parca en palabras llegue a mantenernos durante los 90 minutos en vilo, tensos, disfrutando de esa cara que Roberto Álamo nos muestra de hombre cincuentón, simple, básico, buena persona y con pintas de muy muy aburrido. Un hombre que habla con la mirada, con esa forma de bizquear que nos insinúa su pudor a molestar.




Y es que la mayor parte de la gente es así, más generalmente en países del mediterráneo, donde nos gusta mirarnos, observando quién va en el metro y bus, a pesar de que el móvil nos está haciendo cambiar de costumbres. Las respiraciones juegan junto con las miradas un papel fundamental en la sugerente narrativa de la cinta, llegando a utilizar una respiración de enfermo para mostrarnos un posible final, o el de un esfuerzo tras una carrera, para crear una brillante situación cómica.


Lo básico se une de forma magistral con lo cotidiano del mundo de Javier, una tortilla de patata, un robot aspirador enganchado, indicar que no se rozará la botella de otro al beber... Nos dejamos perder en esa cocina con sorprendente parecido a la de "A la cara" o con los comentarios de ratas que nos hace pensar en "Amianto". La cantidad de referencias es elocuente, haciéndonos dar cuenta en la misma película del significado de "Josefina". Pareciera que el director quisiera expresar las ganas de salir de este círculo vicioso y del que por miedo a perder el confort, los protagonistas no osan nunca a cambiar lo establecido, con una música de ópera que hace al espectador sumergirse más aún en este ambiente monótono.




Si algo aprendemos con "Josefina" es que un problema se convierte en oportunidad. La avería de un coche puede hacer que conozcas a una mujer fantástica. O que la idea loca de Juan con Josefina, termine teniendo un desencadenamiento inesperado. El lema podría resumirse en que no hay que tener miedo por salir de la zona de confort, como pedir un traje que no necesitamos y que al final termina llevando la persona menos pensada en la película.


Una duda nos queda, es la obsesión por el baloncesto que podemos ver en la cinta. Llegando al más mínimo detalle al respecto, con comentarios televisivos de partidos. Detalles para lograr un sorprendente realismo son también los números pegados en la parada del autobús que coinciden con los que tiene el bus (no siempre tenido en cuenta en otras producciones).


La cinta es también crítica, a su manera clara, de forma suave, mostrando la obsesión por el móvil haciendo que la comunicación por carta sea esencial, o como ya dijimos, la falta absoluta de observar el móvil en el bus, creando el cultivo para que los pasajeros puedan conocerse. Crítica de forma un poco más directa, las promesas de los políticos, diciendo que tiene la ayuda de dependencia, pero que aun no la ha cobrado.


Una cinta repleta de inteligencia, sutileza, humor en los pequeños detalles, y que con la soberbia actuación del dúo Emma Suarez y Roberto Álamo, nos crea una de las cintas más completas vistas este año.


Opinión: 4,3/5




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