Mostro. Biarritz 2021



Normalmente es la película la que hace llorar, no la rueda de prensa posterior. En el caso de "Mostro" ocurrió al revés, no ya solo visible en la cara del joven y dotado director José Pablo Escamilla y su productora Diandra Arriaga, sino también entre el público. 



Tras su paso por Locarno, "Mostro" nos muestra una cinta a la vez bella y dura, poética y desgarradora, concisa y abstracta historia sobre la violencia de los poderes del estado contra el pueblo en México, en este caso unos policías secuestrando a una chica, Alexandra (una maravillosa Alexandra Victal), la novia del protagonista "Mostro".



Recordar a los 43 de Ayotzinapa era una evidencia, hace 3 días que se cumplieron 7 años de los hechos. El director recordó al público tras la premiere francesa de su película, en su mayoría franceses, lo que ocurrió con los estudiantes de Ayotzinapa, algo que impactó a México y por su cercanía sentimental también a España, con manifestaciones y reuniones informativas en las calles de ambos países. El olvido es el peor de los errores, y al recordar el suceso en el festival de cine de América Latina de Biarritz, donde concursa, Escamilla no pudo por más que emocionarse él y a los que le escuchábamos. La tristeza de lo que ocurrió en un estado fallido, como lo definió, está presente aún tras 7 años.



El director hace un homenaje a su manera, y resalta la arrogancia y desidia de algunos de los trabajadores públicos en México, en ocasiones detestable. En particular los policías y militares. No es ya una cuestión de corrupción, es una cuestión de cultura y esta nueva generación tiene en principio la posibilidad de denunciarlo e intentar cambiarlo. De hecho, José Pablo pidió perdón tras el pase por la violencia de su película, pero según él, era la única forma de poder contar lo que está pasando en México. 

En realidad no hay tanta violencia en "Mostro", es sobre todo una tensión continúa, muy complicada de lograr, pero que con planos secuencia de infarto consigue el prodigio de meternos en la cabeza del protagonista Lucas (Salvador de la Garza), haciéndonos que la cámara sea nuestros ojos cuando espera a que él se acerque de frente, para seguirlo en un primerísimo plano, girar para continuar un primer plano de su cabeza posterior, parar la cámara en seco y Lucas retirándose a la derecha para mostrar lo que estaba viendo, a su pareja. Un plano secuencia que haría estallar de alegría a Xavier Dolan o Rodrigo Sorogoyen, y que un chaval mexicano de 33 años como Escamilla ha conseguido de forma natural. 



El repertorio de técnicas usadas para grabar secuencias de seguimiento de personas en la película es admirable, no repitiendo técnicas, con cámara fija de lejos, movimientos circulares, traveling con río Lerma de por medio, angulo picado creando sensación de tensión simplemente por ese angulo... La conversación en el puente encima de la autopista es memorable y cuando pasan los minutos llegamos a echar de menos la simbiosis que tenían entre ellos en esa secuencia, casi de la misma forma que el propio protagonista.


De hecho, somos el protagonista en varias ocasiones cuando tras aspirar un producto tiene visiones con un quemado de la pantalla, utilización lo que parece 35mm, y unos colores que nos transportan al pasado de Lucas, cuando se está despertando y corriendo aun drogado, somos nosotros los que corremos, sintiendo la angustia que provocan las imágenes en el espectador. 

Con imágenes impactantes propias de un maestro, como la imagen de Lucas delante de los palets azules, o unos planos secuencias que como dijimos son de infarto: recorriendo la fábrica por los rincones más estrechos, haciéndonos tener una sensación extraña de efecto túnel entre palets o paredes. Al contrario que el ya mencionado Dolan, dónde en su famosa escena de Mommy el protagonista agranda la pantalla, aquí la pantalla va encogiendo en un prodigioso efecto para centrarnos en ÉL, en Lucas, en el Mostro, en el desesperado, el su incertidumbre causada por no saber dónde estará su pareja. 



Con dos partes bien diferenciadas, la primera es dinámica y rápida, la segunda es sombría y lenta. El director nos hace meternos en la  cabeza del protagonista de esta forma, haciéndonos sentir que el tiempo no pasa, que estamos perdidos, que todo está contra nosotros (un perro ladrando, la presión del padre, las amenazas del policía...) al final vemos el cambio radical al que toda persona que ha perdido a un familiar en estas circunstancias tiene que hacer frente.


Una película sensorial, que nos hace volar gracias a sus planos secuencia, unido a la maravillosa idea de utilizar colores y texturas para meternos en la piel de Lucas. Un tema duro pero tratado con una mezcla de sutileza y golpes sensitivos que provocan una emoción de tristeza parecida a la de Lucas. El director llega a tratar el tema de las abducciones y los ovnis con comentarios y luces que parecieran los que secuestraron a Alexandra, y a los cientos de personas en México cada año. El ovni en este caso se llama policía, narcos, militares, mafias...



Sorprende que el buen cine no venga de grandes producciones, "Mostro" es un gran ejemplo contando con el colectivo Colmena para auto gestionarse el proyecto y ser libres de hacer lo que quieren, con la premisa de que cuando hay arte y maestría, el dinero no es lo fundamental para mostrarlo al público.

Opinión: 4,2/5



José Pablo Escamilla y Diandra Arriaga





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