Crítica de Nuremberg

 


Nuremberg es una de esas películas que te dejan pensando largo rato después de que terminan los créditos. Dirigida por James Vanderbilt, este drama histórico y thriller psicológico se sumerge en los juicios de Núremberg tras la Segunda Guerra Mundial, pero no se limita a recrear eventos judiciales. En cambio, enfoca su lente en la batalla mental entre un psiquiatra estadounidense y uno de los nazis más notorios, Hermann Göring.

Como alguien que ha leído sobre la posguerra y ha visto innumerables filmes sobre el Holocausto, me impactó cómo esta cinta evita los clichés del género para explorar la naturaleza del mal de una forma íntima y perturbadora. No es solo un relato de justicia; es una reflexión sobre si el mal es algo patológico o simplemente humano, y eso me resonó personalmente en un mundo donde vemos ecos de autoritarismo todos los días.



Basada en hechos reales

La trama se basa en hechos reales, adaptados de un libro que detalla la relación entre el psiquiatra Douglas Kelley y Göring. Ambientada en 1945-1946, justo al final de la guerra en Europa, la película sigue a Kelley, un oficial del ejército estadounidense interpretado por Rami Malek, asignado para evaluar la salud mental de los líderes nazis capturados.

Su misión principal es determinar si están aptos para ser juzgados, pero pronto se obsesiona con “diseccionar el mal”. Göring, el segundo al mando de Hitler y fundador de la Gestapo, se convierte en su principal sujeto. Interpretado por Russell Crowe, Göring no es retratado como un monstruo caricaturesco, sino como un hombre astuto, carismático y manipulador, que usa su ingenio para desafiar a Kelley en conversaciones cargadas de tensión.

Paralelamente, la película muestra los esfuerzos del fiscal jefe estadounidense Robert H. Jackson (Michael Shannon) por construir un caso sólido en medio de presiones políticas y la complejidad de un juicio sin precedentes.

Un duelo psicológico más que un drama judicial

Lo que hace que Nuremberg destaque es su énfasis en la psicología por encima del espectáculo judicial. Las escenas en la celda de Göring funcionan como un duelo intelectual, donde el nazi justifica sus actos como simples “órdenes obedecidas”, mientras Kelley intenta hallar patrones psiquiátricos que expliquen el genocidio.

La decisión de mostrar a Göring como un hombre aparentemente ordinario vuelve su maldad aún más inquietante. Esta idea conecta con debates actuales sobre cómo personas comunes pueden cometer atrocidades bajo regímenes opresivos, haciendo que la película se sienta menos como historia pasada y más como una advertencia contemporánea.

No obstante, la cinta no es perfecta: el ritmo se resiente en algunas subtramas políticas, y el final, aunque fiel a los hechos, podría haber profundizado más en las consecuencias emocionales para Kelley. Aun así, su mensaje sobre la responsabilidad moral en tiempos de guerra resulta contundente.



Actuaciones que sostienen la película

El elenco es uno de los grandes pilares del film. Russell Crowe ofrece una interpretación imponente y matizada de Hermann Göring. Conocido por trabajos como Gladiator y A Beautiful Mind, aquí transforma su físico y adopta un acento alemán preciso, logrando un personaje tan encantador como aterrador. Es, sin duda, una de sus mejores actuaciones en años.

Rami Malek, ganador del Óscar por Bohemian Rhapsody, encarna a Douglas Kelley con una intensidad contenida. Transmite bien la obsesión, la ambición intelectual y la lucha interna del personaje al reconocer similitudes inquietantes entre él y sus pacientes. Aunque en ocasiones su actuación puede sentirse rígida, aquí encaja con el tono introspectivo del relato.

Por su parte, Michael Shannon aporta autoridad y frustración al papel de Robert H. Jackson, representando al idealista que intenta sentar las bases de la justicia internacional frente a la burocracia y la política.

Un reparto secundario sólido

Entre los secundarios destaca Richard E. Grant como Sir David Maxwell-Fyfe, fiscal británico que protagoniza uno de los interrogatorios más memorables del film. Leo Woodall interpreta al traductor Howie Triest, aportando un necesario punto de humanidad y conciencia moral. Completan el reparto John Slattery, Colin Hanks y actores europeos como Andreas Pietschmann y Lotte Verbeek, que suman autenticidad histórica.

En conjunto, el reparto sostiene un enfrentamiento central que recuerda a clásicos como The Silence of the Lambs, pero firmemente anclado en la realidad histórica.



Contexto histórico

Los juicios de Núremberg condenaron a 12 jerarcas nazis a muerte, entre ellos Hermann Göring, quien se suicidó con cianuro horas antes de su ejecución, un hecho que la película recrea con notable tensión.

En la vida real, Douglas Kelley concluyó que los nazis no compartían una “personalidad nazi” específica, sino que eran personas ordinarias capaces de cometer un mal extremo, una idea que influyó en estudios posteriores sobre la obediencia, como el experimento de Milgram.

La película fue rodada en Hungría, recreando una Núremberg devastada por la guerra, con un presupuesto aproximado de 50 millones de dólares, y se estrenó en 2025, coincidiendo con el aniversario del fin del conflicto. También aborda el hecho de que Göring ocultó arte robado valuado en millones, un detalle que Kelley utiliza para manipularlo psicológicamente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Crítica Avatar 3

Pipiolos. SECIME 2025

“Avatar 3: Fuego y Ceniza”: cifras precisas, impacto en Francia y España y su importancia para el cine actual

La magia detrás de Train Dreams: una historia de resiliencia y cinematografía

Los líderes de la animación europea  compite en los homenajes del CARTOON FORUM TOULOUSE 2024

TOP 10 cortometrajes 2025

Un poeta. CANNES 2025

Crítica de L’Accident de Piano

25 años del premio SEBASTIANE, 25 años de diversidad. SAN SEBASTIAN 2024