Manco Cápac. Biarritz 2021



El director peruano Henry Vallejo Torres sorprende a todos con su forma de hacer cine, que le ha llevado a ser la candidata de Perú a los Oscar 2022.


Cuando una película como "Manco Cápac" consigue que notes el frío del protagonista, que sientas la misma hambre que él, su cansancio, su indignación contenida ante la agresividad pasiva de otros seres humanos...sabes que lo que estás viendo es "good stuff" o "mandanga de la buena" como diría el otro. Este cine se agradece por el aire fresco que tiene, obligando al espectador a mantener las neuronas activas por la novedad, como cuando uno viaja a un país completamente distinto al suyo, esta especie de excitación mientras analizamos todo a nuestro alrededor con sorpresa, "Manco Cápac" es eso mismo, una agradable sorpresa escondida en la sección Focus Perú del festival de cine de América Latina de Biarritz.



Segunda película del realizador, contando la vida de un chico de 17 años, quien perdió a su madre dos años antes. Recorre las calles de Puno (Perú) intentando sobrevivir. Jesús Luque Colque, el actor que interpreta al protagonista Elisban, no tiene ni idea de la interpretación que acaba de hacer, comparable en este 2021 por la sorpresa bestial que me ha provocado con la de Javier Bardem en "El buen patrón". De hecho veo imposible que Bardem pudiera haber interpretado mejor el papel de Elisban. En el caso de Jesús todo en él es Elisban, su cara, su corte de pelo, su actitud dubitativa y sumisa, y sobre todo su expresión corporal, refiriéndome con esto a su cuerpo, ese cuerpo encorvado al andar por las calles, o dar panfletos a los viandantes, hace que su sola presencia sea creíble. Jesús demuestra que las calles de Perú están llenas de milagros de la interpretación. No solo de Perú, rebuscando encontramos joyas en Bolivia con Júlio Cesar Ticona en la brillante "El gran movimiento", o México con Hatzín Navarrete en "La caja"

Partiendo de una realidad creíble, donde las conversaciones no son repelentes, sino cercanas, con preguntas como "¿me comprendes?" cuando ven que Elisban tiene un perfil muy bajo. Las constantes confrontaciones de Elisban con el resto del espectro de la ciudadanía es tremendamente enriquecedor. Una cocinera de un pequeño puesto y su bondad, un hombre de clase media que solo piensa en beber, la mujer de un antiguo compañero de clase, el dueño de un local a quien le molesta que duerma en la puerta, o el joven que le dá trabajo en su bar por clemencia pero que en realidad buscaba contratar a una chica.




Todos estos encuentros son enriquecedores porque la mayoría terminan sin definirse, una carta junto a 10 dólares, donde no sabemos lo que pone. O una zanja terminada sin saber si cobró por ello. La idea de Henry Vallejo Torres es brillante, eliminar de la historia el edulcorante artificial de crear tensiones estúpidas repetidas hasta la saciedad en el 90% de las películas. ¿Pero cómo consigue Henry que estemos los 92 minutos clavados a la butaca con los ojos como platos? eliminando la tensión de la cinta pero recreándola en nuestra mente, eliminando deliberadamente los momentos de violencia, amor, sufrimiento, discusiones entre personajes, humillaciones, todo eso no existe en la película de Vallejo, existe solo en las cabezas de cada uno de los espectadores que poco a poco se convierten en Elisban.

Un esfuerzo impresionante de contención, de no contar, de acercarse a la situación que detonará que nuestros sentimientos salgan en tropel, pararse justo ahí, en donde el cerebro pide más de esa "mandanga", demostrando que otro cine es posible, solo hace falta lanzarse y ser constantes. En el caso de "Manco Cápac" 10 años de preparación, 4 de rodaje, y quedarse sin fondos cuando faltaba el 5% para terminar el rodaje. La madre del director demostró que los sueños de un hijo son muy importantes para ellas, y dio el dinero que faltaba. Ese espíritu de fuera de lo normal, es lo que sentimos cuando vemos esta cinta desde el minuto 1 cuando vemos una impactante imagen de la ciudad reflejada en el autobús donde está el protagonista.

La reivindicación de lo autóctono es una constante en la cinta, con la palabra Inca o Inka en varias secuencias, bailes y fiestas como la de la Candelaria, colores impresionantemente vivos en vestidos, casas, carteles, frases en Quechua. Todos los detalles están sumamente cuidados para que no parezcan falsos en la cámara. Incluso las imágenes donde hay manifestaciones de multitudes, nadie mira a la cámara, y esta perfección se entiende cuando escuchamos que las grabaciones se repitieron durante 3 años para conseguir las perfectas.




"Manco Cápac" nos plantea también la duda existencial sobre lo que uno debe hacer para no morir de hambre, ¿está permitido robar si es para alimentarse?. Esa penuria llega a transmitirse con la inexplicable tensión que sentimos en el corazón cuando vemos la mirada del protagonista a una fruta que está a punto de robar, eso es arte. La vestimenta también se vuelve familiar cuando el público llega a saber cuantos agujeros tienen las zapatillas de Elisban, y es que el protagonista no es un papel imaginario, las calles de muchas ciudades del mundo están llenas de Elisban: gente que está en el filo entre salir de esta situación de penuria o caer en las garras de la desidia, depresión y alcohol. Elisban es el espíritu de la esperanza por mejorar a través de las buenas intenciones, pero lamentablemente el mundo no parece favorecer a las personas que como Elisban les corre suavizante por las venas.

Una película fuera de lo normal pero en el buen sentido, en el de salir diciendo que no has visto una película sino vivido una experiencia. Con un final que mezcla el humor con el impacto de entender el significado del título de la película.

Opinión: 4,5/5





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