“Rige el miedo y la omertá”: Juanma Bajo Ulloa carga contra el cine subvencionado, los “puntos” y los festivales
“Rige el miedo y la omertá.” Con esa frase —seca, casi definitiva— Juanma Bajo Ulloa explica por qué, según él, lo que cuenta en Horizonte no se oye “a nadie” dentro de su gremio. No habla de una diferencia de gustos ni de una mala racha. Habla de un sistema cultural y audiovisual que, en su relato, funciona como un dispositivo de selección ideológica: desde las ayudas públicas hasta la compra por televisiones, pasando por plataformas, distribución, exhibición… y festivales.
El director vasco llega al programa de Iker Jiménez sin necesidad de presentación: Alas de mariposa, La madre muerta, el éxito masivo de Airbag. Sin embargo, la conversación deriva pronto hacia un diagnóstico que él plantea como estructural: un circuito donde, si no estás “dentro” de ciertos parámetros, “no existes”.
“Hay un sistema establecido que está muy relacionado con la ideología”, afirma. Y remata con una idea clave que repetirá de distintas formas: “si no estás dentro de ese estatus de película ideológicamente aceptable, no existes.”
El punto de partida: “El mal” y el calvario de producir fuera del carril
Bajo Ulloa presenta El mal (un proyecto que sitúa en 2006) como ejemplo de lo que llama un periplo: proyectos que tardan años, intentos fallidos, rodajes que no llegan a estrenarse, películas que “van a un cajón”. Con un gesto de realismo casi cruel, recuerda que “la gente desconoce que la mitad de las películas que se ruedan no se estrenan”.
La historia de El mal le sirve de marco para desplegar su tesis: la dificultad no es solo financiera o industrial, sino también política-cultural. Iker Jiménez recoge la idea con una pregunta directa: si él es un autor reconocido, con premios y éxito previo, ¿por qué habla de tantas trabas? La respuesta de Bajo Ulloa se centra en la fase final del circuito: la exhibición.
“La película es asfixia”, resume. Dice que hicieron una promoción fuerte por internet, con apoyo empresarial, pero que la exhibición “dice que no”: pocas copias, pocas salas, ciudades grandes sin acceso. La sensación que transmite no es de fracaso artístico, sino de embudo: llegas a terminar la película, pero el sistema —tal como él lo describe— decide cuánto oxígeno recibe.
Dos bloques de cine… y un limbo
En el núcleo de su argumento aparece una división tajante del mercado cultural. Bajo Ulloa describe dos grandes grupos con recorrido: por un lado, el cine “neutro” (familiar, superhéroes, dibujos, comedia blanca, “palomitas”), pensado para “no pensar”; por otro, las películas de “causas”, vinculadas a lo que él denomina “agenda ideológica”.
Si no estás en uno de esos dos grupos, dice, quedas fuera: “si no estás en ninguno de esos grandes grupos, estás fuera del sistema.”
Ahí introduce el concepto que usará como etiqueta: “wokismo”. No lo presenta como una tendencia cultural espontánea, sino como un conjunto de exigencias. En su formulación: “inclusión”, “paridad” y “pautas” que estarían “impuestas” y “en una agenda”, citando explícitamente la “Agenda 2030”. Su conclusión es clara: si haces una película “independiente, libre”, por el simple hecho de contar “la historia que tú quieres contar”, “tienes muy pocas posibilidades”.
“Partitocracia”, relato y la sospecha de la obediencia
El director no limita su crítica al cine. La encuadra en un marco político más amplio. Habla de “imposición”; dice que no es una demanda popular (“esto no es una cosa que el pueblo… sale a la calle”), sino algo que “viene… desde una agenda”. Menciona el término “partitocracia” que, según él, se comentó en el programa: la idea de que la política real se organiza alrededor de partidos y no de una democracia viva.
De ahí salta a una crítica sobre el periodismo y la cultura: “los periodistas, que antes eran nuestros ojos… ya nos dan su opinión”; y “los artistas… ya nos dan soflamas políticas”. Él se desmarca: “yo no quiero dar soflamas políticas”. Dice que no ha venido a “señalar con el dedo” ni a “juzgar”, sino a “aprender”, “observar” y “entender”.
El eje que conecta todo es la noción de relato: “el poder necesita controlar el relato”. Y, en su visión, el cineasta es peligroso cuando conecta con el público sin estar alineado: “tú que conectas con el público… pero vas por libre, eres peligroso.”
La frase que incendia el debate: “Limpieza de sangre ideológica”
Si hay un momento diseñado para generar revuelo, es cuando Bajo Ulloa describe una atmósfera de sospecha permanente: “no hay entrevista donde no aparezca… una pregunta referente a tu limpieza de sangre.” Aclara el término: “ideológica.” Según su diagnóstico, a los creadores se les exige declarar “quién eres, de qué pie cojeas y de qué lado estás”.
El presentador interviene con una inquietud lógica: eso sería coartar la creatividad, empujar al creador hacia “donde ellos quieren”. Bajo Ulloa responde con una frase que condensa su denuncia: “iba a decir que no está escrito, pero sí está escrito. Es que te dicen por dónde tienes que ir.” Llega incluso a sugerir que se escriben películas “desde el despacho”, siguiendo “la fórmula” o “el dogma woke”.
Los “puntos” y el ICAA: cuando el mérito deja de ser la moneda principal
Uno de los pasajes más concretos —y, por eso, más explosivos— es cuando describe el sistema de ayudas como una puntuación donde parte es subjetiva y parte depende de condiciones externas. Aquí el texto se vuelve casi contable: “hay, por ejemplo, 100 puntos”, dice. Algunos dependen de si el guion “gusta o no gusta”; otros de currículum o de tener televisión.
Y ahí lanza el ejemplo que, dicho en televisión, suena deliberadamente provocador: que su currículum y premios podrían valer “tres puntos de 100”, mientras que incorporar a una mujer sin currículum en varios roles clave daría “10 puntos” o “12” si suma cargos.
Como idea en 2025, el cine español recaudó en salas españolas unos 78-79 millones €, mientras que las ayudas públicas al sector cinematográfico (principalmente a través del ICAA y otros programas) rondaron unos 167 millones € en total.
Para tener una idea de lo que comenta el director, parece ser que se refiere a estos datos según el BOE:
| Puesto | Mujer suma puntos | Hombre suma puntos |
|---|---|---|
| Dirección | ✔ hasta 3 | ❌ no |
| Guion | ✔ hasta 2 | ❌ no |
| Producción ejecutiva | ✔ hasta 2 | ❌ no |
| Dirección + guion femeninos | ✔ +1 extra | ❌ no |
| Equipo técnico ≥40 % mujeres | ✔ hasta 3 | ❌ no |
Festivales como “comisarios políticos”
La otra pieza que querías referenciada es su acusación sobre los festivales. Bajo Ulloa no se queda en insinuaciones: dice que “muchos directores de festivales son comisarios políticos, y además lo reconocen.” Afirma que la selección se haría “única y exclusivamente” por “ideología política”.
Internacionalización del fenómeno: Occidente, universidades y “teledirección”
En el tramo final, el director amplía el foco: “esto es internacional”, “tiene que ver con Occidente”. Introduce un contraste: “no se aplica en determinados países del Este, donde van por libre”. Y sugiere una fuente de irradiación cultural-política: “seguramente, el partido demócrata americano”, porque “todo lo que pasa en esas universidades pasa al año siguiente en las nuestras”.
Su cierre conceptual remata el carácter binario del sistema: “todo eso está muy medido”, y “si no estás ahí, estás fuera”: “estás conmigo o contra mí”.
¿Está cambiando? “Go woke, go broke”
Bajo Ulloa sostiene que el proceso “ha ido a más” durante 20 años y que alcanzó un “culmen” en 2022-2023 o “2020 y algo”, cuando —dice— era imposible una entrevista sin preguntas sobre MeToo y posicionamientos. Pero plantea una inflexión reciente: “hace aproximadamente un año, año y medio, dos años quizás, está en franca decadencia”.
Como síntoma, cita la frase “go woke, go broke” y menciona Hollywood: fracasos de taquilla, inclusión “forzada” y narrativas “supuestamente de izquierdas” “que no hay quien se crea”. Remata con otra sentencia: “la gente se está empezando a dar cuenta”, aunque advierte que “es más fácil engañar a la gente que convencerles de que han sido engañados”.
El coste personal: “Hipotecar tu casa” y el cine como “magia”
Entre la denuncia y la teoría, aparece el factor humano. Preguntado por cómo sobrevive, Bajo Ulloa responde con crudeza: “hipotecar tu casa. Solo lo he hecho tres veces.” Dice que vive sin caprichos, en un piso, con un coche “que se cae a cachos”. Y declara una forma de blindaje: “no pueden hacerme daño no haciendo cine. Si no hago cine, no hago cine.”
Pero, a la vez, no reniega del oficio: el cine es “magia”. Describe veinte años de imaginar música, encuadres, lugares, actores, y la emoción de ver finalmente el estreno. Y atribuye el sentido último al público: los coloquios, la conversación larga, “la gente es la que te hace entender lo que has rodado”.
Foto: Canal YouTube www.youtube.com/@juanmtzrey
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