BERLINALE 2026. Crítica "A Russian Winter" de Patric Chiha
La 76ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, más conocida como la Berlinale, se celebra del 13 al 23 de febrero de 2026, y en su sección Panorama acoge el estreno mundial de A Russian Winter (Un hiver russe), el nuevo documental de Patric Chiha. No es una elección casual: Panorama ha sido históricamente el espacio del festival donde el cine político, incómodo y profundamente contemporáneo encuentra su lugar.
La película, de 87 minutos y producción francesa, sigue a Margarita, Yuri y su grupo de amigos, jóvenes rusos que tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022 se enfrentaron a una decisión brutal: prisión, ejército o exilio. Eligieron marcharse. Se negaron a plegarse al régimen y pagaron el precio de convertirse en desplazados permanentes.
El exilio como estado de vida
A Russian Winter retrata el exilio no como un episodio transitorio, sino como una condición existencial. Sus protagonistas sobreviven entre París y Estambul, suspendidos en un limbo legal, emocional y simbólico. No pueden volver a Rusia, pero tampoco logran arraigar plenamente en los países que los acogen.
En este contexto adquiere especial relevancia la palabra vagrant que aparece en el documental. Traducida literalmente como “vagabundo”, su carga aquí es mucho más compleja. No se refiere a alguien que elige vivir sin ataduras, sino a alguien empujado fuera de su lugar. Vagrant se convierte en una categoría política y emocional: errantes forzados por el autoritarismo, cuerpos desplazados por una decisión ética.
La elección del término no es inocente. En inglés, vagrant tiene una resonancia histórica ligada a la marginalidad y a la sospecha social. Aplicada a estos jóvenes, subraya su condición ambigua: no son refugiados reconocidos oficialmente en todos los casos, tampoco migrantes económicos. Son una generación que flota entre definiciones. La palabra encapsula su pérdida de pertenencia, la sensación de no tener hogar ni identidad estable. Son ciudadanos convertidos en presencias provisionales.
¿Huir o resistir?
Uno de los aspectos más potentes del documental es la incomodidad moral que atraviesa a sus protagonistas. ¿Fue correcto irse? ¿Deberían haberse quedado para resistir? ¿Son víctimas de un régimen autoritario o parte de una sociedad que permitió su consolidación?
La película no ofrece respuestas cerradas. Muestra jóvenes paralizados por la culpa, la impotencia y la sensación de irrelevancia. En el exilio, lejos del frente y lejos también de la maquinaria estatal, su posición se vuelve ambigua. La distancia les da libertad de palabra, pero también los despoja de influencia directa.
Aquí se conecta con otros trabajos recientes como Mr. Nobody Against Putin, que también abordan críticamente la realidad política rusa. En muchos casos, estas películas solo pueden realizarse fuera del territorio ruso o desde el exilio. La consecuencia es evidente: la crítica cultural se desplaza geográficamente porque dentro del país el margen para disentir se reduce drásticamente.
Para muchos cineastas, hablar implica irse. La libertad creativa se convierte en un privilegio extraterritorial. El exilio deja de ser únicamente un tema narrativo y se transforma en condición de producción.
Juventud suspendida
El título A Russian Winter alude a un tiempo congelado. No es solo el invierno meteorológico; es el presente detenido de quienes no pueden proyectarse hacia el futuro ni reconciliarse con el pasado. Viven en habitaciones alquiladas, en ciudades que no terminan de ser suyas, en idiomas que todavía están aprendiendo a habitar.
La amistad emerge como refugio. El grupo de Margarita y Yuri funciona como una pequeña comunidad afectiva frente a la violencia de la historia. Pero incluso ese núcleo es frágil: todos comparten la misma precariedad, la misma provisionalidad.
La palabra vagrant vuelve entonces a resonar. No es solo un término descriptivo, sino una metáfora del estado político de una generación. Cuando el propio país convierte a sus jóvenes críticos en errantes, el problema no es individual: es estructural.
Berlinale como espacio de visibilidad
Que la película se presente en Panorama dentro de la Berlinale refuerza el papel de los festivales internacionales como plataformas para historias que difícilmente tendrían espacio en sus contextos de origen. En un momento en que la libertad de expresión se estrecha en distintas regiones del mundo, estos foros funcionan como altavoces para relatos desplazados.
La película de Patric Chiha no grita ni sermonea. Observa, escucha, formula preguntas. Pero en ese gesto ya hay una crítica clara: cuando una generación debe elegir entre la cárcel, el ejército o el exilio, la falta de libertad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en experiencia cotidiana.
El invierno ruso del título no es solo una estación. Es un clima político prolongado que expulsa a sus jóvenes y obliga a sus artistas a hablar desde fuera. Y mientras la palabra vagrant siga describiendo a quienes simplemente se negaron a obedecer, el deshielo seguirá siendo una promesa lejana.
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