"Piedras preciosas", Colombia en la Berlinale 2026
La Berlinale es uno de los grandes faros del cine mundial. Cada febrero, Berlín se convierte en un punto de encuentro donde conviven la industria, la crítica y el cine más radicalmente personal. Dentro de ese ecosistema, el Forum ocupa un lugar particular: es la sección dedicada a las formas abiertas, al cine de búsqueda, a las obras que no temen moverse fuera de los márgenes narrativos y estéticos. No es una vitrina de consenso, sino de riesgo. Allí se estrenan películas que preguntan más de lo que responden.
En ese espacio se presentará en 2026 Piedras preciosas (Gemstones), la nueva película del cineasta colombiano Simón Vélez, una obra que parece dialogar de manera natural con el espíritu del Forum: fragmentaria, magnética y atravesada por la sensación de estar siempre —y conscientemente— fuera de lugar.
Un nombre compartido, una anécdota reveladora
El nombre de Simón Vélez resuena con fuerza en Colombia por la figura del arquitecto manizaleño de reconocimiento mundial. La coincidencia no pasa desapercibida, y el propio director la asume con humor y curiosidad:
“Conozco varios ‘Simón Vélez’, casi todos artistas. Cuando era adolescente me presentaron al arquitecto que mencionas en una exposición en Medellín y le extendí la mano y le dije: Mucho gusto Simón Vélez, a lo que él respondió con una sonrisa: Mucho gusto Simón Vélez”.
La anécdota, casi absurda, parece sacada de una ficción minimalista. No por nada, el director remata:
“Estaría bueno hacer una convención de Simones Vélez, como en Silvia Prieto, la fascinante película de Martín Rejtman”.
La referencia no es casual: la idea del doble, del nombre compartido y del deslizamiento identitario conecta con muchas de las preocupaciones que atraviesan Piedras preciosas.
Berlín como punto de partida
La selección en la Berlinale marca el inicio del recorrido internacional del film, y para Vélez tiene un significado especial:
“Para mí y para todo el equipo que hizo posible la película ha sido una noticia muy bonita, es una película que ha sido muy mágica en todo su proceso quizá por el poder de las piedras”.
Más allá del simbolismo, Berlín representa una plataforma concreta de circulación:
“La Berlinale es enorme y asisten muchos programadores de diferentes festivales del mundo que desde ya han mostrado su interés en considerar la peli, así que todo parece indicar que la peli tendrá un buen recorrido”.
La noticia llegó, además, en un momento íntimo y preciso del proceso:
“La selección en Berlinale llegó el día de mi cumpleaños, regalazo”.
Una película que creció en el sonido
Cuando la invitación de Berlín apareció, la película aún no estaba cerrada. Faltaba uno de sus componentes esenciales: el sonido.
“Aún nos faltaba terminar todo el trabajo de sonido. He tenido la fortuna de trabajar con Daniel Giraldo y Juanma López en todo el montaje y diseño sonoro de la película y gracias a ellos y su talento la película creció mucho”.
El cierre del proceso fue acompañado por apoyos institucionales y, sobre todo, por una sensación de sincronía después de un largo periodo de pausa:
“En diciembre recibimos el estímulo de posproducción del FDC para terminar como corresponde. Estas han sido todas noticias muy sincronizadas luego de que la película atravesara una temporada de silencios y estancamiento”.
Francia como circunstancia, no como tema
Parte de Piedras preciosas transcurre en Francia, una decisión que responde más a la lógica del personaje que a un interés geográfico o cultural específico.
“La película inicia en Francia porque Juan Lugo, el protagonista que interpreta el papel de Machado, se había mudado a vivir ahí. Si Juan estaba viviendo en Japón, seguro la película se hacía en Tokio”.
Vélez es claro en marcar distancia con cualquier lectura autobiográfica o simbólica del país:
“No tengo relación alguna con Francia, la película tampoco habla de Francia particularmente. La película podría haber sucedido en cualquier parte del mundo”.
El fuera de lugar como motor
Aunque el film presenta a un personaje hispanoamericano en Europa, Piedras preciosas no se inscribe directamente en el cine sobre migración. Lo que le interesa a su director es algo más difuso y persistente:
“Me interesa mucho el fuera de lugar, el fuera de contexto, en todos los aspectos, tanto expresivos como simbólicos”.
Ese interés viene de lejos:
“Es algo que cargo desde que descubrí el surrealismo”.
El protagonista es un forastero constante:
“La migración no es un tema en la película, pero sí lo es la descontextualización del personaje. Es un forastero no solo en Francia, sino también en los lugares que recorre en Medellín”.
Las piedras como centro de gravedad
El título Piedras preciosas condensa muchas capas de sentido: valor, deseo, brillo, extracción. Pero su origen es casi accidental.
“En 2017, junto con el fotógrafo Mauricio Reyes, rodamos las imágenes de las piedras sin ningún propósito en una tienda en Bogotá”.
Esas imágenes esperaron años hasta encontrar su lugar:
“Siempre tenía pendiente usarlas para algún proyecto, me interesaban sus colores, brillos y texturas”.
Cuando en 2023 Vélez decidió filmar un ejercicio actoral con Juan Lugo, todo se alineó:
“Supe que era el momento de desempolvar las imágenes de las piedras y utilizarlas como excusa para desarrollar el relato”.
Así nació la esmeralda como eje narrativo:
“Es el McGuffin que ayuda a navegar una película fragmentada, que por momentos parece flotar en su propia lógica, pero siempre vuelve a la tierra, a las piedras y su brillo”.
Después del estreno
Para Vélez, el estreno marca una despedida más que una llegada:
“Después del estreno, la película ya no me pertenece, es del espectador”.
Lo que espera es simple y exigente a la vez:
“Sobre todo espero que abra preguntas”.
Mientras tanto, su trabajo se expande en varias direcciones: como productor, como miembro de COOCINE en Medellín, y como parte de un cine que piensa colectivamente la producción, la exhibición y la formación.
En el Forum de la Berlinale, Piedras preciosas no solo brillará por su selección, sino por su insistencia en lo inestable, en lo desplazado y en ese resplandor extraño que aparece cuando una película se atreve a existir fuera de contexto.


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