BERLINALE 2026. Crítica "A Family" de Mees Peijnenburg
El director holandés Mees Peijnenburg construye A Family sobre una idea clara: el divorcio no se narra como acontecimiento, sino como clima. La película no busca explicar la ruptura, sino mostrar cómo esta se infiltra en los gestos, en los espacios y en la percepción de los hijos. Su estrategia consiste en desplazar el conflicto fuera del terreno del argumento y situarlo en el de la experiencia.
La división en tres actos no responde tanto a una voluntad estructural como a una operación de mirada. Cada bloque redefine el mismo entorno desde un punto de vista distinto, subrayando que la familia no es un espacio fijo, sino una construcción emocional inestable. La casa aparece así no como refugio, sino como foco de presión, mientras que el exterior —piscinas, trayectos, espacios abiertos— funciona como una suspensión momentánea del conflicto. La inversión resulta significativa: lo que debería proteger es lo que hiere.
El primer segmento, centrado en la hija mayor, introduce esa lógica desde la fricción. Su hostilidad hacia el hermano no se plantea como rasgo psicológico, sino como síntoma del entorno. La violencia verbal de los padres, filmada sin énfasis dramático, se filtra en su comportamiento hasta convertirla en prolongación del conflicto adulto. Peijnenburg evita el juicio y, en su lugar, señala cómo el malestar se desplaza dentro del núcleo familiar.
El segundo acto modifica el registro. Con el niño, la película abandona la confrontación directa y entra en un terreno perceptivo. Su desconcierto no se formula en palabras, sino en la manera en que observa el mundo. El detalle del pelo azul sintetiza esa posición. No es un gesto de rebeldía, sino un intento de pertenecer: se lo tiñe al descubrir que sus compañeros lo hicieron juntos en una fiesta a la que él no fue. El color no expresa identidad, sino carencia. Frente a la fractura del hogar, busca integrarse en otro grupo posible.
La escena de la piscina resume la operación formal del film. Mientras el entrenador explica ejercicios, la cámara se detiene en el rostro del niño y el sonido pierde centralidad. La secuencia no aporta información narrativa, pero sí define el lugar desde el que la película quiere situarse: la percepción antes que el discurso.
El tercer acto reúne a los hermanos y desplaza el sentido hacia la memoria compartida. La escena de las patatas fritas concentra esta idea con precisión. Comen en silencio, pero el espacio introduce el pasado: marcas de altura en la pared, dibujos infantiles, restos visibles de una convivencia anterior. La película no verbaliza el hallazgo, pero lo hace evidente: antes del conflicto hubo vínculo.
Peijnenburg evita convertir la escena en reconciliación. Lo que aparece es algo más mínimo: la constatación de que el lazo existe incluso cuando el afecto no es accesible. Ese control tonal es uno de los aciertos del film.
El desenlace resulta previsible, aunque coherente con el planteamiento. La película no aspira a cerrar el conflicto, sino a registrar su sedimentación. El interés reside en la transformación de las relaciones, no en su resolución.
Las interpretaciones refuerzan esta lógica. Celeste Holsheimer está increíblemente maravillosa, compone a la hija desde la tensión contenida, haciendo visible cómo la frustración se convierte en forma de defensa. Finn Vogels sostiene al niño desde la mirada y el tiempo, sin apoyarse en el diálogo. Ambos aportan una naturalidad que mantiene el film en un registro concreto, lejos del subrayado emocional.
La presencia de Carice van Houten aporta peso dramático, pero el relato no pertenece a los adultos. La película se articula desde los hijos, y es en su experiencia donde encuentra su sentido.
A Family funciona mejor cuando observa que cuando explica. Su apuesta es convertir el conflicto familiar en atmósfera más que en relato, y en esa decisión encuentra su coherencia. No es una película que busque conclusiones, sino una que entiende que, en ciertos procesos, lo decisivo no es lo que ocurre, sino cómo se vive.
Una propuesta sobria, concentrada y consciente de que el drama familiar puede expresarse mejor en los márgenes que en el centro.
Opinión: 4,4/5


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