Potato Dreams of America. SXSW 2021




Película basada en la vida del propio director estadounidense Wes Hurley, en competición en el festival SXSW. La cinta viene a raíz de la edición de un artículo del propio Wes para el Huffington Post titulado "Growing Up Gay In Russia".  


La cinta narra las ganas de un niño, Potato, por hacer cine y la lucha por sobrevivir en la URSS durante los turbulentos años de la Perestroika. Lena, la madre y Potato, escapan al mundo imaginario gracias a las películas pirateadas en el tercer canal secreto de la televisión estatal, pero aún escapan a Estados Unidos, donde Lena ha encontrado un novio por correspondencia y con el que termina casándose. Una vez en Estados Unidos ambos podrán experimentar lo que es la libertad, y en el caso de Potato, ser gay sin ningún reparo. Basada en la infancia del guionista y director Wes Hurley, Potato Dreams of America es una de esas historias que demuestran que la vida real suele ser mucho más extraña que la ficción.




Cuando pensamos en el fin del comunismo en la antigua URSS podemos imaginar que más de uno estaba contento por el fin de este régimen. Esta cinta nos muestra, igual de forma exagerada, la idealización que tenían algunos de sus ciudadanos por salir del país y llegar a la "tierra prometida" que es Estados Unidos. La cinta muestra el cambio entre ambos países utilizando distintos filtros de cámara al tercio de la cinta, pasando de un marrón sombrío en la época del comunismo, a unos colores vivos cuando los personajes están en el país del tío Tom, excesivamente obvio y propagandístico, desde el punto de vista del espectador europeo, pero que da una muestra del autobombo de algunos estadounidenses y también la realidad que supuso para miles de Rusos el poder tener una mejor vida en Estados Unidos, no solo económica sino sexualmente, en particular para el protagonista gay. 



La cinta es una parodia constante sobre el cine, desde el inicio donde el niño protagonista imagina a sus padres que se pelean, bailando un tango, hasta las escenas finales que parecen salidas de una serie de situación del tipo "El principe de Bel-Air", y es que con el final a lo "Dolor y Gloria" de Almodóvar, el director quiere hacer un constante guiño al cine, en el que mezcla su personaje y el de su madre, con los actores reales. Un muy buen plano secuencia final que está magníficamente conseguido, y que sube el peso general de la cinta. 




Llevado como una pieza de teatro moderno delante de las cámaras cuando se describe la URSS, donde los autobuses no son más que unas ventanas con un falso movimiento, la idea que trasmite el director es sublime: la caída de un decorado ficticiamente construido por el comunismo, pero que no tiene nada de real. Contrasta con el decorado realista de Estado Unidos, lo que se ve es lo que hay. Una vez más, hay que observar la cinta como una parodia de los dos mundos, donde los diálogos son básicos, sin llegar a profundizar en las relaciones de los protagonistas ni que queda claro para el espectador el nivel de afectos y miedos entre la madre y el hijo. 



Opinión: 2/5



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