El alma quiere volar. Cinelatino Toulouse 2021


Hay películas tristes, otras muy muy tristes, y después está "El alma quiere volar". Con una narración llegando al límite de la crueldad, la directora colombiana Diana Montenegro, presente esta cinta en concurso a cine latino Toulouse 2021 y ganadora como ópera prima en Ginebra 2020.

La cinta nos muestra la exploración que hace la directora del mundo de las mujeres, que ya inició con sus cortos "Sin decir nada", "Magnolia" y "El susurro de un abedul".



La cinta empieza con una paliza exasperantemente larga de un hombre a su mujer, en presencia de la hija de ambos. A partir de aquí el espectador se da cuenta de que no va a ver unicornio de colores en la película. Podríamos asemejar a "Te doy mi ojos" de Icia Bollain, donde parece que la única forma de transmitir al espectador la brutalidad, es mostrándola en primer plano con multitud de sonidos que acentúan esta sensación. Si el espectador aguanta los primeros minutos de una falta de sutileza absoluta, continuará con escenas en las que la niña reza para que su madre encuentre un hombre y su padre encuentre otra mujer. Como se vé, la cinta pasa a través de los ojos de esta niña de 10 años, Camila (Laura Castro Artúz), quien hace un papel comedido al que no se le exige una infinidad de registros, únicamente el de estar triste y seria. 


La agrupación de mujeres, en este caso 3 generaciones reunidas en la casa de la abuela, donde la individualidad se evapora en un constante apoyo mutuo que es a la vez solidario e intrusivo. La falta de un rol en el mundo o de intereses constructivos, centrando los esfuerzos en  el repliegue doméstico hecho de caricias, peinados, maquillajes, charlas, intrigas - un repliegue creado a causa de una posición reclinada omnipresente. Todo esto parece insistir en el mundo femenino como una exaltación de la fragilidad, la inseguridad, la pasividad. Un mundo femenino cuya aparente suavidad y ternura embellecen, de forma casi perversa, el estado fundamental de esclavitud que expresan todos los gestos y escenas de la película. Al drama o la tragedia de la relación entre hombres y mujeres se añade el horror de un mundo exclusivamente femenino que parece no distanciarse del machismo que transmiten las agresiones y la opresión ejercidas directamente por los hombres.



Una de las premisas de Diana parece ser el mostrar algo para que el espectador lo entienda, y si es con sombras y gritos de dolor mejor. Parece que la sutilidad de decir mucho sin mostrarlo no es un arma narrativa eficaz en esta cinta, dejando poquísimo espacio a la imaginación del espectador para poder hacerse una idea en la cabeza de lo que están sintiendo los protagonistas. Con un guión de sentido único, también es imposible que se puedan captar matices en el guión o los diálogos, algo que se echa en falta porque crearía riqueza argumental comprendiendo mejor la película y a las protagonistas.


Según Montenegro. "En este momento, el reflejo que obtengo cuando miro dentro de mi familia, es el esbozo primordial de una sociedad en la que algunas mujeres guardan los colores del miedo", "Camila, la protagonista de esta historia, es testigo del complejo universo de una familia de mujeres cuyas vidas están marcadas por la sumisión, la inseguridad, la soledad y la dependencia emocional. Camila, de 10 años, es la lente a través de la cual observamos la inestabilidad de la vida cotidiana de esta familia. Una mirada sin cuestionamientos ni juicios morales que nos permite ser testigos del delirio de estas mujeres casi por nosotros mismos, abre una pequeña ventana por la que es posible mirar sin olvidar el lugar desde el que observamos".



En general la película es seria, sobria, sombría, con colores ocres mostrando la opresión que viven estas mujeres en primera persona, o indirectamente viendo el sufrimiento de terceras. En general la cinta no es para ver con ánimos bajos y que podría provocar caer en una depresión profunda, por lo que se recomienda verla con la moral fuerte. 


Opinión: 2/5


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