Mi vacío y yo. ROTTERDAM 2022


El español Adrían Silvestre estrena su película en el festival de Rotterdam IFFR 2022, en la sección Big Screen. De hecho, es la única película a concurso entre las secciones Tiger y la Big Screen.


La estrella actual del cine español

Adrían Silvestre nos suena porque ha arrasado con su anterior cinta "Sedimentos" que trata de 6 mujeres trans que viajaban a un pueblo de León. Al igual que consiguió en "Sedimentos" con "Mi vacío y yo" el director valenciano transforma la historia en una cinta intensamente dinámica, haciendo que el espectador se pregunte constantemente cuál será el próximo paso que dará la protagonista.

En esta nueva cinta el guión gravita en torno a Raphäelle Pérez, inicialmente un hombre francés, quien es también coguionista junto al propio Adrían y Carlos Marqués Marcet (Tierra Firme, 10.000 km).

 


Disforia de género

Raphäelle (Raphi) trabaja en un centro telefónico de atención al cliente en Barcelona. Tras visitar a su terapeuta ésta le diagnostica disforia de género. Hasta ese momento Raphi se ve como un hombre gay, pero según la terapeuta debería de verse como una mujer por sus hábitos de mujer: vestidos, juguetes en su niñez, etc. Aquí vemos dos mundos: el de Raphi. inocente sin poner etiquetas, él es lo que es y le gusta lo que le gusta. Mientras que la terapeuta (que podría tener el rol de la sociedad) quiere poner la etiqueta clara haciendo que el comportamiento y el físico sean el mismo (actúas como mujer: eres mujer).

El desconcierto de Raphi se hace palpable durante la entrevista con la doctora y en la conversación posterior con sus padres. El público tampoco tiene claro este juego de etiquetas. Uno de los puntos fuertes de la cinta es precisamente este, público y protagonista van de la mano en su camino para descubrir qué es lo que debe hacer. 

Sin dejar de ser la misma persona Raphi utiliza la experiencia empírica de prueba y error, para ir dando pasos hacia una nueva realidad que le da miedo, que no consigue visualizar en su cabeza: tener pechos, dejar de tener pene para tener una vagina, tener sensibilidad en su futura sexualidad... pero gracias a asociaciones la tarea será más fácil. La brillantez de Silvestre es la de presentar a una de estas asociaciones de mujeres trans en donde tenemos la agradable sorpresa de encontrar a las chicas de "Sedimentos", al más puro estilo Kubrick utilizando elementos de anteriores películas en las nuevas. 

El primer cambio es el pasar de sentirse hombre a mujer. Después del tratamiento hormonal que hará que la crezcan los pechos, los cuidados de maquillaje, depilación, cuidado del cabello, ropa, complementos,... hace que al cabo de unos meses gran parte del físico de Raphi sea de mujer, acorde con lo que se siente. El punto crucial es que aún hay hombres que no la aceptan por tener pene, abriendo el melón del debate entre trans y queer. 



¿Ceder a las presiones de la sociedad?

Adrían consigue crear un guión brutalmente fresco y a la vez profundo. Mezcla los detalles banales como el chascarrillo de una mujer a la que un director de teatro no ha besado diciendo "a mi no me ha besado, ¿cómo tengo que tomarme eso?", con el diálogo profundo del papel de los queer con respecto a la operación del cambo de sexo. Y ahí radica la brillantez de esta cinta, en conseguir que un mensaje tan complicado de entender en ocasiones, incluso para la propia Raphi, consiga llegar al espectador.

Al igual que en "Sedimentos" la parte didáctica está presente de forma explícita, cuando una chica muestra a Raphi su vagina con clítoris, eliminando de un manotazo el tabú a la operación.

Precisamente operarse o no es una parte fundamental en el peso del guión, ya que para la protagonista significa ceder a las presiones de la sociedad sin tener en cuenta sus deseos, según ella no somos nosotros mismos los que tenemos que cambiar nuestro físico, sino los demás deben cambiar la forma de mirar al resto. Le molesta que la reduzcan a "trans" en vez de a "persona", deseando quedarse como está ¿pero entonces sería queer?. 


Trans o Queer

En la cinta hay diálogos donde se dice que los queer no parecen tener problemas, como si vivieran en Disneylandia, haciendo que nieguen que las trans se sientan realizadas. 

Elegir operarse es también por el sentimiento de pertenencia, pero ese sentimiento no es el que Raphi quiere sentir, ella quiere sentirse que pertenece siendo ella misma, sin operaciones, sin esperar 3 años a una operación realizada por la seguridad social, sin que la pongan etiquetas.

La idea que quiere transmitir Raphi es la de tolerancia en el amplio sentido de la palabra, es decir, que se la trate como persona y punto, sin la obligación de poner etiquetas de queer, trans, binario, no binario, hetero, gay, lesbiana... 

Con ejemplos de relaciones esporádicas, conversaciones, cambios de color de pelo, obras de teatro..., la protagonista con su falta de prejuicios e inocencia innata crea un debate sobre la necesidad de operarse o no, por "obligación" impuesta por la presión social o por convicción propia. Una paradoja que se podría extrapolar al resto de temas sociales: tenemos que plegarnos a los deseos de una sociedad que ve solo en ceros y unos, que solo admite que una mujer tenga vagina y que un hombre pene. 

Una de las soluciones barajadas es la ya expresada por Cristina en "Sedimentos": aparentar lo más femenina posible para que te traten como una mujer, evitando el posible estigma por ser trans como aseveraba Yolanda, ya que como la sociedad no acepta a los trans solo les dejan el papel en la prostitución. En el caso de Raphi la conclusión parece ser la misma, operarse ya que de lo contrario sería complicado encontrar a un hombre que la acepte, y los que haya serán por morbo.


La caída de las etiquetas

En la sociedad actual donde las etiquetas sirven para reducir a una persona a un grupo identitario eliminando sus particularidades personales, la misión es complicada. Como ya pudimos ver en el maravilloso corto "YO" de Begoña Arostegui, las etiquetas están en todo los ambientes de la vida, por lo que tolerancia y tiempo para explicar esas particularidades es lo que combatiría las etiquetas: tolerancia para aceptar que haya gente que no entienda que una persona con aspecto de mujer tenga el sexo masculino, y tiempo para explicarle los motivos. O eso o simplemente poner a uno la etiqueta de: facha-intolerante, y al otro queer-trans. 

"Mi vacío y yo" es un brillante canto a la caída de barreras y etiquetas, quizás muy avanzado para una sociedad aun con tabúes, que va con prisas y donde casi no hay tiempo de hablar. Su frescura hará que el espectador se quede pegado a la pantalla los 98 minutos de proyección hasta el éxtasis final con la música hipnótica del tema "Impulse"

Opinión: 4,5/5

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