Adú 3,7/5. Netflix


La película del director español Salvador Calvo hace gala de un gran presupuesto de 3 millones de euros, que se ven bien reflejados a lo largo de esta gran producción.

Con estrellas ganadores de Goyas como Luis Tosar (Gonzalo), Anna Castillo (Sandra) o Nora Navas (Carmen), la trama cuenta 3 historias que se entrelazan de una u otra forma. 



La primera cuenta como un millonario evasor de impuestos español, ayuda a proteger a los elefantes en una reserva de Camerún. La segunda es la de Adú, un niño de Camerún que va en bici por la selva y ve como unos cazadores furtivos matan a un elefante. Y por último, la valla de Melilla donde un hombre muere al intentar saltarla, con la policía nacional involucrada.

El director toma una decisión importante al querer meterse en un proyecto tan grande de unir 3 historias, sin que quede un Frankestein de largometraje, con partes que no encajan bien. La maestría de este director hace que las escenas vayan dulcemente desfilando entre una historia y otra, llegando realmente a meter al espectador dentro, y a transmitir el mensaje. 



Desde la falta de empatía del personaje interpretado por Tosar, vemos que la cinta hace una crítica creíble al "blanco" que va con dinero a algún país de África, creyendo que eso le da derecho ha hacer lo que quiera, sin pensar más allá o informarse de las costumbres de los locales, como en el caso de comer la carne de un elefante muerto. La figura de Anna Castillo lleva la paradoja que ella sí que se cree que se mimetiza con la gente local, pero para potenciar los malos hábitos que tenía en España, por lo que tampoco parece pasar el test de aprender de la gente de Camerún. Por su parte, Adú y su hermana son engañados por un traficante de personas, y se ven obligados a esconderse en el tren de aterrizaje de un avión. La imagen cuando las ruedas se despliegan al aterrizar con los dos polizones dentro es estremecedora y merecedora de un gran bravo a su director por tomar la decisión de mostrarnos algo tan duro, que llega hasta el tuétano del espectador acomodado desde su sofá o butaca de su país europeo. Y es que la cinta es una constante muestra de las dificultades que muchos ciudadanos de países de África tienen que pasar para intentar sobrevivir día a día y por llegar a ese "El Dorado" que representa Europa para ellos.



Con la tercera historia, la de los policías que se ven involucrados en la muerte de un hombre en la valla de Melilla, se ve el punto de vista del límite, la barrera no natural que  existe entre la vida de lo que se llama "el tercer mundo" y "el primero". Con comentarios poco desarrollados por parte de los militares, quizás el único "pero" de esta cinta, ya que se pierde una oportunidad de generar un debate simplificando a diálogos que dan la impresión de decir que los africanos que se queden en África y que no  molesten. O la réplica a estos, donde se da a entender que hay que ayudarles por que lo necesitan, y es nuestra obligación. No termina de verse una rendija de grises en este tema tan peliagudo, que podría abrir un debate sobre los pros y los contra de ambas posiciones. 



La bici es el nexo común en toda la cinta, muy bien llevado por el director, uniendo en ello una muy certera visión de la relación de Gonzalo y Sandra, en la que este obliga a Sandra a hacer una donación a la asociación para quedarse con la bici. Una bici que representaba casi la vida para la hermana de Adú, aquí se ve como un accesorio más sin problemas para ser comprada por un europeo como Sandra. Mientras tanto, el director muestra todo lo contrario, las penurias que tienen que sufrir Adú y Massar, un chico de Somalía que le cuida interpretado brillantemente por Adam Nourou. Verdaderos tormentos difíciles de digerir por un público casto, pero que son necesarios para mostrar lo que aquí, o en otras "marchas" hacia una frontera, los que buscan esa vida mejor tienen que pasar. 



Algo que sorprende de esta película, es precisamente eso, que nos cuente la historia de gente que viene de África, de gente que vive entre nosotros en España, Francia, Italia, Alemania, Suecia... y que en la gran mayoría de los casos, no hayamos podido aprender estas historias directamente de los implicados, hablando con ellos. Podría ser comprensible que no hace falta hablar con gente representada en una película para ver la película, es cierto, pero la cinta nos muestra que estas historias tienen algo tan completamente distinto a nuestro día a día, que merecerían la pena ser escuchadas. En este caso el guión de Alejandro Hernández es un grandísimo trabajo de información, en la que se ven muchos detalles que reflejan la gran calidad de este guionista, quien ya hizo el guión de "el autor".





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