CANNES 2026. “Mémé”, el cortometraje francés que emocionó en Unifrance entre humor, absurdo y memoria

 

Dentro de la selección oficial del 24º Premio Unifrance de Cortometrajes, presentado este año en el Festival de Cannes, uno de los títulos que más llamó la atención fue Mémé, el nuevo trabajo de la directora francesa Anne-Sophie Diego. El cortometraje, seleccionado entre 18 producciones francesas destacadas del año, propone una mezcla muy singular de humor incómodo, ternura y dolor alrededor de la enfermedad de Alzheimer.

En entrevista exclusiva, la realizadora nod dice que formar parte de la selección de Unifrance ya supone un reconocimiento importante: “Es una muy bella puesta en valor. Es un orgullo y un honor formar parte de estos 18 filmes”, explica. Además, considera que este tipo de escaparates internacionales son esenciales para la vida de un cortometraje: “Una selección así puede ayudar a descubrir Mémé y despertar la curiosidad sobre la película”.

La directora, que vive en Hauts-de-Seine y que siempre estuvo ligada a la creación artística, reconoce que el cine llegó a ella de forma progresiva. “Crear historias siempre formó parte de mi vida”, cuenta. “Escribía parodias, hacía películas con videocámara obligando a mis amigas a actuar, dibujaba, escribía novelas…”. Sin embargo, admite que durante mucho tiempo no vio el cine como una vocación inevitable: “Al contrario que mi hermano gemelo, para quien el cine era una religión, yo quería ser mil cosas a la vez”.

Tras estudiar literatura y guion, Diego alternó durante años distintos trabajos alejados del audiovisual mientras seguía desarrollando sus proyectos personales. “La necesidad de dirigir más seriamente llegó al final de mis veinte años y, una vez que te atrapa el virus, ya está, no hay vuelta atrás”, afirma. Mémé es ya su tercer cortometraje, aunque también el más íntimo y personal de todos: “Entre la primera línea que escribí y el rodaje pasaron seis años”.


Ceremonia de ganadores en la terraza Unifrance. Foto David Sánchez

La película nace directamente de la experiencia familiar de la directora con sus abuelos maternos, ambos afectados por el Alzheimer. “Sabía que tarde o temprano abordaría este tema”, explica. “Escribí Mémé como una declaración de amor, una consolación”. La cineasta resume así el corazón emocional del filme: “Ady es una joven perdida en su vida que irá a buscar a su abuela perdida en su cabeza”.

Aunque el punto de partida pueda parecer profundamente dramático, Diego decidió abordar la historia desde un tono inesperado. El humor ocupa un lugar central en su manera de entender el cine y también la vida. “El humor es fundamental para soportar la cantidad de fracasos y rechazos que debemos afrontar en nuestras vidas artísticas”, comenta entre risas. Sin embargo, insiste en que el filme no debe entenderse únicamente como una comedia: “Mémé no es una comedia en el sentido estricto. La película podría descolocar si se mira solo desde ese prisma”.

Para la directora, el humor permite expresar emociones complejas que a veces el drama convencional no alcanza. “La risa puede convertirse en una resistencia frente a lo peor, frente a aquello que no comprendemos o no controlamos”, explica. “Hacer humor no es elegir la ligereza, es elegir otro vehículo para contar, en el fondo, la misma cosa”.

El universo visual también juega un papel esencial dentro de la película. Diego reivindica un cine de imágenes fuertes y memorables: “La cineasta que quiero ser está directamente relacionada con la espectadora que soy”. Y añade: “Vivimos en un flujo constante de imágenes; hay tantas películas que me parece importante intentar proponer algo”. Durante el rodaje repetía constantemente una idea a su equipo: “Mémé es un mundo dentro de otro mundo”.

Entre sus referencias cinematográficas aparecen nombres tan diversos como Andrea Arnold, Terrence Malick, Bruno Dumont, Jane Campion, Bong Joon-ho o Roy Andersson. También reivindica la influencia del cómic y de autores franceses como Riad Sattouf: “Hay una singularidad muy fuerte en su universo”. La propia directora reconoce además que dibujar influye directamente en su forma de construir imágenes: “Creo que eso impacta también en este lado casi cartoon del universo que creo”.

Uno de los elementos más celebrados del cortometraje ha sido la interpretación de su protagonista, Nina, descubierta gracias a un casting en vídeo. Diego recuerda perfectamente el momento en que la vio por primera vez: “A los diez segundos, lo supe”. La directora destaca “su manera de ocupar el espacio, su carisma y su sutileza cómica”. Y lanza incluso una predicción sobre el futuro de la actriz: “Apunten esta frase para cuando explote”.



La mezcla entre absurdo, incomodidad y ternura que atraviesa Mémé no responde, según Diego, a una fórmula calculada, sino a algo completamente natural en su escritura. “Estos registros se mezclan muy naturalmente desde el guion”, explica. Sin embargo, reconoce que el verdadero equilibrio se construye durante el montaje: “Es un auténtico juego de equilibrista”. Ahí interviene también la música, fundamental para modular los cambios de tono del filme.

La directora asegura además que nunca piensa en manipular las emociones del público mientras escribe o dirige. “Como espectadora, no me gusta que me obliguen a sentir cosas”, afirma. “No me gusta que me digan: aquí te ríes, aquí lloras”. Lo que busca, dice, es otra cosa: “Tengo dos obsesiones respecto al público: llevarlo a un lugar inesperado y no aburrirlo”.

El recorrido de Mémé en festivales comenzó de forma inmejorable con su selección en Clermont-Ferrand, uno de los mayores festivales de cortometrajes del mundo. “Pasas de proyectar la película delante de cuatro espectadores, incluida tu familia, a salas llenas con miles de personas”, recuerda. Aquella experiencia reforzó además su reflexión sobre el cine colectivo y la experiencia de la sala: “La sala de cine es un lugar precioso”.

Ahora, tras su paso por Cannes y por los Premios Unifrance, Mémé continúa consolidándose como una de las propuestas más personales y singulares del nuevo cortometraje francés. Una película capaz de transformar el dolor en algo extraño, incómodo, profundamente humano y, a veces, también divertido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Reinaldo Cutipa

Crítica Avatar 3

Gentle (Szelíd). SUNDANCE 2022

Cine español vs cine francés

Crítica de Love Me Tender (2025): la calma que hiere, la ternura que duele

La última campanada: el terror como espejo de lo invisible