CANNES 2026. Natalie Hsu, la nueva voz del cine hongkonés: “Nos estamos tomando demasiado en serio”.

 


A sus 22 años, la actriz hongkonesa Natalie Hsu camina por Cannes con una mezcla extraña de fascinación y prudencia. Fascinación por el cielo de la Costa Azul —“esas nubes largas y finas, como algodón de azúcar”, dice sonriendo— y prudencia cuando la conversación se acerca a los límites políticos que hoy condicionan inevitablemente cualquier conversación sobre Hong Kong. Entre ambas cosas se mueve una intérprete que, en apenas seis años, ha pasado de debutar en un musical adolescente a convertirse en una de las actrices más prometedoras del cine asiático contemporáneo.

Hsu irrumpió en 2020 con The Day We Lit Up The Sky, papel por el que ganó el premio a mejor actriz revelación en el Festival Internacional de Cine de Tokio. Después llegaron las nominaciones como mejor actriz en Hong Kong por Last Song For You y My First of May, consolidando una carrera precoz pero extraordinariamente sólida. En Cannes 2026, donde participa en actividades paralelas del festival, habla rápido, piensa antes de responder y transmite una lucidez poco habitual para alguien de su generación.

“Me gustaría volver cuando no haya festival”, comenta. “Todo aquí es precioso, pero estamos trabajando tanto que apenas hemos podido ver películas”. Su deseo cinéfilo es simple: regresar una semana después del cierre oficial, cuando la ciudad recupera el silencio y los espectadores pueden concentrarse únicamente en el cine.

La pregunta inevitable aparece pronto: ¿debe una actriz asiática modificar su manera de actuar para conectar con el público europeo? Hsu niega esa idea con convicción. Recuerda una proyección en el Far East Film Festival de Udine, en Italia, donde varias adolescentes italianas se acercaron emocionadas después de verla en pantalla.

“Pensé que quizá no entenderían nuestra película o nuestra sensibilidad”, admite. “Pero les había emocionado muchísimo. Ahí entendí que el cine atraviesa idiomas, culturas y edades”.

La actriz pertenece a una nueva generación del cine hongkonés que intenta redefinir una identidad históricamente asociada, sobre todo en Occidente, a los filmes de acción y a figuras como Jackie Chan. Para Hsu, la industria atraviesa ahora otra fase: un auge del realismo social, muchas veces sombrío y políticamente cargado.

“Se están haciendo muchas películas muy pesadas”, afirma. “No está mal, pero quizá nos estamos tomando demasiado en serio”. Y añade algo que suena casi contracorriente en el panorama actual: “Echo de menos películas más ligeras. Comedias románticas, historias más luminosas. Sería refrescante”.

La conversación se vuelve más tensa cuando surge la cuestión política. Preguntada sobre si aceptaría un papel relacionado directamente con el conflicto entre Hong Kong y China, Hsu guarda silencio unos segundos y finalmente responde: “No creo que pueda contestar eso”. Después sonríe con incomodidad: “Terreno peligroso”.

La evasiva, más que una negativa, funciona como retrato de una generación de artistas que trabaja bajo un equilibrio delicado: mantener una voz propia sin exponerse demasiado. En Cannes, donde el discurso sobre libertad creativa suele ocupar un lugar central, ese silencio resulta tan elocuente como cualquier declaración.

En cambio, cuando habla de actuación, Hsu recupera inmediatamente la seguridad. Explica que varios de sus personajes recientes estaban embarazados, una experiencia que considera especialmente compleja porque implica emociones físicas y psicológicas imposibles de comprender del todo desde fuera.

“Es algo que parece universal, porque todos venimos de una madre, pero hasta que no intentas interpretarlo no entiendes la cantidad de capas emocionales que implica”, explica. Algunas de esas mujeres debían renunciar a sus hijos; otras abortaban. “Cada una cargaba con un dolor distinto”.

Entre sus referencias actuales cita a la actriz china Xin Zhilei, a quien admira por su resistencia física y emocional en pantalla. Pero el cineasta que realmente menciona con entusiasmo es Ken Loach.

“Sus películas parecen documentales”, dice. “No necesitas música para emocionarte. Todo parece real”. Le fascina especialmente la forma en que Loach trabaja con actores no profesionales y cómo la cámara parece simplemente acompañar la vida. “Termino llorando siempre”, reconoce.

La escena final de la entrevista resume bastante bien el momento que vive Natalie Hsu. Una actriz joven, internacional, todavía lejos del estrellato global pero ya plenamente consciente del lugar que ocupa: entre el peso político de Hong Kong, la transformación del cine asiático y el deseo íntimo de seguir haciendo películas humanas, pequeñas y honestas. En Cannes, donde tantas carreras comienzan convertidas en promesa y terminan devoradas por la industria, Hsu todavía conserva algo raro: curiosidad.

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