CANNES 2026. Edgar Allender, seleccionado por Unifrance en Cannes
En Le Tandem, el director francés Edgar Allender transforma una historia profundamente íntima en un retrato delicado sobre la distancia entre el mundo rural y la vida urbana contemporánea. El cortometraje, de 23 minutos, seleccionado por Unifrance dentro de su programación en Cannes, sigue a Eden, un joven artista queer que regresa al pueblo de su infancia para intentar reparar un viejo tándem junto a su padre, coleccionista de tractores antiguos. Pero bajo esa premisa aparentemente sencilla se esconde algo más complejo: la dificultad de volver al lugar del que uno salió y la sensación de haberse convertido, casi sin darse cuenta, en un extraño dentro de su propia familia.
La película nace directamente de la experiencia personal del director. Durante la pandemia, Allender abandonó París y regresó al pequeño pueblo del norte de Francia donde creció, entre Lille y Dunkerque. Allí volvió a convivir con su padre, rodeado de tractores, herramientas y mecánica rural. Ese reencuentro terminó convirtiéndose en el punto de partida emocional del filme.
“Me encontré frente a todo mi recorrido de vida, frente a mis padres que se habían quedado en ese pequeño pueblo”, explica el cineasta.
Formado en montaje en la escuela Assatis de Marsella, Allender trabaja actualmente en París como montador y asistente de montaje. Sin embargo, mucho antes de entrar en una escuela de cine ya filmaba compulsivamente su entorno más cercano. “Empecé a hacer películas a los 15 años. Filmaba a mi hermano, a mi madre, a mi familia”, recuerda.
Ese impulso inicial —filmar lo íntimo y lo cotidiano— sigue presente en Le Tandem. Aunque la película tiene una dimensión autobiográfica evidente, el director decidió desplazar parte de su propia experiencia hacia la ficción. Él trabaja en el cine; el protagonista, en cambio, pertenece al mundo de la performance y el arte contemporáneo. Pero el conflicto emocional es el mismo: cómo reconciliar dos universos que parecen haber dejado de comprenderse.
Uno de los aspectos más singulares del cortometraje es la presencia del propio padre del director interpretándose a sí mismo. La colección de tractores, el taller y la fiesta rural donde aparecen las viejas máquinas pertenecen completamente a la realidad.
“Todo es real: la colección, el taller, los tractores”, afirma Allender.
Al principio, su padre no quería participar en el rodaje. Finalmente aceptó y esa decisión terminó otorgando al filme una dimensión documental inesperada. Frente a él aparece un actor profesional interpretando al hijo, creando una tensión constante entre lo real y lo ficcionado.
El director explica que el actor también aportó elementos personales al personaje: realizaba performances en tacones altos y trabajaba temas relacionados con la identidad y el cuerpo. Allender decidió integrar esa dimensión en la película.
Lejos de construir un discurso explícito sobre identidad sexual o choque generacional, Le Tandem trabaja desde los silencios y los pequeños gestos. El conflicto nunca se verbaliza del todo. Está presente en la manera en que los personajes se observan, en lo que no saben decirse y en la dificultad de compartir un mismo espacio emocional.
La fractura entre París y la Francia rural atraviesa toda la película. Allender habla de ella no como una oposición ideológica simplista, sino como una diferencia concreta de ritmos, cuerpos y formas de vivir.
“Hay un enorme desfase entre la vida en la ciudad y la vida en el campo”, señala el director.
Según explica, en París todo parece acelerado, comprimido por la densidad urbana y la velocidad de la vida contemporánea. En cambio, el mundo rural conserva otro ritmo.
“En el campo hay algo mucho más lento, mucho más contemplativo”, comenta.
Para Allender, la diferencia no es únicamente cultural, sino también física y sensorial. En el entorno rural todavía existe una relación concreta con los objetos, con el trabajo manual y con la reparación de las cosas.
“Hay otra relación con los gestos, con el saber hacer manual, con reparar las cosas y consumir menos”, afirma.
El director pone un ejemplo que resume bien ese universo: su padre continúa intercambiando trabajo y herramientas con los vecinos, dentro de una lógica de cooperación cotidiana casi desaparecida en las grandes ciudades.
“Mi padre a veces corta el césped de un terreno del vecino con su tractor y, a cambio, el vecino le da una máquina que ya no necesita”, cuenta.
Ese mundo de objetos reparados, intercambios vecinales y transmisión manual recorre toda la película. El tándem del título no funciona únicamente como un objeto narrativo: es también la metáfora de una relación dañada que intenta volver a avanzar.
Allender define Le Tandem como una película “artesanal”. El término describe tanto la producción como su manera de entender el cine. El proyecto comenzó antes incluso de conseguir financiación. El director sabía que la fiesta de tractores donde quería rodar quizá desaparecería pronto y decidió filmar primero. Más tarde llegaron las ayudas regionales de Pictanovo y Hauts-de-France.
La selección de Unifrance en Cannes representa para él una forma importante de reconocimiento profesional.
“Estoy muy feliz de que la selección de Unifrance haya visto la película. Eso significa que el film existe para el mundo profesional”, afirma.
Mientras Le Tandem continúa su recorrido en festivales, el director ya trabaja en nuevos proyectos. Uno de ellos, Bike War, volverá a girar alrededor de bicicletas y amistades masculinas. Otro, Crop Top, explorará la sexualidad adolescente en el entorno rural francés.
No parece casual que reaparezcan los mismos elementos: bicicletas, pueblos pequeños, cuerpos masculinos, desplazamientos y deseo. Todo el cine de Edgar Allender parece construido alrededor de personajes que intentan encontrar un lugar entre dos mundos incompatibles. En Le Tandem, esa búsqueda adquiere una forma particularmente conmovedora: la idea de que reparar un objeto puede ser, a veces, la única manera posible de intentar reparar también una relación.



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