Rosalie. CANNES 2023


Exaltación de las mujeres peludas es lo que consigue, entre otras cosas, este film de Stéphanie Di Giusto.

Aceptación 

La cinta es mucho más que un tema capilar, las múltiples lecturas de la cinta hacen que tenga mucha más riqueza que en un primer momento. La cinta habla de la aceptación de cada uno por si mismo, por los cercanos y por la sociedad en general, se sea como se sea.

En el caso de Rosalie, interpretada regulinchimente por Nadia Tereszkiewicz (ganadora del último Cesar a la actriz revelación), la barba que le crece queda asombrosamente bien en su restro, de hecho, cuando se vuelve a ver sin ella el espectador nota un vacio, como algo que no funciona. Este logro visual es gracias a la destreza de la directgora Di Guisto, y su equipo de fotografía y maquillaje, que no solo con la personalidad de la protagonita nos hacen sentir familiares, sino con todo el elenco y el mismo pueblo.


La grabación del film de forma pausada, tranquila, poco a poco, con la presentación de los personajes de menos a más, o dejandolos en la recámara sin que llegen a salir de la recamara (como en el caso del personaje de Benoît Biolay), esto hace que el espectador, sin quererlo, se encuentre dentro del espacio, conozca el bar, la casa, las habitaciónes, el lugar de las copas.

La culpabilidad y el dolor son transmitidos de una forma transversal. El dolor físico del marido de Rosalie, causado por las cicatrices en su espalda, no son ni más ni menos dolorosas que los reproches que recibe Rosalie por ser diferente. El tener barba, pelos en el pecho, en las piernas, no está reñidon con la belleza, y el que se muestre de forma tan peculiar (con una mujer barbuda) se agradece, puesto que algo del pasado, 1870, puede tener una relación en nuestra mente con la actualidad: las mujeres con pelo en sobacos y piernas ¿están bien vistas o no?. 

Como en la época de la cinta, lo que no está bien visto por el público es la provocación, ya que cuando Rosalie da un paso más allá, empieza a sentir el rechazo del pueblo, bien por la forma cerrada de ver las cosas, por la falta de educación o simple envidia. En la actualidad, donde los hombres atractivos son los que se depilan piernas y sobacos, uno no sabe bien que es lo que está bien o mal visto.

Tras mencionarlo de refilón, el merido de Rosalie se merece capítolo a parte, Benoît Magimel, ganador de los dos últimos Cesar como mejor actor, es un fuera de serie, aquí también. Su forma contenida de actuar da la sensación exacte de marido sobrepasado por los acontecimientos, con escasas luces pero de buen corazón, que deja hacer a su mujer lo que quiere para lo que que en esa época sería visto com un marido liberal. Las miradas del actor, junto con su esfuerzo al hablar, transmiten a la perfección el dolor físico y los miedos de sentirse, él mismo, rechazado por la socidad por no hacer lo que se espera de él.


El otro Benoît, el Biolay, interpreta a la perfección el papel de arrogante dueño del pueblo, esa seguridad en si mismo es parte de su caracter aparente, por lo que un papel hecho a su medida. Ambos Benoît ganaron sendos premios la misma noche de la ceremonia de l´Academie des Lumieres, uno por la mejor música, el otro por la mejor actuación. Sería interesante que este año los dos estuvieran nominados en los Cesar, y lo más probable es que así sea.

Una cinta para el gran público, diferente y que utiliza el pasado para mostrarnos algo actual, con magníficas interpretaciones, localizaciones (la iglesia en las rocas es increible), caracterización, guión, música, ... en fin, todo está bien en esta cinta. 


Opinión: 3,6/5 

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