Tout s'est bien passé. Cannes 2021


Francois Ozon nos trae esta cinta "Todo ha salido bien" en competición oficial en Cannes 2021, basada en la novela del mismo nombre de la hija del protagonista Emmanuèle Bernheim.

Este director es el Almodóvar francés, con una película por año, querido por gran parte del público y detestado en la academia de los Cesar. Como pasó con Almodóvar, un día la academia le aceptará, pero por el momento no le dan un Cesar ni por error.

El año pasado participaba en Cannes con "Verano del 85" y al ser anulado el festival tuvo que reprogramarse en otro de los 4 grandes, en San Sebastián.

Cannes le debía una a este director, y con su gran promiscuidad cinematográfica ha sido fácil su participación en la competición de este año. Una cinta muy esperada, como todo lo que hace Ozon, con el Gran Teatro Lumière lleno a rebosar, con adeptos del director como Almodóvar que se encontraba entre los asistentes.



Ozon nos presenta a André, un padre mayor con problemas de movilidad y que quiere morir. Como casi siempre, Ozon crea un debate sobre un aspecto actual de la sociedad, en este caso la eutanasia, mientras que en "Verano del 85" fue la homoxesualidad en el 85, o en "Gracias a dios" el tema de la pedofilia dentro de la iglesia católica francesa.


La naturalidad es la huella indiscutible de este director, con un reparto que aporta frescura a la cinta, entre los que se encuentran: Géraldine Pailhas, André Dussollier, o Charlotte Rampling. En la hora y 53 minutos descubrimos la dureza que supone que el padre, André (Dussollier), pida a su hija, Emmanuelle (Pailhas), que le ayude a acabar con su vida. Sin caer en el melodrama fácil, ni forzando lágrimas innecesarias, Ozon usa sus armas de sutileza para mostrarnos unas escenas lo más asépticas posibles para que el mensaje llegue, y el mensaje no es lo duro de tomar esta decisión (que lo es) si no lo complicado que resulta hacerlo sin que haya problemas judiciales.

 
Ozon es experto en crear un film que bien podría ser un documental, con los pasos a dar para no ser acusado de asesinato en Francia cuando se ayuda a una persona a morir. Con esa técnica de cirujano, nos desgrana todos los entresijos de la ley francesa, así como de la suiza, para "asistir" a una persona a cometer suicidio. Esta imagen bipolar entre los sentimientos de dolor de la decisión y los trámites fríos del papeleo, hace que el espectador termine quedándose en un limbo entre ambos, siendo un simple observador y planteándose constantemente preguntas. Si el tema tratado toca de cerca al espectador, esta balanza de equidistancia está claro que tenderá para un lado u otro, sintiendo más empatía por el hombre o pensando más en el papeleo.



En el festival de Cannes 2021 vemos dos tendencias en competición. La primera en el idioma de las cintas, con una gran mayoría en francés o inglés (¿donde está hispanoamérica?). Y la segunda, la clase retratada, con pobres y burgueses. La tendencia del cine francés, sobre todo en festivales, es  a mostrar las miserias de las "cités" o barrios de periferia, como en "mis hermanos y yo". Pero Ozon es un director que defiende la clase media alta, y sus películas hablan de ella sin ningún complejo. Llegando incluso a reírse dentro de la película de la circunstancia de que la eutanasia cuesta 10000 euros, y lo complicado que debe ser para los pobres. Este humor sin complejos, es algo a valorar, mostrando que un cine de clase adinerada pero con inquietudes culturales o "bobo" de bourgeois-bohème, como dicen en Francia, es posible. En  el caso de André, millonario con una gran colección de arte, y con su mujer escultura, es un claro ejemplo de "bobo".

 

El papel de la mujer de André, interpretada por Charlotte Rampling, nos estremece por la idea de muerta en vida que llega a transmitir. Algo que remarca su marido, el cual no la puede ni ver, por eso mismo, porque es una muerta viviente. Mientras que él, es un vivo que quiere morir. Vemos la suerte del protagonista de al menos ser consciente para poder pedir la eutanasia, mientras que nos queda la duda de si su mujer, en el estado en el que está, es consciente o no de lo que le pasa a su alrededor. Ozon no parece dejar claro si la mujer llega a pensar si para ella la eutanasia sería una posibilidad, o si está tan acostumbrada a estar muerta desde hace varios años, que  no hay ninguna diferencia.



Con una forma clásica de rodar y sin sorpresas impactantes en la cinta, Ozon mantiene como siempre al espectador en tensión con pequeños aspectos cotidianos: problemas legislativos, un video que no es lo suficientemente explícito, una silla que no entra en un ascensor... detalles que demuestran la falta de pretensiones de la cinta, y que hacen que el público se sumerge en la cinta de forma suave y sin desconectar hasta los créditos finales.


Opinión: 3,7/5






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