Petrov's flu. Cannes 2021


Pocos carteles de películas han gustado tanto como el de "Petrov's flu" en versión francesa ("La fièvre de Petrov"). La cinta del ruso Kirill Serebrennikov está en Competición en Cannes 2021, y las expectativas estaban muy altas.

Kirill viene de una larga trayectoria como director de films, con "El estudiante" y "Leto" como últimas obras. Con "La fiebre de Petrov" muestra algo distinto, complicado de clasificar.

La trama se fija en el protagonista dibujante de cómics, Petrov, quien por culpa de su fiebre y su gran imaginación, tiene alucinaciones. Su mujer e hijo completan el guión. El director divide la cinta en 3 capítulos, diferenciados claramente por colores.

En el primer capítulo, Petrov presencia una serie de escenas violentas, aparentemente sin sentido, en un autobús de la Unión Soviética de posguerra. La plasticidad y los movimientos magistrales y milimétricamente medidos de cámara, transportan al espectador de un escenario a otro completamente distinto, dejándolo atónito. 




El director muestra su genialidad para hacernos explotar la mente con recursos como girar la cámara y pasar de grabar la calle al interior de una casa, o bajar del autobús para fusilar a unos ricos rusos que representan a parte de los "oligarcas". Todo esto sin pretensiones altivas, ni avisos de que la violencia va a venir, ahí radica la genialidad de Kirill, en mostrar lo inesperado pasando de una imagenes deprimentes de enfermedad o autobuses repletos, a un pelotón de fusilamiento. 

Lo mismo pasa con la escena donde su amigo escritor quiere morir para poder tener fama como novelista, ya que, según él, era como todos los escritores famosos llegaban a serlo. La frialdad con que están tomadas estas imágenes, y la inutilidad de morir con la acción de Petrov instantes después, nos deja congelados, nadie sabe lo que va a ocurrir hasta que ocurre, y ese gustillo de lo inesperado se agradece. 

En este primer capítulo, el más completo de todos, vemos la desidia de la gente por el resto de los ciudadanos. No se ayudan cuando ocurren acciones violentas contra un viejo que pierde su dentadura en el autobús, la gente vuelve a su quehacer normal como si nada hubiera pasado, quizás pensando que el estado es quien se debe de ocupar, sin revalorizar el poder individual de los ciudadanos. Con esto se vislumbra una posible crítica de Kirill al antiguo sistema político de su país. 




La única ayuda que vemos es para autodestruires, ya sea con el suicidio, o con la ingesta descontrolada de alcohol. Se muestra una sociedad decadente sin futuro, una sociedad que igual era la de la Unión Soviética de posguerra. Kirill parece decir que este pasado deprimente  aún sigue marcando el alma del país, aunque exteriormente no se vea. Los constantes cosmonautas que vemos en la cinta parecen reforzar est ideaa al indicar que les gustaría volar lejos de esa decadencia.



Sin que los capítulos queden cerrados completamente, el segundo habla de la niñez de Petrov desde un punto de vista dentro de Petrov. El espectador es literalmente Petrov, enfocando la cámara a un espejo y encontrándose a un niño en vez de la cámara, andando como un niño, con la altura y los ángulos de un niño, así como la maravillosa escena de los padres ayudando a vestirse en la puerta antes de salir. 

La frescura y el riesgo tomados con estas imágenes es lo que nos hace pensar que pocas películas tienen esta inteligencia, pasando de un ambiente de colores oscuros, marrones, del primer capítulo, a uno de colores vivos y alegres, donde podemos casi sentir nuestra propia niñez con los sonidos, imágenes, y una vez más, con ese ángulo de niño que pocas veces se ha utilizado desde que E.T. fue tapado con una sábana y andaba por las calles de su ciudad. El baile con una mujer en la fiesta de navidad, también es uno de los momentos míticos de la cinta por los movimientos de cámara en círculo, que hace parecer al espectador como si estuviera bailando él mismo con el resto de niños. 

En el tercer capítulo vemos las escenas en blanco y negro, contando la vida de una chica que bailó con Petrov en la fiesta de navidad. Si bien este capítulo es el más serio y menos logrado, si nos muestra la parte bohemia de los artistas, con sus frustraciones al no llegar tan lejos como hubieran querido.

En todos los capítulos se ven muestras increíbles de destreza con la cámara y los efectos visuales, como el camino de nieve por el que anda la protagonista que se convierte en un pueblo en miniatura. Recurso este que se vuelve a repetir cuando el protagonista, en plan Gulliver, mira una maqueta de una casa que es la suya.

Las técnicas de artes marciales a lo "Matrix" o los asesinatos aparentemente sin sentido, consiguen que el espectador se pregunte muchas cosas, sobre todo si tiene lógica o si es simplemente un delirio del director. Con el paso de la cinta, todo va tomando sentido, incluso la abducción por parte de un ovni. 


La imaginación está al poder en esta cinta sin pretensiones, maravillosa, con un dinamismo trepidante sobre todo en los dos primeros capítulos, con una punto fuerte: ser diferente al resto de películas.

Opinión: 4,2/5

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