IFFR 2026: El cine como territorio de resistencia, memoria y futuro
Durante décadas, el nombre de Georges Ibrahim Abdallah apareció de forma difusa en los medios franceses: un militante libanés, vinculado al conflicto de Oriente Próximo, condenado por terrorismo y prácticamente olvidado por la opinión pública. Su liberación en julio de 2025 volvió a poner su caso en el centro del debate. Pero una pregunta sigue siendo clave: ¿por qué pasó más de 40 años en prisión, convirtiéndose en el preso político más antiguo de Francia?
El documental L’Affaire Abdallah, dirigido por Pierre Carles, se propone responder a esa pregunta a través de una investigación minuciosa basada en archivos, documentos judiciales y testimonios de periodistas, juristas, militares y responsables políticos de la época.
Georges Ibrahim Abdallah es un militante comunista libanés y defensor de la causa palestina. En los años 80, en un contexto marcado por la guerra civil en el Líbano, el conflicto israelo-palestino y la Guerra Fría, fue acusado en Francia de complicidad en el asesinato de dos diplomáticos: uno estadounidense y otro israelí.
En 1987, la justicia francesa lo condenó a cadena perpetua. Sin embargo, según el derecho francés, esa condena incluía la posibilidad de libertad condicional tras cumplir un mínimo de años, algo que Abdallah alcanzó desde finales de los años 90.
A partir de ese momento surge el verdadero núcleo del documental: si era legalmente liberable, ¿por qué siguió encarcelado durante más de dos décadas adicionales?
El filme sostiene que el caso Abdallah dejó de ser únicamente judicial para convertirse en un asunto político y diplomático. A lo largo de los años, varios tribunales franceses aprobaron su liberación condicional, pero estas decisiones fueron sistemáticamente bloqueadas o anuladas.
Según la investigación presentada, el principal motivo fue la presión constante de Estados Unidos, que se opuso firmemente a su liberación. El documental muestra cómo sucesivos gobiernos franceses cedieron a estas presiones, temiendo represalias diplomáticas o políticas.
De este modo, Abdallah permaneció en prisión no por nuevas pruebas o delitos, sino por decisiones políticas que se superpusieron a las resoluciones judiciales.
Otro aspecto central del documental es la crítica al tratamiento mediático del caso. Pierre Carles expone cómo gran parte de la prensa francesa repitió durante años una versión simplificada: Abdallah como “terrorista peligroso”, sin contextualizar el conflicto internacional ni revisar las bases reales de su condena.
Esta falta de matices contribuyó, según el filme, a deshumanizar al preso y a justificar ante la opinión pública una detención excepcionalmente larga. La ausencia de un debate mediático serio permitió que su situación se prolongara casi en silencio.
El documental plantea una cuestión delicada: Abdallah fue condenado por complicidad, pero no se presentaron pruebas directas de que participara personalmente en los atentados. La película sugiere que fue convertido en un símbolo, un culpable ideal en un momento de fuerte tensión política y miedo al terrorismo en Europa durante los años 80.
Así, un militante político fue transformado, a ojos del Estado y de los medios, en un enemigo absoluto, lo que hizo aceptable su encarcelamiento indefinido.
A lo largo del documental, el espectador acompaña al director en visitas a Abdallah dentro de su celda. Lejos de mostrar a un hombre derrotado, la película presenta a alguien lúcido, coherente y políticamente firme, que nunca renunció a sus convicciones ni pidió clemencia a cambio de silencio.
Estas escenas refuerzan la idea de que su encarcelamiento prolongado no buscaba solo castigar un delito, sino quebrar una postura política, algo que, según el filme, nunca se consiguió.
L’Affaire Abdallah no pretende imponer una verdad única, sino abrir un debate fundamental: ¿hasta qué punto un Estado democrático puede mantener a una persona encarcelada cuando la propia justicia ha autorizado su liberación?
El documental muestra cómo el miedo, la presión internacional y la manipulación mediática pueden erosionar el Estado de derecho. El caso Abdallah se convierte así en un ejemplo extremo de cómo la política puede imponerse a la justicia durante décadas.
Más allá de estar de acuerdo o no con las ideas del protagonista, la película invita a reflexionar sobre un principio básico: la justicia no debería depender de intereses geopolíticos. Y cuando eso ocurre, no solo se encarcela a una persona, sino que se debilitan los valores democráticos de toda una sociedad.
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