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  Gaia Furrer and Eliza Hittman presented the Aurora Award. Photo: Bogdan. Foto cortesía El Tromsø International Film Festival 2026 celebra al cine valiente y humano El Tromsø International Film Festival (TIFF) 2026 concluyó con una emotiva ceremonia de clausura en el Kulturhuset de Tromsø, conducida por el actor noruego Sigurd Lakseide , miembro del consejo del festival. Durante una semana, el TIFF volvió a consolidarse como una de las plataformas cinematográficas más relevantes del norte de Europa, premiando obras que destacan por su coraje artístico, profundidad humana y capacidad para reflejar los dilemas de nuestro tiempo.

Crítica Solomamma en el festival de cine de Tromsø (Noruega)


En una época en la que las fronteras del parentesco y la reproducción asistida se encuentran en constante revisión, Solomamma, ópera prima de la cineasta noruega Janicke Askevold, irrumpe con una propuesta que pretende examinar sin concesiones el laberinto emocional y moral de la maternidad en solitario. Tras su estreno mundial en el 78º Festival de Locarno —donde compitió por el Leopardo de Oro y conquistó el Premio del Jurado Ecuménico— este drama ha sido catapultado al centro de la conversación cinematográfica europea, participando en la 36ª edición del Tromsø International Film Festival, que se celebra del 19 al 25 de enero de 2026 en Tromsø, al norte de Noruega, y cerrando el festival como film de clausura.



La película se centra en Edith (interpretada por una contenida y precisa Lisa Loven Kongsli), una periodista cuarentañera que decidió tener un hijo a través de una donación de esperma. Años después, casualmente descubre la identidad del donante —Niels, un exitoso desarrollador de videojuegos— y lo contacta bajo el pretexto de querer entrevistarle para un reportaje. Lo que empieza como un juego de dobles intenciones se transforma en una relación ambigua, tensa y cargada de silencios, que obliga a la protagonista a confrontar sus certezas sobre amor, paternidad, verdad y mentira.

Desde su planteamiento, Solomamma se presenta como un objeto cinematográfico fascinante, no por su complejidad argumental —la historia es relativamente lineal— sino por el territorio emocional que intenta explorar. Askevold, junto a sus co-guionistas, dibuja un retrato íntimo de una mujer fuerte y decidida, pero también profundamente vulnerable. El guion, basado en conversaciones reales con madres solteras que optaron por la donación de esperma, empuja al espectador a enfrentarse a preguntas incómodas: ¿hasta qué punto es legítimo involucrar a otra persona en nuestra narrativa privada sin su consentimiento? ¿Qué significa realmente ser madre si la figura paterna permanece en la periferia de la existencia familiar?

Sin embargo, la película no está exenta de matices críticos. En algunos momentos, la construcción dramática se siente algo predecible —el progresivo desmoronamiento de la fachada de Edith carece de sorpresas narrativas verdaderamente potentes— y la tensión psicológica, pese a estar sostenida por interpretaciones sólidas, parece depender excesivamente de convenciones del drama familiar contemporáneo. Este efecto reduce la fuerza exploratoria que Solomamma podría haber alcanzado si se hubiera atrevido a desafiar más radicalmente las expectativas del público.

En términos formales, la película se sostiene gracias a una cinematografía que sabe acompañar los estados internos de sus personajes sin grandilocuencias y a un montaje que pulsa con mesura los momentos de duda, deseo y revelación. Kongsli, reconocida por su trabajo en Force Majeure, entrega una actuación que titubea entre la determinación y la fragilidad, otorgando al personaje de Edith una presencia real y humana.

Lo que Solomamma hace mejor que muchas propuestas similares es plantear sus preguntas sin intentar responderlas definitivamente. La película se arriesga al mostrar el costo emocional de las decisiones individuales en un mundo en que las estructuras familiares tradicionales se están disolviendo, y lo hace con sensibilidad, incluso si a veces se apoya demasiado en fórmulas dramáticas conocidas. En última instancia, queda la impresión de una obra necesaria, pertinente y honesta, aunque no siempre tan audaz como su premisa lo prometía.

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