Sundance 2026: la gran despedida del festival que cambió el cine independiente
Hay festivales que son un lugar. Y hay otros que acaban convirtiéndose en una idea. Sundance ha sido ambas cosas durante más de cuarenta años. Pero esa relación está a punto de romperse. El Festival de Cine de Sundance, que desde principios de los años ochenta ha tenido su hogar en Park City (y, más tarde, Salt Lake City), en Utah, celebra en este enero de 2026 su última edición en esas montañas nevadas que lo vieron crecer, consolidarse y convertirse en el epicentro mundial del cine independiente.
La edición 2026, que se celebra del 22 de enero al 1 de febrero, no es una más. Es la actual, la que está ocurriendo ahora mismo, y se vive claramente como una gran fiesta de despedida. A partir de 2027, Sundance se mudará a Boulder, Colorado, su nueva sede permanente durante al menos una década. El cambio, anunciado en marzo de 2025 tras un largo proceso de evaluación, marca el final de más de 40 años de historia en Utah.
El final de una era (y el comienzo de otra)
La decisión de abandonar Park City no fue caprichosa ni repentina. Sundance llevaba años debatiendo internamente lo que ya era evidente para muchos asistentes: el festival había crecido demasiado para su propio hogar.
Park City, con su encanto alpino y su atmósfera casi íntima, empezó a mostrar las costuras de un evento global:
-
problemas logísticos,
-
alojamiento cada vez más inaccesible,
-
saturación de público,
-
y una experiencia que, para muchos cineastas emergentes, se alejaba del espíritu original.
A eso se sumaron factores post-pandemia y un contexto político y legislativo en Utah que, en los últimos años, entró en fricción con los valores de diversidad, inclusión y libertad creativa que el Sundance Institute defiende abiertamente.
Boulder ganó la partida frente a otras ciudades candidatas por ofrecer mayor accesibilidad, más espacios culturales, posibilidad de crecimiento y un paquete económico sólido, incluyendo incentivos. El contrato inicial será de 10 años, y el instituto ha dejado claro que no se trata solo de un traslado físico, sino de una reinvención estratégica.
Por eso, Sundance 2026 no mira solo hacia el futuro: mira hacia atrás, con emoción y nostalgia.
Las películas: un cine inquieto, político y personal
La programación de Sundance 2026 vuelve a confirmar al festival como uno de los principales termómetros del cine contemporáneo, especialmente en su capacidad para detectar historias íntimas que conectan con tensiones colectivas más amplias.
En la competencia estadounidense, abundan los dramas personales que exploran familia, trauma, identidad y deseo desde miradas poco complacientes. Uno de los títulos más comentados es Bedford Park (Estados Unidos), dirigido por Stephanie Ahn, un retrato contenido y profundamente incómodo sobre memoria y abuso en el seno de una familia coreano-estadounidense. La película representa bien esa tradición de Sundance de apostar por relatos aparentemente pequeños que, sin embargo, despliegan una ambición emocional y política notable.
También en esta línea se sitúa Josephine (Estados Unidos), de Beth de Araújo, que observa un crimen desde la perspectiva fragmentada de una niña. Lejos del thriller convencional, la película reflexiona sobre el silencio, la violencia normalizada y la fragilidad del recuerdo, reafirmando el interés del festival por historias que cuestionan las narrativas dominantes desde lo íntimo.
En un registro distinto, Ha-chan, Shake Your Booty! (Japón / Estados Unidos), dirigida por Shinji Aoyama, se adentra en la escena nocturna de Tokio para explorar duelo, deseo y pertenencia. Con un reparto internacional que incluye a Alberto Guerra, Alejandro Edda y Damián Alcázar, la película encarna otro de los rasgos característicos de Sundance: el cruce cultural como espacio de exploración identitaria, lejos del exotismo y la postal.
Miradas internacionales: el mundo entra sin filtros
En la selección internacional, el tono se vuelve más frontal y explícitamente político. Aquí el cine no rodea el conflicto: lo enfrenta.
Uno de los títulos centrales es The Huntress (La Cazadora) (México / Estados Unidos), dirigida por María Novaro, ambientada en Ciudad Juárez. La película aborda la violencia contra las mujeres desde una mirada sobria y ética, alejándose del sensacionalismo para centrarse en la resistencia cotidiana y el desgaste emocional. Es una obra que conecta con la tradición del cine social latinoamericano y confirma el lugar que Sundance sigue reservando a narrativas incómodas pero necesarias.
Junto a ella, otras películas procedentes de África, Asia y Europa del Este exploran las huellas del colonialismo, la migración forzada, la memoria histórica y los cuerpos en conflicto con el poder. En Sundance 2026 no hay neutralidad aparente: el festival asume que el cine independiente también es un espacio de toma de posición política.
Riesgo y experimentación: donde Sundance sigue marcando el camino
Como es habitual, las secciones más arriesgadas del festival apuestan por un cine que rompe géneros y formatos. Destaca Jaripeo (México / Estados Unidos / Francia), documental dirigido por Efraín Mojica y Rebecca Zweig, que reinterpreta el tradicional rodeo mexicano desde una perspectiva queer. La película transforma una tradición profundamente masculina en un espacio de identidad, deseo y disidencia cultural, encarnando a la perfección el espíritu Sundance: mirar lo conocido desde un ángulo inesperado.
También hay documentales que se mueven entre la animación, el archivo y el ensayo personal, así como ficciones híbridas que cuestionan los límites entre realidad y representación. Son propuestas que no buscan agradar, sino interpelar al espectador, recordando que incluso en su edición más simbólica, Sundance sigue siendo un laboratorio creativo más que un escaparate de consenso.

Comentarios
Publicar un comentario