Elon Musk Unveiled – The Tesla Experiment. FIPADOC 2026

 

El alemán Andreas Pichler no es un cineasta nuevo en el terreno de la investigación incómoda. Con The Milk System ya había demostrado una capacidad poco común para traducir estructuras económicas complejas en narrativas accesibles y políticamente incisivas. En Elon Musk Unveiled – The Tesla Experiment, presentado en el Festival de Biarritz, vuelve a ese territorio, esta vez enfrentándose a una de las figuras más mitificadas —y opacas— del capitalismo tecnológico contemporáneo.

El documental se articula en bloques claramente delimitados, sin recurrir a voz en off autoritaria. Pichler opta por una acumulación progresiva de testimonios: exingenieros de Tesla, abogados especializados en accidentes de tráfico, periodistas de investigación y víctimas de siniestros relacionados con el sistema Autopilot. La repetición de ciertos nombres, cargos y fechas —especialmente en torno a denuncias internas ignoradas— da al conjunto una sensación de dossier más que de relato clásico, una elección que refuerza su vocación de denuncia.

Uno de los momentos más contundentes del film llega cuando una familia reconstruye, plano a plano, el trayecto de un accidente fatal utilizando imágenes de cámaras de seguridad y mapas digitales. Pichler no dramatiza la escena con música ni ralentí: deja que la frialdad del material técnico hable por sí sola. Esa sequedad formal es coherente con todo el metraje, donde predominan fondos neutros, oficinas vacías y espacios judiciales que transmiten una sensación de aislamiento y burocracia.

El retrato de Musk es deliberadamente indirecto. No hay entrevistas exclusivas ni intentos de imitación psicológica; su presencia se construye a través de archivos, declaraciones públicas y, sobre todo, del contraste entre el discurso visionario y las consecuencias prácticas de sus decisiones empresariales. Esta ausencia física refuerza la idea de una figura inaccesible, casi abstracta, que opera desde capas superiores de poder.

Sin embargo, el film también asume riesgos. La acumulación de casos y testimonios, aunque impactante, puede generar una sensación de asfixia narrativa. En algunos tramos, el espectador tiene poco espacio para digerir la información antes de pasar al siguiente testimonio. Esa densidad refuerza el tono acusatorio, pero limita la ambigüedad, uno de los terrenos más fértiles del cine documental contemporáneo.

En Biarritz, la película funciona como catalizador de debate más que como obra contemplativa. No busca el matiz poético ni la distancia reflexiva, sino la urgencia. Elon Musk Unveiled no pretende cerrar el caso, sino abrirlo de forma irreversible. Es un film incómodo, áspero y frontal, que quizá renuncia a la complejidad emocional en favor de la claridad ética. Pero en tiempos de culto al genio tecnológico, esa elección resulta, cuanto menos, necesaria.

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