Crítica Retour à Fukushima. Ficunam 2026
A diferencia de muchos documentales sobre catástrofes nucleares, Retour à Fukushima no se construye desde el acontecimiento, sino desde su eco persistente. Thomas Licata, que ya había trabajado anteriormente sobre territorios marcados por la memoria y la espera, presenta en Biarritz una obra profundamente contenida, donde el desastre nunca se muestra, pero lo impregna todo.
El film se sitúa en barrios de reconstrucción levantados años después del accidente de 2011. Licata filma casas nuevas rodeadas de campos vacíos, carreteras limpias sin tráfico y parcelas agrícolas que parecen más ordenadas que vivas. En varias secuencias recurrentes, los habitantes miden la radiación del suelo con pequeños dispositivos portátiles, un gesto cotidiano que se repite sin énfasis, casi como si formara parte del ritual doméstico.
No hay entrevistas frontales. Las conversaciones surgen mientras se limpia una ventana, se cocina o se trabaja la tierra. Esta decisión formal genera una intimidad particular, pero también exige del espectador una atención activa. El silencio es un elemento estructural del film: silencios largos, sostenidos, que no se rellenan con música ni con explicaciones.
Uno de los ejes más interesantes del documental es la relación entre retorno y desarraigo. Algunos protagonistas han decidido volver; otros lo hacen por falta de alternativas. Licata no jerarquiza estas decisiones ni las convierte en discurso. Las muestra a través de gestos mínimos: una mudanza incompleta, una habitación aún sin usar, una tierra que se cultiva sin saber si se comerá lo que produce.
Visualmente, Retour à Fukushima apuesta por planos fijos y composiciones muy medidas, donde la geometría de las viviendas contrasta con la irregularidad del paisaje. El resultado es una sensación de provisionalidad permanente, como si todo estuviera en pausa.
En el contexto del FIPADOC, donde abundan los documentales de tesis clara, la película de Licata destaca por su resistencia a la conclusión. No explica Fukushima; la habita. Y en ese gesto humilde y paciente reside su mayor fuerza.

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