Tregua (S). MALAGA 2023

Una película sobre una pareja que la hace crecer un trío: el director novel Mario Hernández, la protagonista Bruna Cusí y el siempre deslumbrante Salva Reina.

La cinta no tiene más pretensiones que hacer pasar un buen rato, y hacer pensar sobre los problemas de dos cuarentones con inquietudes de cuarentones. Aunque las comparaciones son odiosas, podríamos tener como referencia otro tipo de películas en la que los protagonistas hablan sobre ellos para llegar a conocerse, planteando temas que pueden interpelar al espectador. Un ejemplo en este mismo festival sería "El castigo" o el año pasado "Isósceles". 


Pieza de teatro llevada al cine

Con tres partes claramente definidas: la habitación, el bar y la azotea, el film se llega a hacer un poco "bola" al intentar estirar el chicle en exceso, cayendo en conversaciones que parecen repetitivas (gran parte de las escenas de la azotea podrían reducirse a la mitad). Quizás la inexperiencia del director, o la necesidad de llegar a los 90 minutos (hay gente que indicaba que eran más de 100 minutos de film) consigue que se llegue a la recta final con un poco de fatiga. 

Independientemente de una recta final que se desinfla, la obra termina con un inteligente toque final. Así tenemos los primeros dos tercios de la película que son de disfrute, con un personaje al dedillo para la forma de meterse en los papeles de Salva Reina, un maestro de la duda, la sonrisa nerviosa, lo comentarios por lo "bajini" o conseguir que te apiades de él mientras te ríes. El papel de Bruna es más intelectual, parece que fuerza esa naturalidad que le sale tan fácilmente a Salva, pero al final juegan a su favor con la baza de la realidad: ella interpreta un papel de una chica catalana (aparentemente tiene un poco de acento catalán, confirmado por ella misma en la rueda de prensa posterior). Por su parte, Salva hace de andaluz. Ambos interpretan a un guionista y a una actriz, en donde la realidad de sus vidas puede llegar a confundirse con la ficción que los retrata. 

Es un acierto total el reírse de esa realidad laboral, donde los guionistas son olvidados, con la peor habitación del hotel, mientras los actores se llevan la mejor parte de la fama. Impacta aún más que la cinta verse sobre el cine, y se grabe en el hotel AC de Málaga que es la pseudo sede del festival. Pareciera una versión reducida del film que rodó Woody Allen sobre el festival de San Sebastián, en este caso con más profundidad de diálogos y menos presupuesto.


 Mads Mikkelsen es el Salva Reina danés

La veracidad de los diálogos se basa en el buen ojo para construirlos, pero sobre todo, en el buen hacer de los protagonistas que los amoldaron a sus expresiones y dejes personales. En el caso de Salva Reina, para muchos el mejor actor de España junto a Javier Bardem, esto puede sorprender, pero es porque poca gente se atreve a verbalizar este pensamiento. Su papel parece hecho para él, o quizás él se apropia de la mayoría de los personajes que le escriben. Lo curioso con este actor, y perjuicio del cine español, es que es un actor asociado con el cine cómico. Películas como "El triángulo de la tristeza" no parecen tener cabida en una industria nacional donde para algunos, existen, erróneamente, sólo  los extremos: dramones o comedias básicas. Al humor negro escandinavo ni se le quiere, ni se le espera. Lo más cercano a este humor dentro de un drama es Salva Reina, quien tiene la magia indiscutible de conseguir, casi siempre, que el espectador se ría mientras muestra su vida "deprimente", lo vimos con "Con quién viajas" o con "Isosceles". Al igual que la vida solitaria de un grupo de profesores que caen en el alcoholismo, mientras nos reímos "Otra roda" o un padre al que le arrebatan a su hija en el metro al estallar una bomba "Riders of Justice", Mads Mikkelsen es el Salva Reina danés. Uno con un estilo sobrio, serio, de galán. El otro tímido, dubitativo, con el uso del falsete en sus diálogos. Pero ambos tienen la capacidad en muchas de sus cintas de hacer reír y llorar con pasmosa facilidad.

La edad, la infidelidad, la necesidad de sentirse querido, de caer en las fauces del confort que da un matrimonio o tener un hijo, son el arma dialéctico que utilizan los protagonistas para ir deshilachando una experiencia que se agradece, conviene ir eliminando el prejuicio-etiqueta de comedia, y verla como una tragicomedia.

Opinión: 3,7/5





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