Rebelión. MALAGA 2023


La salsa y la música tropical paralizan países como Colombia. En zonas como Cali, el mayor evento es el festival de música del Pacífico Petronio Álvarez


La salsa no es ya una forma de bailar, es una forma de entender la vida desde los ojos de los antiguos esclavos que terminaron en zonas costeras, tanto en el Pacífico como en el Caribe, las dos zonas más importantes de éste género musical. 


El director Jose Luis Rugeles se decanta por un compositor mítico del caribe, de Cartagena de Indias, llamado Joe Arroyo (Álvaro José Arroyo). 


Con el libro "Quién mató al Joe" de Mauricio Silva, como guía, el director colombiano nos sorprende con un trabajo sensorial, una película que no nos esperábamos, donde lo sutil, los fantasmas, lo intangible, se muestra con una fuerza pocas veces vista en películas biográficas.


Una biografía diferente

Acostumbrados a ver retratadas las vidas de famosos como Marilyn Monroe "Blonde", la de "Elvis", Lady Di con "Spencer" y muchas otras que demuestran la baja capacidad imaginativa de lo que llamamos "Hollywood". El colombiano Rugeles está en sintonía con el cine actual de su país, apostando por la calidad en todos sus aspectos, empezando por el imaginativo: no hacer una película biográfica como el resto, no contar sus momentos de éxito o decadencia, con grandes hipérboles magnificando todo con gran cantidad de flashes de cámaras de fotos, o lágrimas de cocodrilo. Rugeles tira de poesía para meterse dentro del alma del Joe, y desgarrarla para el espectador. 


La cucaracha nos muestra la propia existencia del Joe, un ser que en cualquier momento pareciera que va a caer (por drogas, alcohol, etc), pero que resiste como las cucarachas. El mundo del espectáculo pareciera eso, donde en cualquier momento un pisotón te puede hacer desaparecer. En cambio, esa aparente debilidad es utilizada por el protagonista para reforzarse a sí mismo, con una brillante imagen en la que vemos como graba el sonido que hace el insecto en la pared.


Un film para sentir

La cinta no tiene lógica aparente, con idas y venidas en el tiempo, con imágenes de sexo inesperadas en medio de un proceso alocado de composición, una mezcla que consigue que el espectador sienta el abismo y mareo en los que se encontraba el propio compositor en sus momentos de creación. No hay que buscar la lógica en ninguna de las escenas, hay que sentarse en la butaca y dejarse llevar por el mundo de Jose Luís Rugeles.


Este director nos sorprende cada vez más, mostrando su país desde un punto de vista necesario para entender Colombia desde Europa. Su cine nos muestra una guerrillera con problemas existenciales en medio de la selva, con "Alias María", mientras que ahora, una vez firmada la tregua con el fallido referéndum del 2017, la situación se ha calmado, dejando paso a la vida, a la necesidad de relacionarse unos con otros, de bailar, de cantar, de ser felices, y es esto justamente lo que vemos en el cine de Rugeles, el paso del tiempo paralelo al de su país: alegría tras la guerra. 


La fotografía de Mauricio Vidal es el as bajo la manga que tiene Rugeles. Nos deleitamos con unos colores ocres, oscuros, con primeros planos de detalles minúsculos como las antenas de la famosa cucaracha, unos planos fijos donde los fans no son necesarios para mostrar la importancia de este genio, donde el tumulto de seguidores son sombras para mostrar al verdadero Joe, hasta que, al final, éste deja de existir mostrando imágenes de archivo de un pueblo que salió a las calles para llorar, o festejar, que han podido disfrutar de momentos irrepetibles.


Sufrir para que otros disfruten

"Rebelión" también nos muestra la cara oculta de los creadores, la paradoja del sufrimiento que tienen que padecer, con horas en una habitación mugrienta, con el miedo de no ser original o tener ideas brillantes. En el caso de la película tenemos a Pablo Mondragón, quien crea la envolvente música, y quien con toda seguridad, paso por los mismos pasos de creación que el protagonista de la cinta. Un sufrimiento que da como resultado felicidad del público cuando baila y canta las canciones. La diversión que oculta el sufrimiento, tanto del Joe como de un maravilloso país como Colombia, es parte del mensaje de esta cinta.


Capítulo aparte son los dos protagonistas, Jhon Narváez, quien se mete en la piel del Joe, y un formidable y sorprendente Martín Seefeld, un manager siempre comprensivo. Los espectaculares cambios de aspecto con rangos de decenas de años, reposan en los hombros del equipo de maquillaje, pero también en una actuaciones que emocionan, donde el espectador llega a sentir diferentes cansancios en la cara de los protagonistas: cansancio del paso del tiempo, cansancio del exceso de fiesta, cansancio de no ser capaces de componer... todo gestionado con una sutileza de imágenes propia de un maestro.


Opinión: 4/5







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