Dimitri Planchon: «La animación es mi nuevo lenguaje»

 


Presentada en la 15.ª edición del FIFIGROT, el Festival International du Film Grolandais de Toulouse, Blaise, dirigida por Dimitri Planchon y Jean-Paul Guigue, llega al festival después de pasar por Cannes y Annecy. Antes del segundo pase de la película en Toulouse —el primero con su director presente— hablamos con Planchon sobre el origen del proyecto, el humor incómodo, sus personajes y el lenguaje de la animación.

Hay festivales en los que una película parece encontrar su lugar de manera natural. Para Dimitri Planchon, el FIFIGROT es uno de ellos. Antes de enfrentarse por primera vez al público de Toulouse en persona, el director explica qué significa para él formar parte del festival.

«Estoy realmente muy orgulloso de estar en el FIFIGROT porque es muy divertido, tiene todo un espíritu de humor y de cine en el que me reconozco mucho. Algo bastante libre, que no está dentro de las normas. Yo me reconozco mucho en eso y estoy muy orgulloso de que hayamos sido seleccionados aquí».

La presencia de Blaise en el FIFIGROT forma parte de un recorrido que el propio Planchon reconoce que no esperaba. La película nació como un proyecto pequeño, artesanal, realizado con un presupuesto limitado y un equipo reducido. «Era realmente una película de animación muy artesanal, de muy bajo presupuesto, que hicimos así, en una habitación, con muy poca gente», recuerda.

La producción propiamente dicha duró dos años, aunque el proceso completo fue mucho más largo. «Si contamos la escritura y después la financiación, fueron bastantes años. Pero la producción en sí, cuando realmente empezamos al final, fueron dos años, lo que es relativamente clásico para una película de animación. Pero fueron dos años con poca gente, fue muy intenso».

La intención inicial estaba lejos de los grandes festivales. Planchon y su equipo imaginaban una vida mucho más discreta para Blaise. «Pensábamos que tendríamos un pequeño estreno muy íntimo, muy discreto». Pero entonces llegó Cannes.

La selección cambió completamente las perspectivas del equipo. «El hecho de que fuera seleccionada en Cannes y que allí fuera muy bien recibida nos dio de repente otra visión. Mucha gente la vio, mucha gente dio su opinión y empezamos a ser invitados a otros festivales. Para nosotros, eso dio una nueva vida a la película que no esperábamos».

En Cannes, la experiencia fue especialmente positiva gracias a la sección de la ACID, donde Planchon encontró un ambiente que le permitió vivir el festival de una manera cercana. «Con la ACID viví Cannes de una manera realmente muy agradable y muy simpática. Hay algo muy familiar, muy agradable, realmente te sientes acompañado y hay muy buen ambiente».

Annecy fue otra historia. Allí Blaise compitió en la sección Contrechamp y recibió el Gran Premio de la sección. El ambiente, sin embargo, fue diferente. «Lo agradable de Annecy es que nos encontramos. Es un poco como Angulema con el cómic. Es un poco todo el sector el que se reúne en Annecy».

Además del público, el festival le permitió reencontrarse con profesionales y personas que habían participado en la película. «También está el placer de volver a encontrarnos con gente que conocemos, de reencontrarnos con gente del equipo que hizo la película. En Annecy también está ese placer de estar con otras personas que hacen animación».

Frente a esa sensación de pertenencia, Cannes tuvo algo de descubrimiento. «En Cannes nosotros éramos realmente turistas. No conocíamos a nadie, estábamos allí, enseñábamos nuestra película, pero éramos un poco invitados tímidos. En Annecy nos sentíamos más en casa».

Tres caras de Dimitri Planchon

Blaise no es el único personaje en el que Planchon reconoce algo de sí mismo. De hecho, el director va más allá: «No está solo Blaise. Blaise y sus padres son realmente tres caras de mí mismo. Son realmente extracciones de mí mismo».

La película habla, según explica, de cuestiones que forman parte de su propia experiencia: «Habla de la dificultad de comunicarse, de la preocupación por la mirada de los demás. Y es verdad que son personajes en los que me reconozco mucho».

Esa dimensión personal convive con uno de los elementos más característicos de Blaise: un humor deliberadamente incómodo. Un humor que busca provocar una reacción en el espectador y llevarlo, en ocasiones, hasta el límite de lo soportable.

¿Dónde está ese límite? Planchon no tiene una respuesta cerrada. «No sé si hay límites. Están los límites de lo soportable, porque con el humor incómodo nos divertimos haciendo que el espectador se sienta bastante incómodo».

El objetivo, explica, es encontrar un equilibrio. «Hay una especie de equilibrio que encontrar entre la incomodidad del espectador y, aun así, una especie de placer que le damos». La película debe poder provocar incomodidad sin convertirse en una experiencia insoportable: «No hay que hacer que la película sea insoportable de ver».

Tampoco se impuso durante la escritura una lista de temas que no pudiera tocar. «No me prohíbo cosas. Me las prohíbo si a mí no me gustan, eso es todo».

«La animación es mi nuevo lenguaje»

Antes de convertirse en película, Blaise formaba parte del universo de la historieta de Planchon. Sin embargo, el salto a la animación no fue para él una ruptura, sino una evolución lógica de su trabajo.

Los personajes ya estaban construidos como pequeños títeres cuyos ojos, cejas, bocas y brazos podían moverse. «Al final, ya estaba animando esos títeres en cada viñeta que colocaba en los decorados que había construido». Por eso, llevarlos al cine resultó bastante natural.

«La animación fue realmente una prolongación natural de mi estilo», afirma. «Casi retomamos mis títeres. Técnicamente tuvimos que cambiar algunas cosas, pero casi retomamos mis títeres, así que había una especie de continuidad en mi estilo».

La experiencia transformó además su relación con la historieta. «Desde que hago animación, desde hace unos diez años aproximadamente, prácticamente no he vuelto al cómic. De repente sentí que ahí era donde me gustaba estar».

Y lo resume de una manera especialmente clara: «Para mí, la animación no fue una cuestión de adaptación. Fue realmente la continuación de lo que quería hacer. Es mi nuevo lenguaje».

Un nuevo lenguaje que, eso sí, no ha elegido por motivos económicos. «No es porque haya más dinero aquí. En realidad, no hay dinero en ninguna parte. El cómic es realmente terrible, por desgracia. Pero bueno, en la animación tampoco hay dinero, por desgracia. Si hiciera esto por dinero, haría otra cosa».

Una animación 2D hecha con títeres digitales

Aunque el aspecto visual de Blaise puede generar dudas sobre la técnica utilizada, Planchon aclara que no se trata de animación 3D ni de stop motion tradicional. Es animación 2D digital realizada con After Effects.

«Es digital, no está hecho a mano. Está hecho con After Effects, que es un viejo programa de 2D, y es animación 2D».

Los personajes son títeres bidimensionales. No existe un único modelo capaz de girar libremente en el espacio: «Los personajes no giran la cabeza ni giran el cuerpo. El títere en el que están de frente no es el mismo que el títere en el que están de perfil. Son títeres diferentes».

El equipo utilizó además un sistema de rigging que permitió introducir pequeños movimientos en los rostros. «Hicimos un principio de ligero bajorrelieve en la cara», explica. Eso permite que los personajes tengan «pequeños movimientos, pequeños movimientos de un 10 %, 15 % hacia un lado».

Pero la base sigue siendo sencilla y coherente con el origen gráfico del proyecto: «La técnica es realmente 2D».

Después de Blaise

La trayectoria de la película ha dejado poco tiempo a Planchon para pensar en lo que vendrá después. Blaise terminó prácticamente unos días antes de su presentación en Cannes y, desde entonces, los festivales se han sucedido.

«Ahora me cuesta un poco sentarme a pensar en lo que viene después», reconoce. Pero el siguiente proyecto ya empieza a tomar forma. «Yo empiezo a escribir. Y la próxima película todavía no está definida. Pero queremos hacer otra. Espero que sí, pero queremos hacer otra. Y estamos trabajando en ello ahora mismo».

¿Será Blaise 2? La respuesta es clara: «No, no creo». ¿Blaise 3? Tampoco.

Después de haber acompañado al personaje a través del cómic, una serie y ahora una película, Planchon siente que ha llegado el momento de dejarlo descansar. «Blaise, yo lo he llevado mucho tiempo. He hecho cómics, he hecho una serie, ahora es una película. Todas esas cosas son muy diferentes entre sí. Pero tengo un poco de ganas de dejarlo de lado durante un tiempo».

Mientras tanto, Blaise continúa su recorrido. Cannes le dio una vida que sus creadores no esperaban; Annecy lo acogió y reconoció su propuesta; y ahora el FIFIGROT recibe una película cuyo espíritu parece encajar con la libertad que Planchon encuentra en el festival.

Para su director, el camino recorrido también ha servido para confirmar algo que ya intuía cuando comenzó a mover sus primeros títeres: la animación no fue simplemente una forma de adaptar Blaise al cine. Fue el paso hacia otra manera de contar.

«Para mí, la animación no fue una historia de adaptación. Fue realmente la continuación de lo que quería hacer. Es mi nuevo lenguaje».

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