Néstor López en el HIFF de Huesca
—Hola, Néstor. ¿Qué tal? Acabas de llegar de Huesca, ¿no?
Sí. Acabo de volver ahora mismo a Madrid. Hace veinte minutos he llegado.
—Este año no paras. Has viajado por medio mundo. Haznos un resumen de por dónde has estado.
En los últimos doce meses he recorrido Pakistán, Etiopía, el Congo, Estados Unidos, México, Chile y Argentina. Desde enero de 2026 he bajado un poco el ritmo porque tengo trabajo aquí en Madrid, pero he estado sin parar.
—En Pakistán, concretamente, ¿qué ibas a hacer?
En Karachi se celebra el Festival Mundial de la Cultura. Engloba todas las artes: escultura, música, cine, fotografía… Invitan a una persona de cada disciplina de diferentes partes del mundo. Este año fui yo por el cine; por la música fue un cantante japonés y por la fotografía una mujer de Etiopía. Allí hicieron una retrospectiva de mis trabajos, me rindieron un homenaje y representé al cine en esa parte del mundo. Fue muy bonito.
—Volviendo a tus proyectos actuales, ¿estás preparando el largo Semillas de Kivu?
Sí. Rodamos este año y ya estamos a tope. Después del verano tendré que ir allí (República Democrática del Congo). Está todo muy avanzado. Ha habido un brote de ébola estas últimas semanas y, como esa región siempre es complicada, no sé si viajaré el 1 de septiembre o el 1 de octubre, pero iré.
—¿Ya tienes toda la financiación? ¿Los contactos del corto te vinieron bien?
Sí. Tenemos a Televisión Española, Movistar, Beta, los productores de La infiltrada, Escándalo Films y todos los apoyos necesarios. Es un rodaje complicado y por eso llevamos mucho tiempo preparándolo. Los contactos del corto ayudaron, aunque antes incluso de estrenarlo ya estaba levantada la mitad de la financiación de la película. Ha sido un camino paralelo.
—Y aquí dicen que da mala suerte, pero ¿puede ser el cuarto Goya?. Con la edad que tienes, llevar tres ya no está nada mal.
(Ríe).
—Cuéntanos un poco sobre tu presencia en Huesca estos días. ¿Con qué proyecto competías?
Viajé el domingo y el lunes presenté Polígono X, mi último cortometraje de ficción, dentro de la Sección Oficial. Está funcionando muy bien. Lleva casi treinta festivales clasificadores para los Goya y tres clasificadores para los Oscar, entre ellos Huesca. Yo había competido antes allí, pero siempre como productor. Es la primera vez que compito como director. Me hizo mucha ilusión porque Huesca tiene más de cincuenta años y es el tercer festival de cortometrajes más antiguo del mundo.
—Huesca es uno de los festivales obligatorios. ¿Qué te pareció esta edición?
De público, bastante bien. La gente llena las salas un lunes a las cinco de la tarde o un martes a las siete para ver cortometrajes, y eso es muy difícil. El festival dura ocho o nueve días y en ese aspecto lo vi muy fuerte. Quizá la parte de industria la veo un poco más limitada, aunque entiendo que al final es Huesca y entre semana no es fácil. La selección sí me pareció muy potente. Estuve dos días y no pude verlo todo, pero los cortos que vi tenían muchísimo nivel. Destacaría especialmente la calidad de la programación. Además, allí el público está acostumbrado a ver cortos y tiene un criterio muy exigente, lo cual es muy bonito.
—Tu corto está en un festival clasificador para los Oscar. ¿Eso significa que puedes ir directamente a los Oscar?
No. Huesca es un festival clasificador para los Oscar y solo calificas si ganas. El ganador obtiene el derecho a inscribirse en los Oscar. A partir de ahí empieza la campaña. El año pasado estuve con Semillas de Kivu porque ganamos el Goya, que también clasifica, además de otros dos festivales clasificadores. Entonces hablas con la Academia, haces toda la inscripción, envías toda la documentación y comienzas la campaña. El ganador de Huesca tendrá esa posibilidad.
—Tienes un currículum espectacular. Ya has ganado en los Goya, Sundance y te quedan los Oscar. ¿Cuál es la clave del éxito que estás teniendo con tus cortometrajes y probablemente tendrás con los largometrajes?
La persistencia. Nunca sabes lo que va a funcionar. Ahora hay un chico de veinte años que ha hecho una película de terror que está arrasando. ¿Cuántas películas así se hacen cada año? Muchísimas, y casi ninguna triunfa. De repente una lo consigue.
Con mis trabajos pasa igual. Nunca sé cómo van a ser recibidos. Polígono X no es un corto fácil para muchos sitios y, sin embargo, está llegando a muchos más festivales de los que imaginaba por su contenido y su estilo. Con Semillas de Kivu tampoco esperaba un recorrido internacional tan fuerte y solo en Francia lleva cerca de veinte premios.
Nunca sabes qué va a funcionar. La clave es seguir haciendo películas, seguir creando y apostar por aquello en lo que crees. Ahora estoy preparando mi siguiente cortometraje de ficción y también un proyecto original para una plataforma del que todavía no puedo contar mucho. No sé qué funcionará y qué no. Lo único que puedes hacer es seguir adelante.
—Última pregunta. Antes hablabas de un joven que filmó una película sin haber estudiado en ninguna escuela. En tu caso, ¿has estudiado en alguna escuela de cine? ¿Es necesario estudiar en una gran escuela para triunfar?
Yo aprendí a hacer cine haciéndolo. Mi escuela fue la calle. Sí hice algunos cursos en Septimars, pero los estudios son muy caros. Vengo de un origen muy humilde y no podía pagarlos. Tuve que montar andamios, escenarios, trabajar en la obra y escribir guiones que a veces me compraban para poder costearme los cursos.
Aprendí haciendo cine. Dirigir solo se aprende dirigiendo. No creo que haga falta pasar por una gran escuela para dedicarse a esto. Yo soy una prueba de ello. Me habría encantado estudiar en una, pero no pude permitírmelo y tuve que buscarme la vida de otra manera. Creo que es sano que no todo dependa de las escuelas. Se puede llegar combinando la práctica con la insistencia. Esa es la clave: ser persistente y seguir probando.

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