Armageddon time. CANNES 2022


El director estadounidense James Gray, escribe, produce y dirige esta película donde narra la vida de una familia judía de clase media en el Queens (EE.UU.) de los 80.


Reparto equilibrado y de lujo

Con un reparto que deja huella: Anne Hathaway, Anthony Hopkins, o Jeremy Strong, tenemos también al joven protagonista Banks Repeta, quien hace de Paul Graff. Su vida es tranquila, en un colegio público, mientras su hermano mayor lo hace en uno privado.

Los problemas que comienza a tener Paul, por su propia forma de ser, se ven catalizados con la presencia de su compañero de clase, un chico negro llamado Johnny (Jaylin Webb).

El juego a tres bandas entre el abuelo, el padre y la madre de Paul, hacen que la lista de registros sea enriquecedora, viendo a un Anthony Hopkins en el papel de un abuelo piadoso, que consigue llevarse bien con todo el mundo, y que a pesar de los breves minutos para evitar desequilibrios de peso entre personajes (con él en una película, todo parece poco tiempo) deja un gran impacto en los espectadores. 



¿Se puede cambiar el alma de un artista?

El director retrata muy bien como la infancia de un niño se puede enderezar, en cierta medida, si se llega a tiempo. La actitud rígida, pero a la vez divertida, del padre de Paul, juega un papel peculiar que consigue conformar uno de los personajes más complejos de la obra. Él muestra la desazón de un padre que piensa que su hijo va a la deriva, sintiéndose sin espacio de maniobra, reprimiendo ser divertido en pro de una mejor conducta de su hijo. Los problemas económicos, de estatus social al ser fontanero, de judio en una sociedad que segregaba, hacen que el personaje tenga múltiples capas que va desvelando con maestría el actor Jeremy Strong. Y eso que, teniendo en frente al señor Hopkins, todas las comparaciones suelen ser desastrosas.



La verdad es que las actuaciones de todos son grandiosas, transmitiendo exactamente la dosis precisa del registro preciso.

Transversalmente, o no tanto, el director nos muestra el racismo que aún existía en los años 80 en Estados Unidos. Un racismo que quieren evitar las familias que lo sufrieron, como las judías, pero que por motivos "prácticos" no consiguen, cayendo ellos mismos en la segregación por el bien de los suyos, en este caso de Paul. 


Donald Trump de nuevo en una película

Curiosas son las referencias pertinentes a personajes como Donald Trump o su padre, o Ronald Reagan, indicando la diferencia de ideología entre lo público y lo privado en un país acostumbrado a que lo privado funcione bien. La realidad, es que la cinta solo se centra en dos de los alumnos, sin mostrar las condiciones del resto. 



Algo que ni los colegios, ni los padres obsesionados con trabajos técnicos para sus hijos, podrán cambiar es el alma interna de un niño. Si dentro de uno mismo hay un artista, el arte terminará rezumando por cada uno de los poros de la persona. El director retrata muy bien a lo largo de la cinta, ese latido y pasión de Paul por el arte, que empatiza con muchos espectadores que se habran visto en la misma tesitura: dedicarse totalmente al arte, con la incertidumbre económica que eso puede suponer, o tenerlo como afición, al lado de un trabajo "serio de oficina". Al final, de lo que se habla es de la felicidad y las dificultades que encontramos en el camino: perdida de amigos, de familiares, de algunos sueños...

Una película calmada que tendrá mucha aceptación por el jurado, con posibiliodades para la palma, y casi seguro que estará presente en el palmarés de actores.

Opinión: 3/5


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