KVIFF 2026. Karim Hassan lleva a Karlovy Vary el retrato de un Líbano fracturado con Pipes

 

Mientras miles de espectadores llenan las salas del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, el director libanés Karim Hassan celebra el estreno mundial de Pipes, una película que transforma una avería en la red de agua en una reflexión sobre la vida, la comunidad y el colapso de un país.

La cinta compite por el Crystal Globe, el principal galardón del certamen, y para Hassan la acogida del público ha sido una de las grandes sorpresas de su paso por el festival.

"En algunos festivales sientes que solo un cuarto del cine está lleno, incluso en el estreno mundial. Pero aquí está a reventar. Ver a la gente haciendo fila para ver cine es algo raro hoy en día. Es una experiencia hermosa".

Una búsqueda que habla de mucho más que agua

El protagonista de Pipes, interpretado por el propio Hassan en una versión ficticia de sí mismo, es un antiguo trabajador de la autoridad del agua que, tras 35 años de servicio, debe regresar para localizar una misteriosa "tubería madre" desaparecida.

Aunque el elemento parte de un problema cotidiano, el director asegura que la película nunca pretendió limitarse a una historia sobre infraestructuras.

"Las tuberías son reales, pero también simbólicas. Son como las neuronas en el cerebro, las sinapsis o el universo; cómo todo está conectado. A través de la desconexión del agua logramos conectar al pueblo".

La búsqueda termina convirtiéndose en una exploración sobre el sentido de pertenencia, el propósito individual y las relaciones que mantienen unida a una comunidad incluso cuando las instituciones dejan de funcionar.


Retratar la realidad sin embellecerla

Hassan rechaza la idea de mostrar una imagen idealizada de Líbano. Frente a la posibilidad de centrarse en sus paisajes, optó por reflejar un entorno donde la precariedad forma parte de la vida cotidiana.

"Esa es la forma en que la mayoría de la gente se siente en Líbano. La gente sufre psicológicamente por las guerras, la falta de agua, de electricidad, la falta de un sistema. Se ha vuelto feo".

El director reconoce que el país conserva lugares de gran belleza, pero considera que ignorar los problemas de fondo habría significado traicionar la realidad de quienes viven allí.

"Hay paisajes hermosos, pero no significan mucho cuando no hay agua. Hay problemas más profundos en la sociedad y quería mantenerme fiel a la naturaleza de este pueblo, no mentir".

Durante el encuentro con la prensa también se refirió al conflicto en la región y expresó su preocupación por la situación política.

"No veo una solución a menos que se haga algo a escala global, con sanciones. Como en Sudáfrica. De lo contrario, será carta blanca para la limpieza étnica".

Encontrar humor en medio del desastre

Aunque el contexto que retrata es profundamente duro, Pipes incorpora constantes momentos de humor. Promesas incumplidas, situaciones absurdas y pequeños gestos cotidianos sirven para aliviar la tensión sin ocultar el trasfondo dramático.

Para Hassan, esa combinación responde a una forma muy concreta de afrontar la realidad.

"Creo que de la tristeza nace el humor. No puedes evitar reírte de la situación. Es una tragicomedia".

Añade que eligió personajes con una inclinación natural hacia el humor porque considera que esa capacidad resulta indispensable para seguir adelante.

"Ya es lo suficientemente deprimente estar en Líbano, es muy difícil con la guerra. Tenemos que reír a veces. Es saludable, es casi terapéutico".

 


Rodar con un equipo mínimo

Una de las particularidades del cineasta es la rapidez con la que ha desarrollado su filmografía: cinco largometrajes en cinco años.

Su experiencia previa como director de fotografía y asistente de cámara durante una década en Nueva York le permitió adaptar métodos de grandes producciones a rodajes extremadamente modestos.

Pipes se filmó con únicamente dos focos y un equipo de seis personas.

"Decidí ponerla en trípode y no en un travelling. Si complicas los planos con grúas y no-actores, se asustan y piensan que es una película de verdad. Con seis personas, somos solo amigos haciendo esto".

También explicó que suele financiar sus películas con un sistema poco habitual: rodajes muy económicos, solicitudes de ayudas en la fase de posproducción y reinversión del dinero obtenido en festivales en el siguiente proyecto.

"Ruedo películas muy baratas porque tengo mi propia cámara y lentes. Y cada vez que me sobra dinero de los premios, lo reinvierto en la siguiente película. No guardo mi dinero, ese es mi propósito".

En la escritura de sus historias trabaja junto a Nadia, su coguionista, procedente del teatro y originaria de la misma región donde se desarrolló el rodaje.

"Ella me mantiene cuerdo cuando me voy por las ramas. Ha sido una experiencia muy fructífera".

El próximo proyecto

Aunque Pipes acaba de iniciar su recorrido internacional, Hassan ya prepara una nueva película, cuyo rodaje tuvo que aplazar debido a los bombardeos en Beirut.

La historia girará alrededor de un hombre que intenta pagar una simple multa de estacionamiento y acaba enfrentándose a un entramado burocrático que revela el deterioro del Estado. En paralelo, su hija permanece en coma tras un accidente, dando lugar a la pregunta que articula toda la película.

"Es el coma de quién despertará primero. ¿La hija o el Estado?".

Con Pipes, Karim Hassan presenta en Karlovy Vary una obra que utiliza un problema tan cotidiano como el suministro de agua para hablar del aislamiento, la fragilidad de las instituciones y la necesidad de mantener los vínculos humanos incluso en medio del colapso.

Foto portada KVIFF

Segunda foto David Sánchez 


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