KVIFF 2026. Mads Mengel: “El cine nórdico no teme a la incomodidad, y yo bebo de esa tradición”
El director danés debuta en el largometraje con The Guest, una radiografía familiar sobre el perdón que compite en el concurso oficial del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. Sobre los hombros de gigantes como Thomas Vinterberg, Mengel busca que el espectador salga de la sala con ganas de reconciliarse con su propia vida.
Hay una cierta gravedad, casi un peso sagrado, en el aire de los festivales de cine de Europa del Este. Karlovy Vary, con su arquitectura de balneario imperial y su devoción por la autoría, no es la excepción. Entre sus pasillos camina Mads Mengel (Dinamarca), un director que carga con la tranquilidad de quien sabe que ha hecho los deberes, pero con la nerviosa ilusión de quien se asoma por primera vez al abismo de un largometraje. The Guest, su ópera prima, ha sido seleccionada para la competición oficial, un hito que para Mengel trasciende lo profesional: es la culminación de un camino que comenzó en el formato corto y en las entrañas de la televisión danesa.
“Nunca había estado en Karlovy Vary, pero todos los que han venido me dicen que es un lugar y un festival maravillosos”, confiesa Mengel con la humildad característica de los cineastas de los países nórdicos. “A nivel personal, estoy emocionado y, por qué no decirlo, un poco nervioso. Pero sobre todo, inmensamente agradecido de que mi primera película haya sido elegida para la competición principal”.
El salto del cortometraje al largometraje suele ser el campo de pruebas donde muchos talentos se desmoronan ante la presión de la escala y la financiación. Sin embargo, Mengel lo tiene claro: “La escala es muy diferente, conseguir la financiación es una batalla distinta, pero el núcleo de todo sigue siendo el mismo: hacer que una escena funcione. En un corto haces un par de escenas y listo; en un largometraje tienes que sostener esa magia durante mucho más tiempo. La escuela de cine de Dinamarca me dio cuatro años formativos maravillosos, y la televisión me enseñó a rodar con rapidez. Al final, todo se reduce a la verdad de lo que ocurre frente a la cámara”.
Resulta imposible hablar de cine danés hoy sin mencionar su racha de oro en los últimos años. Títulos como Otra ronda, Riders of Justice o La tierra prometida han puesto a Escandinavia en el epicentro del cine de autor mundial. ¿A qué se debe este boom? Mengel lo atribuye al oficio: “Son cineastas increíblemente talentosos y experimentados, como Thomas Vinterberg o Anders Thomas Jensen. Cada vez que hacen una película, hay un potencial de repercusión internacional. Tienen un oficio excelente, una artesanía depurada, y siguen haciendo cine con pasión y con el corazón. Han construido una reputación maravillosa para Dinamarca”.
Lejos de sentir la presión de mantener ese listón altísimo, Mengel lo vive como un privilegio histórico. “No lo siento como una presión, sino como un honor. Nací en un país que ya tenía el camino pavimentado. Somos un país muy pequeño, pero en la escena cinematográfica hemos tenido picos históricos que han empujado los límites de lo que el cine puede ser. Solo tengo que dar las gracias a los gigantes sobre cuyos hombros me apoyo”.
Esa herencia se nota en The Guest, especialmente en su capacidad para orquestar la tensión en los espacios cerrados. Hay una escena icónica en la película, un comedor que parece un campo de batalla emocional, que recuerda a la asfixia de las mejores obras del cine europeo contemporáneo. “El cine nórdico siempre ha sido muy bueno retratando a personas obligadas a pasar tiempo juntas, en todo tipo de situaciones. Y nuestra tradición no tiene miedo a ser incómoda. Me gusta mucho eso”, explica.
Para lograr esa atmósfera, Mengel y su director de fotografía, David Bauer, idearon una coreografía técnica fascinante. “En las grandes escenas de comedor usamos dos cámaras y objetivos de larga distancia. No queríamos invadir el espacio de los actores, queríamos observarlos desde la distancia, como si el espectador estuviera mirando una obra de teatro real. Hicimos planos secuencia de casi media hora. Los actores a veces no sabían dónde estaba la cámara en un momento dado, lo que provocó reacciones genuinas. La iluminación se preparaba para poder rodar en 360 grados. La actuación es lo primero; la cámara y el resto deben apartarse y preguntarse: ¿cómo observamos esto sin estorbar?”.
El resultado es una película que, aunque nacida de la ficción y escrita desde cero junto a su guionista Kerstin Bengtsson, late con la verdad de la experiencia vivida. “Es una mezcla de pensamientos personales sobre temas como el perdón y la familia. Al final, las observaciones y fascinaciones de tu vida se amontonan en esa gran pila de creatividad que es una película”.
Y es que, en el fondo, The Guest es una película sobre la redención a través de la palabra, sobre los silencios que destruyen y las llamadas que sanan. Cuando se le pregunta qué le gustaría que el espectador se llevara al salir de la sala de Karlovy Vary, la respuesta de Mengel desarma cualquier intelectualismo: “En el mejor de los mundos, espero que piensen en sus propias vidas. Que se den cuenta de que nunca es demasiado tarde para cambiar las cosas. Que quizás no sea demasiado tarde para llamar a alguien a quien aman y con quien no han hablado en mucho tiempo. Ese sería el mayor regalo”.
Mientras el público descubre los dilemas morales de The Guest, Mengel ya tiene la mirada puesta en el futuro. Junto a Kerstin Bengtsson, acaba de empezar a escribir su siguiente proyecto: “Es un drama impulsado por los personajes, con un trasfondo político, centrado en el mundo del periodismo en la sociedad danesa. Aún no sé muy bien cómo categorizarlo, pero estamos muy emocionados”.
Con la tranquilidad de quien sabe que el cine danés sigue en buenas manos, Mads Mengel se despide. No necesita alzar la voz; su cine, al igual que el de sus predecesores, ya se encarga de gritar verdades incómodas, necesarias y profundamente humanas.
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