KVIFF 2026. 'Cinco años, cuatro meses': el eco de las madres colombianas que estremece Karlovy Vary
Los directores Esteban Hoyos García y Juan Miguel Gelacio presentan en la competencia oficial del festival checo su segundo largometraje, una coproducción mayoritariamente colombiana. Entre la emoción del estreno, los realizadores reflexionan sobre la ética de la memoria y la incertidumbre que acecha a la cultura en su país.
Hay un instante en los festivales de cine en el que la alfombra roja deja de ser un escaparate de glamour para convertirse en el peso de la realidad. Ayer, 7 de julio en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary (KVIFF), los directores colombianos Esteban Hoyos García y Juan Miguel Gelacio caminaron hacia la sala de estreno con una carga inmensa: las historias de las madres de personas desaparecidas en Colombia. Al caer los créditos de Cinco años, cuatro meses, el silencio dio paso a un aplauso prolongado, de pie.
"Algo muy muy especial. Uno no es consciente de la dimensión de los festivales hasta que entra por la alfombra roja", confiesa Esteban Hoyos García. "Pero lo que más alegra no es solo el hecho de presentar la película, sino ver que el público conecte. Que logre empatizar con esta madre que está en búsqueda de su hijo. Ese es nuestro objetivo mayor: transformar una cifra indiferente en el dolor real que implica no tener respuestas".
La fuerza de ser dos y la urgencia de contar
Cinco años, cuatro meses nace de la escucha y de un modelo de producción ágil. Aunque la película cuenta con una pequeña coproducción con Estados Unidos, su ADN es mayoritariamente colombiano. "Creemos en unos modelos de producción livianos", explica Juan Miguel Gelacio. "Sentimos la urgencia de que la historia de ellas se tiene que contar. Los modelos más tradicionales crean una distancia entre los temas y la actualidad, y esa distancia puede hacer que la urgencia se diluya".
Para asumir el reto, la dupla creativa ha sido su mayor fortaleza. "Ser dos personas nos ayuda muchísimo", añade Hoyos García. "Tal vez no somos los mejores directores, pero trabajando juntos, debatiendo y pensando cada una de las decisiones, nos sentimos mucho más seguros. Aligeramos las cargas de una producción pequeña, pero permitimos que la película se potencie".
El proyecto inició con el apoyo de Proimágenes Colombia para realizar un cortometraje, que luego se expandió hasta convertirse en este largometraje. "La confianza más grande que ha recibido la película fue el voto de las fundaciones de las mujeres que nos compartieron sus historias", señala Gelacio. Para Hoyos García, el mayor reto no fue técnico, sino ético: "Era vital tener una película que tenga verdad, que sea respetuosa, que no victimice, sino que dignifique todo el proceso que ellas han hecho".
El espejo retrovisor y la sombra de agosto
El momento internacional del cine colombiano no es casualidad. En 2022, Los reyes del mundo se alzó con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, marcando un hito para la industria. Sin embargo, el triunfo artístico en Europa contrasta con la angustia que se respira en los pasillos de la industria cinematográfica colombiana de cara al 7 de agosto, fecha en la que asume un nuevo gobierno de ultraderecha.
"Ya vimos situaciones como la de Argentina, en las cuales la cultura es algo prescindible", advierte Gelacio. "Existe una preocupación grande. Es un poco triste pensar que puede terminar todo un proceso que se ha construido a lo largo de los años con un solo cambio de gobierno". Ante este panorama, Hoyos García es claro: "Se olvida que una nación no son las arcas del Estado; la cultura hace parte de eso. El concepto de lo que hace parte de nuestra nación está en peligro".
Más allá de la coyuntura política, Cinco años, cuatro meses es una obra sobre las consecuencias de la barbarie. "Sentimos aún mucha más urgencia de que la película se vea", concluye Gelacio. "Es importante recordar que en el pasado reciente, hace 20 años durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se asesinaron a más de 7.000 jóvenes inocentes haciéndolos pasar como guerrilleros. Queremos que se recuerde lo que pasó, y que la aparente idea de asesinar a los grupos armados muchas veces desencadena en crímenes de Estado, en más violencia y en nuevas heridas".
En Karlovy Vary, el público europeo ha respondido con un aplauso que sabe a empatía. Pero en Colombia, el reloj avanza, y el cine se erige, una vez más, como el último trinchera de la memoria.
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