La casa. MALAGA 2024

Alex Montoya se erige como un cineasta audaz, capaz de desafiar las convenciones y llevar a su audiencia a territorios inexplorados del pensamiento. En "Lucas", allá por el 2021, consiguió desorientar a la audiencia, confrontándola con dilemas morales sin ofrecer respuestas fáciles, marcando un punto de inflexión en la mente de muchos cinéfilos. En un panorama donde la tendencia es dirigir a los espectadores cual perros lazarillos hacia conclusiones predeterminadas, Montoya se atreve a sacudir las mentes de su audiencia y dejarlas debatiéndose en un mar de incertidumbre ética.

Nostalgia como arma

Con su última obra, Montoya despliega una maestría narrativa al tejer una red de reminiscencias que atraviesa la trama como una corriente subterránea de emociones del pasado, al más puro estilo de "Anticlimax" o "Somewhere in between". Al evocar el pasado de los personajes de manera sutil pero penetrante, el director logra humanizarlos y dotarlos de una profundidad que trasciende la pantalla. Los flashbacks, lejos de ser meros recursos narrativos, se convierten en ventanas hacia el alma de los protagonistas, revelando capas de su personalidad y motivaciones que de otro modo permanecerían ocultas.

En el idílico escenario de una casa de campo, Montoya construye un microcosmos donde las tensiones familiares emergen como grietas en una fachada aparentemente tranquila. Al resaltar las pequeñas imperfecciones del entorno físico, el director hace eco de las relaciones humanas, marcadas por conflictos y desgastes que requieren atención y cuidado. Sin embargo, a través de la unidad momentánea de la familia en un momento crucial, Montoya insinúa la posibilidad de reparación y reconciliación, sugiriendo que, al igual que las grietas en el muro, las relaciones pueden sanarse con el tiempo y el esfuerzo compartido.

Sentir y oler la casa

La película logra transmitir de manera extraordinaria la atmósfera de esa casa: el aroma que impregna cada rincón, la temperatura que se percibe en cada habitación y las vistas que se abren ante los ojos del espectador, todo parece tan vívido y tangible que uno casi puede sentirlo. Esta inmersión sensorial atrapa al espectador, haciéndolo sentir como si estuviera realmente dentro de la casa, convirtiendo la experiencia cinematográfica en algo más que una simple narrativa en el guión.

La composición del elenco en esta película es como una sinfonía perfectamente orquestada, donde cada actor aporta su nota distintiva para crear una experiencia cinematográfica memorable. Sin embargo, es imposible no destacar la brillante interpretación de Óscar de la Fuente en el papel del hermano mayor, un personaje que oscila entre la arrogancia y la responsabilidad, recordando constantemente su papel como el guardián del bienestar familiar durante los momentos más difíciles del padre. Su actuación captura a la perfección la dinámica general entre hermanos mayores y menores, mientras que David Verdaguer encarna magistralmente al hermano menor, cuyo estilo de vida despreocupado contrasta vívidamente con el pragmatismo de su hermano mayor.

Luis Callejo, en el papel del padre, ofrece una interpretación sutil pero impactante, como si fuera un fantasma, logrando infundir al personaje una presencia que trasciende la pantalla, dejando una impresión duradera en el espectador. Mientras tanto, actores y actrices como Olivia Molina brillan con sus actuaciones destacadas. Es importante mencionar el papel de Tosca Montoya, hija del director, cuya actuación sobresale en la película, demostrando un talento innato.

Final épico con escena postcréditos

Finalmente, Miguel Rellán se roba la escena a lo "Marvel" de postcreditos, con su interpretación del vecino, un personaje que encarna la figura del observador astuto, que sabe más de lo que revela y que aporta un toque de misterio a la historia. Su presencia en el film, junto con su propio "flashback", añade una capa adicional de complejidad y profundidad al entramado narrativo, consolidando su papel como uno de los pilares fundamentales de la trama.

Esta obra se erige como un soplo de aire fresco, en el estanque del cine español, donde a menudo los temas y el tono sombrío tienden a repetirse o incluso a ser simples versiones de películas anteriores. Así como "El amor de Andrea", esta película destaca por su originalidad, su ingenuidad y su capacidad para romper con los moldes establecidos.
Al finalizar la proyección en el pase de prensa del Festival de cine de Málaga, se pudo observar que muchas personas estaban visiblemente conmovidas, con lágrimas en los ojos, sumergidas en la emotividad que la película había desatado. Sin embargo, lo más sorprendente ocurrió durante la posterior rueda de prensa, donde al menos cuatro actores se vieron abrumados por la emoción mientras respondían a las preguntas del público y los medios. Este inusual espectáculo sobre el escenario se convirtió en el tema de conversación dominante durante todo el festival, subrayando el profundo impacto emocional que la película tuvo en quienes la protagonizaron y en aquellos que tuvieron el privilegio de presenciarla.

Opinion: 4,7/5

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