Qumra 2026 online: del último hablante de una lengua indígena a los mundos míticos del Golfo
En su edición de 2026, Qumra volvió a reunir a cineastas, prensa e industria en un formato necesariamente virtual. Las ruedas de prensa se celebraron online, sin el contacto presencial habitual en Doha, y esa circunstancia marcó el tono de los encuentros: sesiones más concentradas, con tiempos ajustados, micrófonos silenciados, preguntas breves y respuestas en inglés o en árabe según el idioma de cada intervención. Pero la distancia no vació el sentido del programa. Al contrario, confirmó una vez más la función esencial de Qumra: acompañar proyectos en desarrollo, poner en contacto a realizadores con profesionales de la industria y ofrecer un espacio para pensar el cine desde realidades urgentes, frágiles y profundamente políticas.
En las dos ruedas de prensa aquí reunidas —la dedicada a largometrajes y la centrada en shorts de Qatar— emergió un mapa muy preciso del cine que hoy se está haciendo desde el mundo árabe, sus bordes y sus diásporas. Hubo películas sobre la desaparición de las lenguas, sobre periodistas árabes que arriesgan la vida para contar la verdad, sobre los archivos de una gran documentalista libanesa, sobre perlas perdidas y memorias heredadas, sobre casas amenazadas en Jerusalén, sobre poemas convertidos en drama histórico, sobre figuras arquetípicas del imaginario popular, sobre romances distópicos en ciudades futuras y sobre aventuras fantásticas nacidas del folclore catarí. En todas ellas reaparecía una misma intuición: filmar sigue siendo una forma de resistencia, de imaginación y de testimonio.
Uno de los primeros nombres en marcar el pulso de esta edición fue Jeissy Trompiz, cineasta venezolana afincada en República Dominicana, que presentó Language of Water. Desde el inicio definió con claridad el centro de su película: “Language of Water trata sobre el último hablante de una lengua indígena en Venezuela”. Y enseguida formuló una de las frases más potentes de toda la rueda de prensa: “Solemos hablar de animales o plantas en peligro, pero no de lenguas en peligro. Y las lenguas también están desapareciendo”.
La película se organiza, según explicó, alrededor de la memoria, la forma en que el lenguaje define la mirada sobre el mundo y la soledad del último hablante. Pero Trompiz también insistió en su búsqueda formal: “Buscamos explorar los límites entre ficción y documental, tanto narrativa como cinematográficamente”. No se trata, por tanto, de un proyecto puramente observacional, sino de una propuesta que entiende el lenguaje cinematográfico como terreno de interrogación.
Ante la cuestión de si un tema como el de una lengua indígena venezolana podía parecer lejano para públicos de Doha o del mundo árabe, el director respondió con rotundidad: “Sí, es un tema universal”. A partir de ahí defendió que la desaparición de una lengua no es un asunto aislado ni meramente local, sino una cuestión que atraviesa el planeta. “La película trata sobre minorías, periferia, globalización”, dijo, subrayando además su dimensión política y su capacidad para dialogar con otros contextos culturales. Quedaba claro que hablar de una lengua en desaparición es hablar también de comunidades marginadas, de supervivencia cultural y de preservación de la diferencia.
Trompiz volvió a ofrecer otra de las frases clave del encuentro cuando se planteó cómo equilibrar la creatividad con las exigencias del mercado global. “Es un acto de resistencia”, respondió. Explicó que estos temas no suelen ser comerciales ni fáciles de financiar, y que por ello ha tenido que pensar en formas de circulación más allá del festival tradicional: alianzas con instituciones, universidades, comunidades y espacios de debate. “Pasamos años sin financiación, pero es necesario seguir”, resumió. En el plano estético, definió su cine desde la noción de periferia: “Mi enfoque está ligado a la idea de ‘periferia’”, afirmó, antes de explicar que en su película se mezclan lo real, lo onírico y lo espiritual: “La película mezcla lo real, lo onírico, lo espiritual”.
Junto a él estuvo Hamad Al Hajri, que presentó When The News Breaks You, un largometraje sobre periodistas de Oriente Medio y los riesgos extremos que enfrentan al cubrir la actualidad. Su introducción fue directa: la película trata sobre “las dificultades que enfrentan al cubrir noticias en la región”. Enseguida precisó sus capas centrales: “los riesgos del sistema en el que trabajan”, “el hecho de convertirse en objetivos”, “el impacto en sus vidas personales” y “el sacrificio que implica informar desde el terreno”.
Al abordar las dificultades de sacar adelante una coproducción entre Qatar, Palestina, Grecia, Líbano y Turquía, Al Hajri no dudó: “Sí, fue muy difícil”. Explicó que los costes de viaje y producción fueron muy altos y que filmar en Gaza era prácticamente imposible, lo que obligó a reorganizar parte del trabajo en países como Líbano, Turquía y Egipto. Y resumió el aprendizaje de esa experiencia con una frase que condensa bien el espíritu del proyecto: “Como cineasta, tienes que adaptarte a la realidad, trabajar con lo que tienes y tener múltiples planes”.
Al Hajri quiso dejar claro que su proyecto no nació para aprovechar una coyuntura mediática: “La película no nació para seguir una moda ni un trend”. Explicó que había empezado antes de los últimos acontecimientos en Gaza y que su intención principal era “llevar al mundo la realidad de los periodistas árabes”, mostrar su profesionalidad y desmontar los estereotipos o acusaciones que pesan sobre ellos. Su objetivo era mostrar “la profesionalidad de los periodistas árabes y el sufrimiento que soportan para cubrir las noticias”, así como el hecho de que arriesgan “sus vidas, las vidas de sus familias y de sus seres cercanos” para contar la verdad.
El director habló también de uno de los momentos más duros del proyecto: la pérdida de un personaje central al inicio de la película, en referencia a Shireen Abu Akleh, con quien ya había construido una conexión humana antes de poder filmarla como deseaba. A ello se sumó otra revelación importante: debido al peso político del film, muchas entidades rechazaron financiarlo. “DFI fue la única institución que le dio apoyo financiero”, explicó. También mencionó el apoyo de Al Jazeera en materia de archivos o derechos y de Katara Studios en la postproducción. Según dijo, When The News Breaks You se encuentra ya en la fase final de postproducción y podría estar terminado en “tres o cuatro meses”.
Antes de cerrar la sesión, Al Hajri lanzó una petición que funcionó casi como manifiesto: “Pedimos su apoyo para difundir nuestras películas y ayudarnos a llevarlas a festivales”. La frase resumía bien el tono de toda la rueda de prensa: no se pedía solo atención industrial, sino acompañamiento para que estas películas encontraran su lugar en una conversación pública más amplia.
La segunda gran rueda de prensa amplió el mapa y lo llenó de registros distintos, aunque conectados por una misma necesidad de afirmación cultural. El primero en tomar la palabra fue Mohanad Yaqubi, cineasta palestino afincado en Bruselas, con Revolutionaries Never Die. “Esta es mi tercera película de largometraje”, dijo. Presentó el proyecto como un diálogo con la obra y el archivo de la documentalista libanesa Jocelyne Saab y resumió su origen en una escena muy precisa: “Recibí un email suyo en 2018 pidiéndome una colaboración. En ese momento no sabía quién era y no respondí. Dos meses después falleció”. Esa ausencia se convirtió en una investigación de seis años sobre las dieciséis películas que Saab realizó entre 1973 y 1983, filmando luchas del mundo árabe desde Marruecos hasta Irán.
La película fue tomando una dimensión más profunda al convertirse en una reflexión sobre qué impulsa a una cineasta a seguir filmando, qué precio está dispuesta a pagar por sus ideas y qué significa solidarizarse con Palestina desde una posición de privilegio. La conexión entre Yaqubi y Saab aparecía así como una conexión no solo artística, sino ética y política.
A continuación, Hamad Jassim Al-Fayhani presentó A Disguised Practice. Su formulación fue una de las más bellas y enigmáticas de la sesión: “La historia transcurre en una realidad en la que las perlas ya no existen, y los hombres que salen al mar a buscarlas no regresan”. El film sigue a un personaje que explora el pasado de su abuelo para entender ese vacío, y el director lo definió como “una historia sobre la memoria, el archivo de nuestros antepasados y cómo el cuerpo recuerda cosas a través de generaciones”.
Nadia Al-Khater llegó a Qumra con Light to Ashes, un cortometraje narrativo que describió como “una especie de drama histórico” inspirado en un poema que considera atemporal. “La película ya está terminada, en picture lock”, explicó, y añadió que ahora la estaba mostrando a profesionales presentes en Qumra. Más adelante defendió que “el apoyo técnico es lo más importante”, subrayando la necesidad de orientación profesional para todo el recorrido de una película.
Jehad Hallaq presentó Until the Rain Stops como una película “sobre una mujer palestina en Jerusalén que intenta salvar su casa en medio del aumento de la tensión en la región”, condensando en una sola frase el núcleo de su propuesta.
Uno de los proyectos más llamativos fue The Peacock Queen, firmado por Aisha Al-Jaidah y Kholoud Al-Ali. Kholoud explicó que hablaba también en nombre de Aisha y definió la historia como la de dos niños cataríes que, durante la noche de Garangao, son transportados a un mundo fantástico construido a partir de personajes míticos del Golfo. Allí viven aventuras para recuperar una perla perdida en un universo compuesto por tres reinos enfrentados.
Aisha Al-Jaidah subrayó la dimensión pionera del proyecto: “En realidad, este es mi primer largometraje de animación. 1001 Days era un cortometraje, pero ahora estamos trabajando en un largo”. Añadió: “Tuvimos que asumirlo nosotras mismas y escribir el guion además de dirigir la película”, y destacó que “este sería el primer largometraje animado hecho con DFI, dirigido por dos mujeres cataríes”.
Kholoud defendió tanto el acompañamiento técnico como la apuesta estética del film. “Para mí, el apoyo técnico es lo más importante”, afirmó, y añadió sobre la animación: “tenemos una herramienta que permite expresar la imaginación sin límites”. Su reflexión sobre el contexto fue especialmente clara: “La realidad es dura, la realidad es muy cruel… preferimos escapar un poco de la realidad”.
También estuvo presente Ali Al-Hajri, cuyo proyecto “cuestiona la idea del amor” a través de una mujer cuya vida se transforma y que revisa sus relaciones a través del movimiento y la música. En el debate sobre apoyos, defendió una idea directa: lo esencial “es hacer películas”. Señaló que instituciones como Doha Film Institute ofrecen herramientas, pero que el impulso debe venir del propio creador.
Majid Al-Remaihi presentó A Donkey Will como una historia sobre la pérdida: “La historia aborda la pérdida de su compañero de toda la vida: el burro”, lo que abre preguntas sobre “lo que desaparece también simbólicamente”. Su reflexión giró en torno a cómo recuperar el valor de figuras arquetípicas para leer el presente, en un contexto marcado por la violencia y la incertidumbre. También destacó que Qumra abre “un espacio de diálogo” más allá de la industria.
Yassine Ouahrani, por su parte, presentó Where the Sun Never Sets como “una especie de romance distópico ambientado en una ciudad árabe futurista”, donde dos trabajadores sueñan con escapar a “un lugar donde el sol nunca se pone”. Su intervención incluyó una idea clave: el cine como forma de dar voz a la región cuando otros espacios no la representan.
La experiencia del formato online atravesó ambas sesiones. Jeissy Trompiz reconoció: “Al principio fue frustrante”, aunque destacó el esfuerzo del equipo por mantener viva la experiencia. Hamad Al Hajri coincidió en que “la comunicación humana es muy importante”, pero valoró la organización y los encuentros generados.
Vistas en conjunto, las dos ruedas de prensa componían un mosaico muy preciso del cine contemporáneo en la región. Language of Water, When The News Breaks You, Revolutionaries Never Die, A Disguised Practice, Light to Ashes, Until the Rain Stops, The Peacock Queen, el proyecto de Ali Al-Hajri, A Donkey Will y Where the Sun Never Sets dibujan un territorio común: el de un cine que no solo cuenta historias, sino que preserva lenguajes, disputa relatos, imagina futuros y resiste al borrado.
Qumra 2026, incluso online, volvió a demostrar que el cine de la región no habla desde la periferia del presente, sino desde uno de sus centros más intensos. Filmar, en este contexto, sigue siendo una forma de memoria, de imaginación y de resistencia.



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