Cannes 2026 se presenta como un manifiesto por el cine, la libertad y la experiencia humana


La presentación de la Selección Oficial del 79º Festival de Cannes, celebrada el 9 de abril de 2026, no fue una simple lectura de títulos. Fue, desde su inicio, una declaración de principios. En un clima internacional descrito como incierto, la presidenta del festival, Iris Knobloch, y el delegado general, Thierry Frémaux, situaron al cine en el centro de una reflexión mucho más amplia: la libertad, la diversidad cultural, la creación humana frente a la automatización y la defensa de la sala de cine como espacio común.

Lejos de reducir la rueda de prensa a un anuncio de programación, ambos responsables del certamen presentaron Cannes como un lugar de resistencia cultural. Knobloch abrió el acto con una intervención que convirtió el festival en un símbolo de continuidad histórica. Recordó que Cannes nació en 1939, precisamente en un momento de inestabilidad mundial, y que su razón de ser sigue siendo la misma: reunir películas y artistas de todo el planeta no como un lujo, sino como una necesidad. En un mundo que, según sus palabras, parece perder sus referencias, mostrar obras procedentes de todos los horizontes es una forma de defender lo más valioso de la humanidad: su capacidad de soñar y de pensar libremente.

Su intervención fijó los grandes ejes ideológicos de esta edición. Primero, la diversidad. El festival fue presentado como uno de esos pocos lugares donde las culturas no se enfrentan, sino que dialogan. Knobloch subrayó que el cine no exige unanimidad, pero sí presencia: invita a estar, a escuchar, a ver, incluso cuando no se comparte una misma visión del mundo.

Segundo, la libertad. No solo la libertad de crear, sino también la de expresarse, incomodar o cuestionar. Esa defensa se extendió a quienes no siempre tienen el mismo acceso al reconocimiento y al poder dentro de la industria: cineastas no visibles, autores que trabajan en contextos restrictivos y, de forma explícita, mujeres cineastas, guionistas, productoras y técnicas. Para la presidenta de Cannes, la visibilidad solo tiene sentido si abre puertas reales: acceso a la financiación, a los proyectos y a los espacios de decisión.

Tercero, la respuesta ante la inteligencia artificial. Knobloch no negó su presencia en la industria ni su creciente integración en estudios, salas de montaje y procesos creativos. Pero marcó un límite con claridad: el festival no aceptará que la IA imponga su ley al cine. Insistió en que una película no es una suma de datos ni una operación algorítmica, sino una visión personal nacida de una experiencia humana. Una historia conmueve, dijo, porque viene de alguien que ha vivido, amado, dudado y sufrido. La inteligencia artificial puede imitar, pero no sentir.

El cuarto gran eje fue la defensa de la sala de cine. En un momento en que la imagen circula en pantallas cada vez más pequeñas, Cannes reivindica la experiencia colectiva del cine en sala como irreemplazable. Knobloch la describió como uno de los escasos espacios donde las diferencias coexisten sin dividirnos: se entra a veces solo, pero se sale más cerca de los demás.

Para encarnar esos valores, la presidenta anunció varias figuras clave de la edición. Mencionó al presidente del jurado, presentado en la transcripción como Park Chan-wook, como símbolo de un cine sin centro único de gravedad, capaz de irradiar desde Seúl hacia el mundo entero. También destacó la concesión de dos Palmas de Oro de Honor, una para Peter Jackson, por haber demostrado que la tecnología solo tiene sentido si está al servicio del impulso artístico, y otra para Barbra Streisand, presentada como una figura que rompió techos de cristal mucho antes de que ese concepto se popularizara. Además, anunció a Eya Idara como maestra de ceremonias de la apertura, resaltando en ella la exigencia, la generosidad y la capacidad de reunir.

Knobloch cerró su intervención con una idea que funciona como síntesis institucional: el Festival de Cannes sigue siendo un punto de referencia, una estructura sólida pero vulnerable, heredera de una tradición casi centenaria que debe transmitirse viva. Agradeció a los equipos del festival, al comité de selección dirigido por Christian Jeune, a la prensa y a la comunidad cinematográfica, y dedicó unas palabras personales a Thierry Frémaux, con quien dijo compartir desde hace años un intercambio exigente del que nacen las mejores decisiones.

A partir de allí tomó la palabra Thierry Frémaux, cuya intervención combinó la lógica institucional, el amor por la cinefilia y la lectura crítica del presente del cine mundial. Empezó recordando el carácter ritual del momento: la revelación de “el 95%” de la selección, dejando abierta la posibilidad de completar el programa en los días siguientes debido a entregas tardías y ajustes de última hora. Agradeció la acogida del Pathé Palace y recordó a las salas que habían albergado esta cita en ediciones anteriores, insistiendo en la importancia simbólica de anunciar Cannes dentro de una sala de cine.

Ese gesto no era decorativo. Frémaux retomó la defensa de la sala como espacio irreductible frente a la transformación tecnológica y a los cambios en los hábitos de consumo. Cuanto más avanzan las nuevas tecnologías de la imagen, vino a decir, más se confirma que la sala de cine sigue siendo lo que siempre fue: un lugar de experiencia compartida, irreemplazable frente a cualquier otra forma de visionado.

También dedicó unas palabras al traductor Michel Sotowski, subrayando que Cannes debería homenajear más a menudo a quienes hacen posible la circulación entre lenguas. Después amplió el foco y, aun reivindicando la centralidad de Cannes, quiso pensar el festival dentro de una red mundial de festivales y de agentes que sostienen el deseo de cine en sus respectivos países. Incluso si Cannes puede pretender ser el mayor festival del mundo, dijo en sustancia, no deja de formar parte de una comunidad más amplia que mantiene viva la pasión cinematográfica.

Uno de los pasajes más interesantes de su intervención fue su reflexión sobre la llamada “muerte del cine”. Recordó que en los años 80 esa idea ocupó a figuras como Jean-Luc Godard y Serge Daney, pero sostuvo que hoy las preguntas son otras: el lenguaje del cine ha ganado. Está en todas partes, incluso en un simple post de Instagram montado con cierta conciencia formal. El cine, como lenguaje, se ha expandido por completo; por eso, lo que importa ahora es observar la vitalidad de las películas y no anunciar funerales prematuros.

Antes de entrar en los títulos, Frémaux rindió homenaje a dos personas fallecidas: Anthony Lallico, fotógrafo francés muerto en Ucrania, y Lilia Einstein, vinculada al Festival de Locarno y más recientemente al Festival Nouvelles Vagues de Biarritz. A ambos dedicó la selección.

Luego ofreció uno de los datos más elocuentes de la conferencia: 2.541 largometrajes fueron presentados al comité de selección, procedentes de 141 países. Para Frémaux, esa cifra prueba no solo una vitalidad artística, sino también una vitalidad cuantitativa. El deseo de que una película sea vista en Cannes sigue siendo enorme porque el certamen mantiene una singularidad decisiva: no es, dijo, un festival francés, sino un festival en Francia al que acude el mundo entero.

Esa dimensión internacional se reflejó en su lectura de las tendencias detectadas durante el visionado de cientos de películas. El delegado general habló de obras “muy inteligentes”, de “muy alto nivel” no solo cinematográfico sino también intelectual. Vio, según explicó, películas atravesadas por las grandes cuestiones contemporáneas: la guerra, la violencia, la historia, la vida en común, las nostalgias colectivas y la necesidad de redefinir lo que significa pertenecer al mundo. Dijo percibir en el cine reciente una necesidad de grupo, de comunidad, casi de volver a imaginar una vida universal.

A esa lectura añadió otra especialmente reveladora: según Frémaux, el mundo occidental parece necesitar hoy suavidad, canciones y naturaleza, mientras que los países del Sur reclaman seguridad, prosperidad y cuidado para niños y familias. Más allá de cualquier simplificación, lo que intentó mostrar es que el cine sigue funcionando como un sismógrafo moral y social del planeta.

También reivindicó con claridad dos formas cinematográficas a veces consideradas periféricas pero cada vez más centrales: el documental y la animación. Del documental dijo que tiene una existencia singular en cine, incluso en un momento en que las plataformas producen muchos cada semana. Y sobre la animación subrayó su creciente peso artístico y simbólico, recordando hitos como Waltz with Bashir o Persepolis, y mencionando el reconocimiento creciente del cine animado, además del papel de Francia como sede del mayor festival de animación del mundo, el de Annecy.

Sobre Estados Unidos, Frémaux hizo una observación significativa: habrá cine estadounidense en Cannes, aunque con menos presencia de los grandes estudios. No interpretó eso como una ausencia del cine americano, sino como una transformación de su centro de gravedad. Más allá de Hollywood y Los Ángeles, sigue existiendo un cine independiente vigoroso que la selección de 2026 reflejará.

Otro punto importante fue su explicación del método de selección. Afirmó que Cannes no decide simplemente entre “me gusta” y “no me gusta”, o entre “es bueno” y “es malo”. La pregunta real es otra: ¿qué películas deben ser mostradas en Cannes? ¿Qué obra aporta algo decisivo a la idea de cine contemporáneo? Con esa lógica, reconoció que la víspera habían tenido que decepcionar a muchos aspirantes, pero defendió que la tarea del festival es encontrar el lugar adecuado para cada película dentro de la Selección Oficial.

Cuando empezó a enumerar secciones y títulos, Frémaux describió Un Certain Regard como una sección reorientada en los últimos años hacia el cine joven, los primeros largometrajes y una mirada más planetaria. Allí aparecieron títulos y cineastas muy diversos, y su comentario insistió en la apertura geográfica del festival, incluyendo el dato de que Costa Rica entraba por primera vez en la Selección Oficial con Siempre soy tu animal materno, de Valentina Maurel.

A partir de las dos transcripciones se percibe que el anuncio fue acompañado de observaciones sobre la importancia del ecosistema francés en el apoyo al cine mundial, la aparición de nuevos territorios de producción y el valor de las obras como testimonio de países y contextos complejos. Frémaux aludió, por ejemplo, a cineastas de África central y al cine de reconciliación relacionado con Ruanda, mostrando cómo Cannes sigue leyendo el cine como una forma de pensamiento histórico.

En el resto del programa, la conferencia subrayó la variedad de secciones: Competición, Un Certain Regard, Fuera de Competición, Sesiones de Medianoche, Cannes Première y Proyecciones Especiales. La lista oficial que adjuntaste permite fijar con precisión los nombres correctos, incluso en aquellos casos donde las transcripciones automáticas deformaban títulos o apellidos.

La Competición reúne autores consagrados y nuevas presencias. Están Pedro Almodóvar con Amarga Navidad, Asghar Farhadi con Parallel Tales, Rodrigo Sorogoyen con El ser querido, Andrey Zvyagintsev con Minotaur, Kore-eda Hirokazu con Sheep in the Box, Pawel Pawlikowski con Fatherland, László Nemes con Moulin y Ryusuke Hamaguchi con All of Sudden, entre otros. Frémaux insistió en que varias de estas entradas representaban primeras veces en competición oficial o regresos muy esperados.

En Fuera de Competición aparecen títulos como La bataille de Gaulle : l’âge de fer de Antonin Baudry, Karma de Guillaume Canet, L’Abandon de Vincent Garenq, L’Objet du délit de Agnès Jaoui y Her Private Hell de Nicolas Winding Refn. Las Sesiones de Medianoche incluyen a Quentin Dupieux, Bertrand Mandico y YEON Sang-ho, entre otros. Cannes Première y las Proyecciones Especiales completan una programación que, según Frémaux, todavía podía sumar algunos títulos más en los días posteriores.

El acto terminó recordando la fecha de arranque del festival, del 12 al 23 de mayo de 2026, con La Vénus électrique, de Pierre Salvadori, como película de apertura fuera de competición. Más allá del listado, la conferencia dejó una idea poderosa: Cannes quiere seguir siendo el lugar donde el cine no solo se exhibe, sino donde se piensa. No como una reliquia, tampoco como un escaparate vacío de glamour, sino como un espacio en el que el cine dialoga con la historia, con la política, con el dolor del presente y con el porvenir de la creación humana.

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