Luzifer. Locarno 2021



Dirigida y escrita por el austriaco Peter Brunner, "Luzifer" participa en la sección del concurso internacional.

Franz Rogowski interpreta a Johannes, un hombre con mentalidad de niño, que vive en los Alpes con su madre María, interpretada por Susanne Jensen. Ambos tienen una vida apacible, hippie, sin grandes avances tecnológicos, rezando constantemente, con las cabezas rapadas cual monjes cistercienses, criando ganado y adiestrando aves.

La paz se altera cuando comienzan a talar árboles en los parajes cercanos, y reciben propuestas de compra de su terreno. En estos momentos María hace un resumen de su vida, cuando conoció al padre de Johannes, se hacía tatuajes, estaban muy juntos, hasta que entró en una profunda depresión en la que parece que sigue tras perder a su pareja. 



La relación de la madre y el hijo no termina de estar completamente definida, donde por momentos parecemos ver una relación de pareja, otra de amistad infantil, en las menos ocasiones la relación de madre e hijo que deberíamos presuponer lo normal. El espectador podría pensar que ese ambiente es sano, sin casi contacto con el exterior, en plena naturaleza, pero el director nos devuelve a la realidad que quiere mostrar, una vida excesivamente alejada de la sociedad no es buena, llegando a momentos de locura que con una sociedad cercana podría solucionarse. Del mismo modo nos pone a esa sociedad como destructora, sin ser la bendición que podría ser, pareciendo querer arrebatar a esta pareja lo poco que tienen. El público no termina de tener claro qué es lo mejor más beneficioso para ser feliz, estar solo o acompañado, estar alejado del ruido  o pertenecer a ese ruido, dejándonos con la duda de qué es el bien o el mal, Dios o Lucifer.



El ambiente es apocalíptico, con ciertas imágenes que nos recuerdan en cierto sentido a "Mad Max" y ese submundo con escasa tecnología. Sorprende por tanto ver la evolución de la cinta, donde terminan apareciendo drones, e incluso el protagonista termina consiguiendo un Iphone. Nos muestra claramente el diablo: el progreso (descontrolado o no) y el Dios bondadoso: la naturaleza. Con frases directas en las que se expresa que quieren destruir la naturaleza, no queda dudas del punto de vista que el director quiere dar a esta cinta. Cuando la madre enferma, Johannes pide al santo del árbol que está en forma de estatua, que le dé la solución, que parece ser recoger agua de un lago para mojar a la madre. 

Un cúmulo de despropósitos sólo entendibles desde el prisma del fanatismo religioso y las faltas intelectuales del protagonista. Las distintas secuencias de estos despropósitos son acentuados por el gran prodigio de algunas imágenes, donde la belleza parece ser un sello del director, pasando de una oreja a una montaña con cueva, cuya cueva aparenta ser la cavidad de la oreja. Otra de las maravillas en forma de imagen es cuando el protagonista suelta al águila que es una cámara, y está vuela escuchando el aleteo del ave. El juego de la imagen, colocando cámaras al cuerpo del protagonista, o simplemente la belleza del bosque con sus nieblas sazonando la pantalla, hacen que el espectador tenga curiosidad por lo que está viendo, al ser mostrado de una forma diferente a lo habitual.



En definitiva, una obra diferente, sin mucho diálogo, donde las imágenes son tan potentes que no necesitan palabras. Con una interpretación  por parte de Frank encomiable, la película tiene puntos contradictorios sobre el bien y el mal, que hace preguntarnos constantemente el significado del bien. El dinamismo que consigue el director, nos hace pegarnos en nuestras butacas para disfrutar de esta historia alejada de la urbe, y que nos permite ver los beneficios y las pegas de vivir aislados en el monte.


Opinión 3,5/5

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