Fernández Pratsch. Festival de cine de Madrid


Hace poco descubrí este colorido y entretenido cortometraje de 30 minutos llamado como los protagonistas del mismo: "Fernández Pratsch" con el que uno puede aprender mucho, no solo de la temática gay del corto, sino de muchos otros aspectos, sobre todo de marketing.



Empecemos por el guión del corto dirigido por Emiliano Spampinato y ganador del premio del público en el festival de cine de Madrid de 2020. Cuenta la historia de Serafin Fernández, un madrileño de 80 años (aunque con su look medio punk alemán lo disimula) que durante la dictadura española se fue a Alemania, donde su padre trabajaba y le dieron el permiso para reunificar a la familia. 

La particular visión de Serafin es la de dos países de hace 50 años completamente opuestos en economía, libertad sexual, cultura, etc. Nos expone los numerosos ejemplos por los que fue detenido como por tocarle el pene (duro, según sus palabras) a un policía, por el que se le aplicó la famosa ley de Vagos y Maleantes de 1933, con aderezo del franquismo para que entrara en ella todo lo que a ellos les interesaba. Al igual que con la actual ley Mordaza, creada por unos pero exprimida posteriormente por otros aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid.



El caso es que Serafin se hartó de esa situación y volvió al Berlín del que anteriormente se había cansado. Esta vez se quedó allí disfrutando de los privilegios que tenían los ciudadanos en esta ciudad debido a la situación estratégica de un Berlín occidental en medio de un mar de comunismo. Con las distintas becas y ayudas del estado nunca tuvo que trabajar muy duramente, se agradece la sinceridad contada por el protagonista y su desparpajo que obliga al espectador a mantener una sincera sonrisa durante los 30 minutos del corto. Celebres frases como: "Al final decidí venirme a Berlín porque sabía que era un paraíso de no dar golpe, vamos.... mucho no he trabajado, nunca he explotado a mis amigos o amigas, pero al gobierno alemán bastante" (min 16:30).

Viviendo en una sociedad donde ir de vacaciones a Filipinas con una cámara de fotos se transforma en un proyecto antropológico y fotográfico, donde todas las acciones se edulcoran para aparentar ver lo que no hay, Serafin nos muestra que es un hombre sincero, directo, sin pelos en la lengua, que no le tiembla el pulso por coger esas palabras vacías y grandilocuentes de otros y cortarlas de tajo para dejar la esencia y contar su vida como es para él. Sin ocultar su tristeza por no haber llegado a ser una estrella del cine, que era lo que él más ansiaba. Parte de esta sinceridad y forma de ser ponen inquieto a su compañero, la otra mitad del título del corto, el señor Pratsch, Michael Pratsch. Se conocieron hace más de 30 años y desde entonces están juntos.

En la cinta el espectador puede disfrutar de pequeñas trifulcas hogareñas que de lo complicadas que son de ver, gustan. Normalmente estas escenas habrían sido eliminadas por la mayoría de directores, pero Emiliano osa dejarlas, provocando en el espectador momentos de intranquilidad y casi vergüenza ajena: claro ejemplo son el momento cuando nos enseña la casa, y la "pelea" cuando ambos protagonistas están sentados frente a la cámara. Parte del éxito de esta cinta es hacer sentir, transmitir al público, y en este caso "Fernández Pratsch" lo consigue. 




Parte del periplo de la cinta transcurre en localizaciones tan alejadas en todos los sentidos como el Valle de los Caídos, o los servicios del TierGarten de Berlín. Lo que nos muestra la cinta es que la gente vive donde se siente a gusto, y cuando nos dan la oportunidad de probar un país nuevo, si nos sentimos más atraídos por ese nuevo país a nivel cultural, económico, de libertad, etc, tendemos a asentarnos rápidamente. En el caso de Serafin, Berlin le daba, entre otras cosas, la oportunidad de tener cantidades ingentes de sexo, como él mismo confirma, y en esa época era lo que buscaba. España necesitaría varios años para ponerse a la altura en temas de igualdad LGTB, pero cuando se puso lo tomó con ganas: no ya sólo de países como Alemania, sino a tener leyes de matrimonio entre personas del mismo sexo 8 años antes que el país por antonomasia de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad: Francia.



Dejando a un lado la temática del corto, estaría bien centrarse en el premio que ganó en el festival de cine de Madrid de 2018, que fue el premio del público, y la poca repercusión, no ya del premio, sino del festival en sí. De ahí que al inicio del artículo se hablara de marketing. Un festival de cine de Madrid organizado por PNRcuya edición es la número 30 este año, y del que nadie ha escuchado nada, excepto si se tiene amigos en Madrid dentro del mundo del cine y que por casualidad te comenten que este festival existe.

Acostumbrados a ser bombardeados por los festivales de cine más conocidos, con una primera línea que serían entre otros: San Sebastián, Sitges, Seminci de Valladolid, Gijón, Huelva, Málaga, Sevilla, Abycine de Albacete, La Mostra de Valencia. Y una segunda línea que serían el Huesca, Zaragoza, Atlàntida  de Mallorca, Documenta Madrid, Beefeater In-Edit Film Festival de Barcelona, LesGaiCineMad de Madrid, DA de Barcelona, BCN de Barcelona... ¿ Dónde está el festival de cine de Madrid ?, no parece que el apoyo de la ciudad de Madrid se refleje en sus festivales de cine, o al menos no como lo hacen otras ciudades o comunidades como puede ser la Catalana. En este aspecto habrá algo que se nos escape a los que no somos de Madrid, pero no parece normal que un festival que lleva 30 años de historia, no termine de sonar a nadie. Igual tiene algo que ver la banda sonora que eligieron para la promoción del video, a cargo de "Labandón y su bandón" que traumatizó y espantó al sufrido algoritmo de YouTube y no lo recomienda a nadie para evitarnos el mal trago...



Sin duda queda mucho por hacer, y no todo es cuestión de dinero como piensan muchos políticos habituados excesivamente a ese mantra. Igual es más cuestión de apostar y confiar en que gente motivada lleve a cabo proyectos con un apoyo institucional comedido y alejado de las fotos. Termina cansando que por cada euro que un ayuntamiento pone en un festival se tenga que transformar en una foto del alcalde o concejal de turno. Se han llegado a ver inauguraciones de festivales de cine donde en el photocall pasaban los concejales de urbanismo... Si la fama y reconocimiento de un festival es inversamente proporcional al número de fotos que los políticos se hacen en dichos festivales, San Sebastián es un buen ejemplo. La realidad es que hay una gran cantidad de gente motivada por el cine que trabaja duramente en estos festivales, haciendo que tengan una elevada calidad, como es el caso en el de cine de Madrid, pero cuyos esfuerzos a veces no son valorados como se debería, o incluso se les pone trabas. Este y otros festivales de Madrid merecerían ser más mediáticos para poder brindar la oportunidad a más cinéfilos de conocerlos y disfrutar de ellos.

Opinion: 4/5


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