Tesalónica TiDF premia un documental atravesado por la ausencia y confirma el pulso político del cine de lo real
El 28º Festival Internacional de Documental distingue a ‘Closure’, de Michał Marczak, en una edición marcada por la guerra, los derechos humanos y las nuevas formas de resistencia íntima
El 28º Festival Internacional de Documental de Tesalónica cerró este 15 de marzo una edición atravesada por las fracturas del presente. En la ceremonia de clausura, celebrada en un clima de emoción contenida y fuerte conciencia política, el certamen griego repartió un palmarés que funciona también como una radiografía del momento: películas sobre la guerra, la memoria, el cuerpo, la exclusión, la violencia estructural y la necesidad de encontrar, incluso en medio del derrumbe, una forma de verdad.
La gran vencedora fue ‘Closure’, del cineasta polaco Michał Marczak, que recibió el Golden Alexander de la Competición Internacional, el principal galardón del festival. El jurado premió una obra que, en su argumentación, convierte la ausencia en una experiencia radicalmente presente y logra fundirse con la vida interior de un padre en una situación límite. El premio, dotado con 12.000 euros, abre además a la película la vía para aspirar a la carrera del Oscar en la categoría de largometraje documental.
No fue, sin embargo, un triunfo aislado ni un gesto puramente estético. El palmarés de Tesalónica deja ver un festival muy atento a la temperatura política del mundo. Desde la apertura de la gala, el mensaje fue inequívoco. El coordinador del programa griego, Vassilis Terzopoulos, recordó que, en un momento difícil para la región y para el planeta, el documental vuelve a ser un instrumento necesario para revelar la verdad del mundo contemporáneo. La frase condensó el espíritu de una edición en la que muchos discursos de agradecimiento, varios fallos del jurado y buena parte de las películas premiadas giraron en torno a los mismos ejes: democracia, guerra, libertad, exilio y dignidad.
En esa constelación destacó con fuerza ‘Birds of War’, de Janay Boulos y Abd Alkader Habak, una de las películas más reconocidas del festival. El documental obtuvo el Silver Alexander de la Competición Internacional, pero también el premio FIPRESCI, el premio “Human Rights in Motion” del Consejo de Europa y el premio WIFT GR. Cuatro reconocimientos que no solo avalan su fuerza cinematográfica, sino también su capacidad para encarnar el nervio moral de esta edición.
El jurado de la competición internacional defendió su elección subrayando el papel de los ciudadanos comunes en la defensa de la humanidad y del amor frente a la violencia y el odio. La película, centrada en vidas marcadas por la guerra y en la responsabilidad del testimonio, aparece así como uno de los títulos-síntoma del certamen: un cine que no busca conmover desde el énfasis, sino desde la cercanía con quienes atraviesan la devastación.
La sección Newcomers, dedicada a cineastas emergentes, premió con el Golden Alexander “Dimitri Eipides” a ‘At No Cost’, de Mary Bouli, una película que se adentra en la relación de una joven mujer con su cuerpo y con la indiferencia de las instituciones médicas. El jurado destacó su capacidad para registrar momentos sutiles pero poderosos en un trayecto de aprendizaje, cuidado y autodefensa. La lectura del premio estuvo claramente atravesada por una mirada feminista: el cuerpo femenino como territorio de disputa, de violencia y también de recuperación de la autonomía.
En esa misma sección, el Silver Alexander fue para ‘Replica’, de Chouwa Liang, por su aproximación empática a cuestiones como la soledad, la falta de intimidad y las nuevas formas de relación en un mundo digitalizado. Ambas películas, distintas en tono y forma, parecen dialogar en el mismo punto: la fragilidad de los vínculos y la exposición del individuo ante sistemas que administran, clasifican o directamente descuidan la experiencia humana.
La sección Film Forward, reservada a obras que tensionan los límites del documental, confirmó otra de las líneas fuertes del festival: el interés por las políticas de la imagen y del archivo. El Golden Alexander fue para ‘Dear Future’, de Christiana Cheiranagnostaki, distinguida por su exploración de los archivos como estructuras coloniales occidentales y por su modo de articular fragmentos en el presente. Es una decisión reveladora. En una época dominada por el exceso de imágenes, el festival premia aquí una película que no suma ruido, sino que piensa críticamente cómo miramos, desde dónde heredamos las imágenes y qué relato del mundo sostienen.
El Silver Alexander de esa sección recayó en ‘Level’, de Carlos Mora Fuentes y Anna Berkhof, por una propuesta de poesía visual que conecta sensibilidad ecológica y contemplación de la naturaleza. También en ese territorio se movió el premio WWF Greece, que reconoció ‘Time and Water’, de Sara Dosa, por su delicadeza al retratar la relación entre vida, recuerdo y responsabilidad ambiental.
Más allá de las secciones competitivas principales, Tesalónica volvió a exhibir una amplitud de registros y causas que desborda el formato tradicional del festival de cine. En la competición inmersiva, el Golden Alexander fue para ‘Another Place’, de Domenico Singha Pedroli, por hacer un uso especialmente sólido del lenguaje XR al servicio de un tema social contemporáneo. En el apartado de pódcast, el premio principal fue para ‘The Last Projectionist’, de Nikos Theodosiou, una obra que reivindica la memoria de los antiguos proyeccionistas de cine, esas figuras invisibles sin las que la experiencia de la sala no habría existido tal como la conocemos.
También hubo reconocimientos especialmente significativos en el terreno de los derechos y las identidades. El Mermaid Award, dedicado al mejor filme de temática LGBTQI+, fue para ‘Barbara Forever’, de Brydie O’Connor, por recuperar la figura de Barbara Hammer y, a través de ella, una memoria colectiva de visibilidad y emancipación femenina. La mención honorífica recayó en ‘A Song Without Home’, de Rati Tsiteladze, centrada en la búsqueda de seguridad y pertenencia de una persona trans en un entorno hostil.
El premio Amnesty International distinguió ‘American Doctor’, de Poh Si Teng, por seguir a tres médicos estadounidenses que tratan de salvar vidas en Gaza y de denunciar, al mismo tiempo, la violencia que presencian. La película se llevó además el premio del público Peter Wintonick al mejor filme internacional de más de 50 minutos, señal de que la sensibilidad del festival y la del público coincidieron en un mismo punto: la urgencia de los relatos que ponen nombre y rostro al sufrimiento colectivo.
En el cine griego, la cosecha fue repartida y significativa. ‘EXILE(S), Tales From an Island’, de Yorgos Iliopoulos, obtuvo el premio ERT y el FIPRESCI a la mejor película griega en competición. ‘Stories of a Lie’, de Olia Verriopoulou, recibió el premio EKKOMED al mejor documental de debut. Y ‘Bugboy’, de Lucas Paleocrassas, fue una de las producciones más celebradas del apartado nacional al ganar tanto el premio City Stories del Ayuntamiento de Tesalónica como el galardón de la Asociación Griega de Críticos de Cine.
La lista de premios del público añadió otros nombres a ese mapa del afecto festivalero: ‘Echoes of Beneath’, de Vasilis Barachanos, ganó entre las películas griegas de más de 50 minutos; ‘Sentient’, de Tony Jones, fue la favorita del público entre los filmes en competición; ‘Square of the Unseen’, de Theodore Selekos, se impuso en la categoría de cortos o medios de menos de 50 minutos; y ‘Single Headlocks’, de Panagiotis Papoutsis, logró el premio Platform+.
Pero más allá de la acumulación de títulos, el 28º Tesalónica deja una impresión más profunda. La de un festival que no ha querido mirar el mundo desde la neutralidad ni desde la abstracción. Muchas de las intervenciones de cineastas y jurados al recoger sus galardones se refirieron de forma directa a Palestina, Irán, Sudán, Ucrania o al deterioro de la democracia en distintas partes del mundo. No fueron digresiones coyunturales, sino el marco natural de unas obras que entienden el documental como espacio de confrontación ética, de memoria y de resistencia.
De ahí que el palmarés, leído en conjunto, tenga una coherencia poco frecuente. Tesalónica ha premiado películas que observan con rigor, pero también con implicación; obras que no separan la forma del conflicto ni la estética de la responsabilidad. En un ecosistema audiovisual saturado de imágenes inmediatas, el festival ha apostado por un cine que todavía cree en la duración de la mirada, en el peso del testimonio y en la necesidad de escuchar lo que el ruido suele dejar fuera.


Comentarios
Publicar un comentario