La otra forma. ANNECY 2022


La película colombiana, y brasileña, del director colombiano Diego Guzmán que participa en el festival de Annecy, tiene una extraña propiedad, la adicción que crea, imposibilitando el apartar los ojos de la pantalla.

La cinta nos muestra una sociedad no tan lejano, en el que todo mundo tiene que encajar como pequeñas piezas de Tetris, en el que ser parte de algo común nos hace felices, olvidando las necesidades individuales de cada persona.

La forma de transmitir esta idea de pertenencia, y en cierta medida de insensatez por pertenecer a algo más grande, está tratado sin diálogos, lo que añade más coraje y dificultad a la cinta.

Esta falta de diálogos, consigue que nuestros sentidos estén más alerta para interpretar lo que estamos viendo. En un inició, la interpretación es ambigua, pero gracias a la brillantez del guión, conseguimos hacernos una idea de lo que quiere transmitir la cinta, idea que cómo en las mejores películas, es inherente a cada espectador, cada uno crea una opinión propia dentro de su cabeza durante los 100 minutos de la cinta.



Y es que, es precisamente eso lo que pretende el director, que llegamos a pensar por nosotros mismos, no solamente como indica en la película sino transgrediendo la pantalla y llevando su mensaje hasta el espectador para que no nos dejemos moldear, en este caso, por un guión de una película. Quizás un claro ejemplo de esta forma de amoldarse está en las películas en las que la sutileza desaparece, creando personajes planos de buenos y malos, lo que es correcto y lo que no es correcto, olvidando por completo los matices con diálogos que destripan cualquier conato de dejar pensar al espectador.

En el mundo creado por Guzmán, somos transportados a un universo en el que cada persona debe moldearse físicamente para conseguir que las medidas de su cuerpo quepan en un molde de Tetris, que será lanzada al espacio, siendo de vital importancia las formas geométricas del rectángulo y el círculo o la caja y la esfera.

Con una luna cuadrada y unos pies cuadrados, en un mundo en el que todo está cuadriculado el protagonista echa de menos su juventud de libertad, dónde podía ser libre de hacer lo que quisiera, dónde las formas redondas eran orgullosamente redondas.

Una bella paradoja del pasado de libertad, en el que éramos libres de poder ver lo que quisiéramos, y el presente, donde eso que en el pasado veíamos como normal se ha vuelto motivo de censura y de vergüenza, obligando a cancelar nuestros pensamientos y como si fuéramos un rebaño, yendo por el camino correcto y acoplandonos a la forma que nos corresponde, reduciendo nuestras miradas y teniendo una estrechez de mente, que en la película se observa de forma magistral y literal.

En competición en la segunda sección del festival de Annecy (Contrechamp) esta obra es una grata sorpresa, ya que primero nos obliga a focalizarnos durante el tiempo del largometraje sin pestañear, por lo interesante y la profundidad de lo que nos cuenta, así como por la personalidad de sus personajes principales, pero también valoramos la gran actualidad que tiene esta cinta, que de forma sutil y delicada, nos hace darnos cuenta del mundo en el que estamos viviendo actualmente.

Colombia vuelve a mostrar que su cine está a la vanguardia, como ya pudimos ver recientemente con "La jauría", que ganó el premio en la Semana de la Crítica del último festival de Cannes.


Opinión: 4,3/5

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