
La segunda temporada de Black Doves llega a Netflix con Helen Webb y Sam Young de nuevo en el centro de una historia donde el espionaje, la violencia, el humor negro y las relaciones personales vuelven a mezclarse. Keira Knightley y Ben Whishaw, protagonistas de la serie, participaron en una rueda de prensa virtual en la que hablaron sobre la evolución de sus personajes, la complicada relación entre ambos y el aumento de la acción en los nuevos episodios.
La serie regresa después de una primera temporada que tuvo una recepción muy positiva. Para Knightley, ese éxito también supone una cierta presión. La actriz explica que la producción siempre ha caminado sobre una línea delicada entre el humor absurdo y una historia seria centrada en sus personajes. Que el público respondiera tan bien a la primera temporada hizo que el regreso estuviera acompañado por mayores expectativas.
Whishaw coincide en que el reto consiste en conservar aquello que funcionó inicialmente, pero al mismo tiempo avanzar. La segunda temporada, según los actores, tenía que abrir un nuevo capítulo en la historia de Helen y Sam sin perder la identidad de la serie.
Helen: una mujer cada vez más expuesta
Uno de los principales atractivos de Black Doves continúa siendo la complejidad moral de sus protagonistas. Knightley describe a Helen como una mujer extraña, imprevisible y difícil de clasificar. La actriz destaca precisamente la posibilidad de interpretar a un personaje que nunca encaja completamente en la categoría de heroína o villana.
“¿Son buenos, son malos? ¿Cuál es su moralidad?”, plantea Knightley al hablar tanto de Helen como de Sam. Para ella, esa ambigüedad permite que los personajes estén continuamente cambiando y adoptando nuevas formas.
En esta segunda temporada, además, Helen se encuentra en una situación especialmente vulnerable. Su marido se acerca a convertirse en primer ministro mientras ella continúa ocultando su verdadera identidad tras diferentes papeles: esposa, madre y espía. Al mismo tiempo, su contacto y figura de apoyo, Reed, desaparece.
Knightley explica que Helen alcanza una posición de enorme poder mientras pierde simultáneamente su principal red de seguridad. La combinación la deja más expuesta que nunca.
La actriz también establece una diferencia importante entre las dos temporadas. Si en la primera Helen podía esconderse principalmente mediante omisiones, ahora debe mentir directamente y de manera mucho más evidente. “No creo que ella confronte quién es realmente”, reconoce Knightley, dejando claro que la introspección todavía no forma parte de su principal estrategia de supervivencia.
Una amistad basada en deudas, secretos y peligro
La relación entre Helen y Sam constituye otro de los grandes motores de la temporada. Ambos comparten una profunda lealtad, pero también una relación construida sobre secretos, favores y situaciones extremas.
Knightley llega a definirla como una “amistad tóxica” y bromea con que Sam debería pensárselo dos veces antes de contestar cuando ve una llamada de Helen. El problema es que, en numerosas ocasiones, él termina salvándole la vida.
Whishaw describe a Helen como una persona magnética y dinámica que arrastra a Sam hacia su propio caos. Él también tiene problemas y una vida complicada, pero la energía de Helen acaba envolviéndolo.
La relación funciona además mediante una especie de intercambio constante. Uno ayuda al otro y, posteriormente, llega el momento de devolver el favor. Knightley resume esa dinámica como un “tit for tat”, una especie de deuda permanente entre ambos.
Pero las consecuencias son cada vez mayores y el equilibrio empieza a romperse. Según Knightley, ambos llegan a un punto en el que ese entendimiento está “bastante desgastado”. La confianza sigue existiendo, pero cada nueva decisión aumenta el precio que tienen que pagar.
Sam, entre la violencia y el deseo de sobrevivir
Para Ben Whishaw, la segunda temporada lleva a Sam a una situación especialmente difícil. El actor explica que siente una gran simpatía por su personaje y que incluso llegó a preguntarse si conseguiría salir vivo de la historia.
Sam se enfrenta además a las consecuencias de sus propias decisiones. Whishaw cuenta que, después de seguir un mal consejo de Helen y continuar investigando algo que se le había pedido expresamente que dejara de lado, termina obligado a matar a otra persona. Entre las situaciones más extremas está el momento en el que debe matar a su propio amante.
Esa experiencia convierte a Sam en un personaje profundamente atormentado. Aunque está dispuesto a cometer actos terribles, también conserva una capacidad de reflexión que, según Whishaw, Helen todavía no ha desarrollado.
La diferencia entre ambos queda así marcada por sus mecanismos de supervivencia. Helen parece avanzar cortando emocionalmente con aquello que podría hacerla vulnerable, mientras Sam todavía intenta comprender lo que está haciendo y las consecuencias de sus actos.
Paradójicamente, Whishaw confiesa que una de sus preocupaciones al interpretar a Sam era si el personaje podría llegar a ser feliz. Knightley recuerda entonces que están hablando de un “asesino en masa”, una contradicción que ambos convierten en parte del humor de la conversación.
Humor negro en medio de la violencia
La mezcla de violencia y humor constituye una de las características fundamentales de Black Doves. Knightley considera que la serie funciona precisamente porque sus protagonistas pueden ser personas capaces de amar y cuidar a otros y, al mismo tiempo, convertirse en asesinos.
La actriz considera que esa contradicción resulta especialmente interesante porque los seres humanos no son completamente buenos ni completamente malos. Helen lleva esa mezcla al extremo: puede actuar como madre y esposa mientras mantiene una vida secreta marcada por la violencia y el engaño.
Para Knightley, el humor también está estrechamente relacionado con la identidad británica de la serie. Explica que los personajes recurren a las bromas para enfrentarse a situaciones extremadamente serias. En lugar de ocultar lo que sienten, el humor negro se convierte en una manera de expresarlo.
Whishaw coincide y señala que Helen y Sam comparten precisamente esa capacidad de utilizar un humor muy oscuro. Ambos entienden esa forma de comunicación y saben reconocer lo que el otro está sintiendo incluso cuando lo expresan mediante una broma.
Más acción y menos tiempo para preparar las escenas
La segunda temporada también incrementa las exigencias físicas para Knightley y Whishaw. Ambos trabajaron con un entrenador, Rob, durante aproximadamente un mes antes del comienzo del rodaje, aunque Knightley señala que tuvieron menos tiempo de preparación y ensayo que en la primera temporada.
Eso provocó situaciones especialmente exigentes. Algunas coreografías de lucha habían sido preparadas, pero los actores no siempre habían tenido suficiente tiempo para aprenderlas completamente antes de rodarlas.
Knightley recuerda especialmente una secuencia en una galería de arte que incluía una persecución. El equipo había trabajado diferentes partes de la escena, pero no habían podido ejecutarla previamente como una única secuencia completa. También menciona otra escena en la que ella y Ambika tuvieron que afrontar una toma que se había planteado prácticamente en el último momento.
A pesar de las dificultades, los actores consiguieron sacar adelante las secuencias.
Un tiroteo y una puerta derribada
Whishaw señala como uno de sus momentos favoritos del rodaje la secuencia de la casa en la que los personajes intentan rescatar a Reed. Se trata de un gran tiroteo que, según el actor, concentra en una misma escena buena parte de la esencia de Black Doves.
La situación es deliberadamente absurda: los personajes consiguen escapar prácticamente ilesos de una secuencia en la que parece imposible salir sin consecuencias. Knightley bromea con que, además, sus personajes conservan el pelo perfecto, la ropa impecable y ni siquiera parecen tener polvo encima.
Pero para Whishaw la escena funciona porque, en medio de la violencia, Helen y Sam mantienen una discusión que revela mucho sobre su relación. Los dos pueden estar matando gente y, al mismo tiempo, mantener una conversación casi cotidiana.
Knightley tiene otro recuerdo favorito de esa secuencia: derribar una puerta de una patada. La actriz cuenta, entre risas, que descubrió que era una experiencia especialmente satisfactoria y que llegó a sentirse orgullosa de haberlo conseguido.
Whishaw incluso bromea con que Knightley encontró en esa violencia una nueva forma de liberar emociones.
¿Una tercera temporada?
La conversación deja también espacio para una posible continuación. Cuando los actores hablan de la relación entre Helen y Sam, Knightley bromea con que deberían haber escapado juntos y termina lanzando un espontáneo “Season three” mientras ambos ríen.
No supone una confirmación de una tercera temporada, pero sí refleja hasta qué punto los actores siguen encontrando posibilidades narrativas en la relación de sus personajes.
La segunda temporada, en cualquier caso, profundiza en precisamente aquello que hizo singular a Black Doves: personajes moralmente ambiguos, vínculos afectivos puestos al límite, violencia extrema y un humor capaz de aparecer incluso en los momentos más absurdos.
Para Knightley, Helen todavía tiene esperanza. Whishaw también cree que Sam mantiene esa esperanza por ella. Y, según la actriz, todos deberían tenerla.
La segunda temporada de Black Doves se estrenó globalmente en Netflix el 5 de noviembre, según confirmó el moderador al cierre de la rueda de prensa.