Aníbal Ortiz: una carrera que empezó en Coronel Oviedo y llegó a Berlín, hoy en Biarritz

Aníbal Ortiz consolidó su carrera actoral desde Coronel Oviedo mediante producciones locales e independientes. Su talento en el cine paraguayo lo llevó desde proyectos de bajos recursos hasta festivales internacionales como Gramado y la Berlinale con la película Narciso.

Aníbal Ortiz en Biarritz 2026. Foto David Sánchez
Aníbal Ortiz en Biarritz 2026. Foto David Sánchez

Antes de formar parte de Narciso, el actor paraguayo Aníbal Ortiz construyó su trayectoria desde Coronel Oviedo, participando en las primeras experiencias audiovisuales de una comunidad que buscaba hacer cine lejos de Asunción. Su recorrido incluye Latas vacías, Matar a un muerto y ahora la película de Marcelo Martinessi, presentada internacionalmente en la Berlinale.

La historia cinematográfica de Aníbal Ortiz tiene un punto de partida concreto: Coronel Oviedo. Antes de los festivales internacionales, antes de Berlín y antes de Narciso, el actor se movía en un entorno donde hacer cine implicaba trabajar con pocos recursos y construir los proyectos prácticamente desde cero.

Ortiz comenzó combinando trabajos como electricista y técnico en electrónica con su interés por la actuación. Su recorrido artístico se vinculó también al teatro y a una comunidad audiovisual que fue desarrollándose en Coronel Oviedo a través de cortometrajes, concursos y proyectos independientes.

Uno de los primeros capítulos importantes de esa trayectoria fue Latas vacías, dirigida por Hérib Godoy. La película fue rodada y producida en Coronel Oviedo con recursos muy limitados y tuvo a Ortiz como protagonista, interpretando a Alfonso, un joven que busca tesoros enterrados de la Guerra de la Triple Alianza. La producción se convirtió en una demostración de que era posible realizar un largometraje fuera de la capital y con medios reducidos.

La película tuvo además un impacto particular en su ciudad. Su recorrido y la respuesta del público contribuyeron a recuperar la experiencia cinematográfica en Coronel Oviedo, incluida la reapertura del antiguo Cine Guaraní. El proyecto había nacido precisamente de un movimiento audiovisual local que llevaba años desarrollándose y que buscaba generar sus propios espacios de producción y exhibición.

A partir de ahí, Ortiz continuó trabajando en diferentes producciones paraguayas. Uno de los siguientes hitos fue Matar a un muerto, estrenada en 2019, por la que recibió el premio a Mejor Actor de Película Extranjera en el Festival de Cine de Gramado, en Brasil, en 2020. En 2026 llegó Narciso, dirigida por Marcelo Martinessi y presentada en la Berlinale.

El recorrido de Narciso tiene además una conexión particular con la propia historia de Ortiz. Después de su estreno internacional y de su llegada a los cines paraguayos, el actor impulsó que el equipo de la película viajara a Coronel Oviedo para presentar el largometraje ante el público de su ciudad. La localidad fue la primera parada de la gira del equipo por el interior del país.

El regreso tenía un significado especial. Ortiz no llegaba simplemente como integrante del reparto, sino como un actor cuya trayectoria había comenzado allí. La presentación permitió además recuperar el vínculo entre la película y una comunidad que desde hacía años venía desarrollando su propia actividad audiovisual.

En Narciso, Ortiz forma parte de un elenco encabezado por Diro Romero y Manuel Cuenca, junto a intérpretes como Margarita Irún, Arturo Fleitas y Natalia Cálcena. La película, ambientada en la Asunción de 1959, se inspira libremente en la obra de Guido Rodríguez Alcalá y aborda el choque entre nuevas expresiones culturales y una sociedad marcada por la represión.

Para Ortiz, esa historia mantiene además una relación con el presente. En conversaciones sobre la película ha señalado que algunas de las situaciones que aparecen en Narciso todavía encuentran reflejos en la sociedad paraguaya y ha relacionado el cine con la educación y la cultura.

Su recorrido reúne así dos dimensiones de la evolución reciente del cine paraguayo. Por un lado, la de una industria que ha comenzado a acceder a mayores posibilidades de producción y circulación internacional. Por otro, la de cineastas y actores que construyeron sus primeras herramientas en comunidades locales, lejos de los principales centros culturales del país.

De Coronel Oviedo a Berlín y, ahora, al circuito internacional en torno a Narciso, Ortiz mantiene ese vínculo con su ciudad de origen. Una trayectoria que comenzó en un contexto de recursos limitados y que hoy forma parte de una cinematografía paraguaya que busca ampliar sus fronteras.

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