Claudia Triana desde Iberseries: «En Colombia puedes contar cualquier historia. El tema es que el público, que está tan adolorido también, no la reciba tan bien»

Claudia Triana analiza el crecimiento del cine colombiano, sus incentivos, la internacionalización, la animación y los desafíos para conectar las producciones nacionales con el público.

Claudia Triana (ProImágenes Colombia) en Iberseries y Platino Industria. Foto David Sánchez
Claudia Triana (ProImágenes Colombia) en Iberseries y Platino Industria. Foto David Sánchez

La directora de Proimágenes Colombia analiza los desafíos de una cinematografía que ha multiplicado su producción, pero que todavía busca consolidar su relación con los espectadores. En el marco de Iberseries & Platino Industria, en Madrid, aborda la estabilidad de los incentivos audiovisuales, el auge de la animación, el impulso del cine comunitario y las oportunidades de internacionalización de la industria colombiana.

El cine colombiano atraviesa una etapa marcada por el crecimiento de la producción, la diversificación de sus propuestas y una presencia cada vez mayor en los mercados internacionales. Sin embargo, ese desarrollo también ha puesto de manifiesto uno de los principales desafíos de la industria: conseguir que las películas encuentren a sus espectadores. Claudia Triana de Vargas, directora de Proimágenes Colombia, considera que el país dispone de una estructura de financiación que ha permitido fortalecer el sector, aunque reconoce que la distribución, la promoción y la conexión con el público siguen siendo cuestiones pendientes.

La responsable de Proimágenes participa en Iberseries & Platino Industria, el encuentro audiovisual celebrado en Madrid que reúne a productoras, plataformas, cadenas de televisión, distribuidores y otros profesionales del sector iberoamericano. La presencia colombiana responde al interés de sus empresas por ampliar sus relaciones comerciales, desarrollar coproducciones y encontrar nuevas oportunidades para sus películas, series y servicios audiovisuales.

«Iberseries cada vez más ha convocado a empresas colombianas que quieren venir, que encuentran aquí un espacio para conversar con más europeos, con más españoles, que vienen canales de televisión buscando producciones», explica Triana.

Se trata de un mercado en el que las compañías pueden «vender sus proyectos, sus películas ya hechas, sus series», pero también establecer relaciones que contribuyan a la continuidad de sus actividades y a la proyección internacional de la cinematografía colombiana.

Alejandra Bonilla Leguizamón y Claudia Triana inaugurando el stand de Colombia en Iberseries y Platino Industria. Foto David Sánchez
Alejandra Bonilla Leguizamón y Claudia Triana inaugurando el stand de Colombia en Iberseries y Platino Industria. Foto David Sánchez

El gran desafío: que las películas encuentren a su público

Uno de los asuntos que más preocupa a Triana es la distancia que existe entre el crecimiento de la producción nacional y la evolución de la asistencia a las salas. Colombia ha conseguido aumentar considerablemente el número de películas realizadas cada año, pero ese incremento no se ha traducido necesariamente en una mayor audiencia para cada título. La directora de Proimágenes considera que la dificultad para conectar con los espectadores se ha convertido en uno de los principales problemas del sector.

Como referencia, compara el promedio de espectadores por película colombiana de 2006 con las cifras actuales. Según los datos que menciona durante la entrevista, hace aproximadamente dos décadas cada producción reunía una media de 226.000 espectadores, mientras que ahora esa cifra se sitúa entre 10.000 y 15.000. La comparación debe entenderse dentro de un contexto de transformación de la industria, que ha pasado de producir alrededor de ocho películas anuales a alcanzar cerca de 79.

«Está saliendo un promedio de cuatro películas por semana a las salas de cine, que compiten entre ellas», señala. La mayor cantidad de estrenos obliga a las producciones nacionales a disputar un espacio limitado en las salas, en un escenario donde también compiten las películas internacionales y otras formas de consumo audiovisual. A ello se añade la diversidad de géneros y formatos, especialmente en el caso de los documentales y las propuestas dirigidas a públicos específicos, que necesitan estrategias de distribución adaptadas a sus características.

Triana advierte de que esta situación no es exclusiva del mercado colombiano.

«Una de las obsesiones y de las dificultades más grandes que tiene Colombia, pero también todos los países, es que hay sobreoferta de películas».

El aumento de la producción ha ampliado las posibilidades creativas, pero también ha hecho más difícil que cada obra consiga visibilidad y permanezca el tiempo suficiente en cartelera para desarrollar su recorrido comercial.

En ese contexto, la promoción adquiere una importancia decisiva. La directora considera que una parte de la industria todavía no incorpora el marketing como un elemento fundamental de la planificación de sus proyectos. «Si seguimos teniendo desde hace 20 años el mismo problema de que no hacen un mercadeo ni le destinan dinero al mercadeo de la película, es muy difícil que te puedas hacer visible». Para Triana, el reto no consiste únicamente en producir más, sino en desarrollar estrategias capaces de acercar cada película al público que puede estar interesado en ella.

«Las películas colombianas normalmente duelen»

La relación entre las películas y sus espectadores también está condicionada por las historias que aborda el cine colombiano. La violencia, el conflicto armado, la memoria histórica y las consecuencias sociales de décadas de enfrentamientos han ocupado un lugar destacado en numerosas producciones nacionales. Triana considera que estas temáticas forman parte de la realidad del país y que los cineastas deben tener libertad para representarlas, aunque reconoce que su recepción puede resultar compleja.

La conversación aborda cuestiones como los falsos positivos y los espacios de memoria que se han desarrollado en Colombia para recordar a las víctimas de la violencia. En ese contexto, la directora de Proimágenes subraya que la legislación colombiana protege la libertad de expresión y no establece mecanismos de censura previa sobre las historias que pueden contarse.

«En Colombia no hay censura. Hay censores, que es distinto. Pero no hay censura. Eso quiere decir que tú legalmente en Colombia puedes hablar de lo que quieras».

Esa libertad creativa, sin embargo, no garantiza que todas las películas encuentren una respuesta favorable entre los espectadores. «Las películas colombianas normalmente duelen», afirma Triana, que relaciona esa característica con una historia nacional atravesada por el conflicto armado, el narcotráfico, las extorsiones, la violencia contra líderes sociales y los feminicidios. Son realidades que continúan presentes en la sociedad y que forman parte del universo narrativo de muchos realizadores.

«Tienes que contar un país y no vamos a tapar el sol con un dedo», sostiene. Desde su perspectiva, el cine no puede desvincularse de los problemas que afectan a la sociedad colombiana ni renunciar a explorar los acontecimientos que han marcado su historia. Al mismo tiempo, reconoce que la cercanía emocional de esos relatos puede influir en la disposición del público a acudir a las salas.

«El público, que está tan adolorido también, puede no recibirlas tan bien». La observación apunta a una dificultad que va más allá de la calidad cinematográfica de las obras. Algunas películas abordan experiencias traumáticas que siguen muy presentes en la memoria colectiva y que pueden resultar difíciles de afrontar para determinados espectadores. En consecuencia, encontrar una audiencia amplia exige comprender las características de cada proyecto y desarrollar formas de circulación que permitan llegar a quienes estén interesados en esas historias.

Un modelo de financiación que trasciende los cambios políticos

El desarrollo del cine colombiano durante las últimas décadas está estrechamente relacionado con la creación de instrumentos de financiación que han permitido dar continuidad a la actividad cinematográfica. Triana destaca que una de las principales fortalezas del sistema es su capacidad para mantener los mecanismos de apoyo más allá de los cambios de gobierno y de las decisiones presupuestarias de cada administración.

«El sistema que hemos hecho con la legislación colombiana no depende tanto del gobierno de turno», explica.

Una de las piezas fundamentales de ese modelo es el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), que se financia principalmente mediante una contribución parafiscal procedente de la propia actividad cinematográfica. De esta manera, los agentes que participan en el sector contribuyen al sostenimiento de los instrumentos que permiten desarrollar nuevas producciones.

«Es la industria alimentando la misma industria. No viene de recursos del presupuesto general de la nación ni del Ministerio de Cultura. La gran mayoría viene de ese fondo». Según Triana, esta estructura ofrece una estabilidad especialmente importante para una actividad cuyos proyectos necesitan varios años para completar las etapas de escritura, desarrollo, financiación, rodaje y distribución.

A esa organización se suma la naturaleza institucional de Proimágenes Colombia, una entidad privada sin ánimo de lucro y de participación mixta, en cuyo órgano de gobierno están representadas instituciones públicas y organizaciones vinculadas al audiovisual. Su funcionamiento permite gestionar programas de apoyo con una perspectiva que no queda limitada a los ejercicios presupuestarios anuales.

«Por eso podemos entregar estímulos que duran cuatro años haciendo su película y no tener que hacer las cosas a 31 de diciembre, cuando cambia la vigencia». La directora considera que esta continuidad constituye una ventaja para los productores, que pueden planificar sus proyectos con mayor seguridad y desarrollar procesos creativos que requieren tiempos prolongados.

El sistema colombiano también cuenta con otros instrumentos destinados a impulsar la actividad audiovisual. Entre ellos figura el mecanismo de devolución en efectivo o cash rebate, vigente desde 2012 y gestionado por Proimágenes mediante un convenio con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Este incentivo, vinculado al Fondo Fílmico Colombia, dispone de una estructura diferenciada respecto de los mecanismos fiscales creados posteriormente para atraer inversión internacional.

Parte de la comitiva colombiana en Iberseries y Platino Industria. Foto David Sánchez
Parte de la comitiva colombiana en Iberseries y Platino Industria. Foto David Sánchez

Los incentivos internacionales y la profesionalización de la industria

La atracción de producciones extranjeras constituye otra de las líneas de desarrollo del audiovisual colombiano. Uno de los instrumentos que Triana considera especialmente relevantes es el Certificado de Inversión Audiovisual (CINA), creado en 2020 para incentivar la llegada de proyectos internacionales mediante un crédito fiscal transferible asociado a los gastos realizados en Colombia.

«Es una ayuda vía impuestos para que internacionales vengan a filmar en Colombia, vengan a hacer su postproducción. No importa si son series, películas, videojuegos, vídeos musicales o publicidad. Tiene que ser audiovisual en cualquiera de estos campos», explica. El incentivo contempla diferentes actividades de la cadena audiovisual y exige que las empresas beneficiarias realicen una inversión mínima en el país, de acuerdo con las condiciones establecidas.

Según las cifras que maneja la directora, el mecanismo ha respaldado alrededor de 190 proyectos durante sus primeros seis años de funcionamiento. Su impacto, sostiene, no se limita al sector cinematográfico, ya que los recursos procedentes del exterior se destinan a contratar profesionales, servicios y empresas que desarrollan su actividad en Colombia.

«Ha sido muy exitoso, ha irrigado muchos recursos a la economía porque el dinero tiene que venir de fuera y tiene que gastarlo en Colombia. Es un recurso que no existía, que da empleo, que permite que nuestros servicios de producción exporten servicios».

La llegada de estas inversiones ha contribuido también a que las empresas colombianas amplíen su experiencia en proyectos internacionales y fortalezcan su capacidad para ofrecer servicios competitivos.

Triana destaca especialmente el aprendizaje de los equipos técnicos que han participado en grandes producciones extranjeras. «La mayoría de los proyectos han venido de Estados Unidos. Han aprendido a trabajar con unas crews mucho más competitivas. Ahora en Colombia hay crews que no le envidian nada a una crew norteamericana». La experiencia acumulada ha permitido elevar los estándares profesionales y consolidar equipos capaces de asumir producciones de mayor complejidad.

El siguiente desafío consiste en ampliar la disponibilidad de trabajadores especializados para responder al crecimiento de la demanda. Con ese objetivo, el sistema contempla aportaciones destinadas a programas de formación y entrenamiento técnico. La intención es que la actividad generada por los rodajes internacionales no tenga únicamente un efecto económico inmediato, sino que contribuya a desarrollar capacidades profesionales y oportunidades laborales duraderas.

Annecy 2027: una oportunidad para la animación colombiana

La animación es uno de los sectores que ha experimentado una transformación significativa dentro de la industria audiovisual colombiana. Su crecimiento tendrá una importante plataforma de visibilidad internacional en 2027, cuando Colombia participe como país invitado de honor en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy y en su mercado profesional MIFA.

La designación supone un reconocimiento a la evolución de un sector que ha conseguido desarrollar estudios, ampliar sus relaciones de coproducción y exportar servicios a diferentes mercados. Triana considera que el interés internacional responde a un proceso de consolidación que se ha producido durante los últimos años. «Han encontrado en Colombia un trabajo emergente en la animación que se ha visto creciendo en los últimos diez años».

La directora señala que el desarrollo de empresas especializadas ha permitido generar estructuras de producción más estables y crear puestos de trabajo vinculados a distintas disciplinas de la animación. «Tenemos empresas que ya están exportando sus servicios al exterior. Películas que se están haciendo en coproducción con otros países de forma más continua. Ya tenemos estudios que tienen 70, 50 personas trabajando todo el año».

La participación en Annecy permitirá presentar tanto la capacidad industrial como la diversidad artística de la animación colombiana. El objetivo es facilitar la presencia de estudios, profesionales y proyectos que puedan establecer nuevas relaciones comerciales y creativas con empresas de otros países. También representa una oportunidad para dar visibilidad a propuestas que están desarrollándose dentro de un sector todavía en expansión.

«Estamos trabajando a todo motor para tener una representación bien nutrida en Annecy y para dar a conocer nuestro país y las posibilidades que tiene dentro de la animación», explica Triana. La preparación de esta participación internacional busca aprovechar el interés que ha despertado la industria colombiana y reforzar sus posibilidades de crecimiento a través de nuevas coproducciones, alianzas profesionales y oportunidades de formación.

El cine comunitario y las historias que nacen en los territorios

Junto al crecimiento industrial, Triana identifica otro proceso de transformación relacionado con la incorporación de nuevas voces a la producción audiovisual. El cine comunitario ha permitido que habitantes de distintas regiones colombianas desarrollen proyectos vinculados a sus experiencias, identidades y formas de entender el territorio, ampliando las posibilidades de representación dentro de la cinematografía nacional.

La directora recuerda el trabajo realizado desde la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos (DACMI), que ha impulsado iniciativas orientadas a facilitar el acceso de las comunidades a las herramientas de creación audiovisual. En el marco del Bogotá Audiovisual Market (BAM), Proimágenes también ha buscado dar visibilidad a procesos desarrollados durante años en diferentes territorios del país.

«Estamos viendo historias súper interesantes que han salido en las comunidades indígenas, en las comunidades afro, que antes pensaban que no eran parte y que están encontrando en el cine comunitario un espacio donde pueden encontrarse».

Para Triana, estas experiencias representan una oportunidad para que las propias comunidades participen directamente en la construcción de los relatos que muestran sus realidades.

La importancia de estos procesos no reside únicamente en la realización de películas. También está relacionada con el aprendizaje de herramientas narrativas, el desarrollo de guiones y la creación de espacios donde los participantes pueden compartir conocimientos y fortalecer su capacidad para producir contenidos audiovisuales. «Pueden contar sus propias experiencias, empoderarse más y hacer esos desarrollos tan necesarios de las historias, de los guiones, de los desarrollos, de cómo hacerlo mejor».

Triana confía en que el trabajo desarrollado desde las comunidades contribuya a ampliar la diversidad de la industria y permita descubrir realizadores que hasta ahora no habían tenido acceso a los circuitos tradicionales de producción. «Yo creo que vamos a tener una cosecha importante de jóvenes talentos que van surgiendo de las comunidades». La aparición de esas nuevas miradas puede enriquecer el panorama cinematográfico colombiano y abrir espacios para historias que tradicionalmente han tenido menos presencia en las pantallas.

El cortometraje como espacio de creación y nuevos talentos

El apoyo a las nuevas generaciones también encuentra una vía importante en el cortometraje. Triana destaca que el formato breve ocupa un lugar relevante dentro de las políticas cinematográficas colombianas y dispone de mecanismos específicos de financiación, circulación y exhibición. Su función no se limita a servir como una primera experiencia para los realizadores, sino que constituye un espacio de creación con características y posibilidades propias.

El sistema contempla convocatorias anuales que permiten respaldar proyectos procedentes de diferentes regiones y comunidades, incluidos cortometrajes infantiles y propuestas vinculadas a identidades étnicas.

«Hay convocatorias anuales donde se premian por lo menos 50 cortos al año. Cortos de las regiones, cortos étnicos, cortos infantiles. Entonces hay una apuesta enorme por el corto».

A estos estímulos se añade un mecanismo destinado a favorecer la exhibición de cortometrajes nacionales en las salas comerciales. Los exhibidores que programan estas obras pueden acceder a descuentos en la contribución parafiscal, una medida que busca facilitar su presencia en los circuitos cinematográficos y ofrecer nuevas oportunidades de encuentro con el público.

Triana también destaca la labor de festivales especializados que han contribuido a consolidar un ecosistema alrededor del formato. Entre ellos menciona a BOGOSHORTS, que ha desarrollado actividades de formación, industria y acompañamiento a nuevos realizadores. Su mercado profesional, el BOGOSHORTS Film Market, incluye iniciativas orientadas al desarrollo de proyectos y al fortalecimiento de las relaciones entre cineastas y profesionales del sector.

El cortometraje se presenta así como una herramienta para experimentar con lenguajes narrativos, desarrollar primeras obras y facilitar la incorporación de nuevos talentos a la industria. Su importancia también está vinculada a la diversidad territorial y cultural de Colombia, ya que permite que proyectos de distintas procedencias encuentren posibilidades de financiación y exhibición sin depender necesariamente de las estructuras habituales del largometraje.

La internacionalización y el futuro del audiovisual colombiano

La participación de Colombia en mercados como Iberseries & Platino Industria refleja el interés de una industria que busca ampliar su presencia fuera del país y consolidar relaciones con nuevos socios. Para Triana, estos encuentros permiten conectar las capacidades desarrolladas durante las últimas décadas con oportunidades de coproducción, distribución y prestación de servicios audiovisuales.

El crecimiento de los estudios de animación, la llegada de rodajes internacionales y la existencia de mecanismos de financiación relativamente estables forman parte de una transformación que ha fortalecido la posición de Colombia dentro del audiovisual iberoamericano. Al mismo tiempo, las iniciativas de cine comunitario y el respaldo al cortometraje han contribuido a diversificar las voces y las historias que participan en esa expansión.

Sin embargo, el aumento de la actividad industrial no resuelve por sí solo las dificultades que afrontan las producciones nacionales. La competencia entre estrenos, la fragmentación de las audiencias y la necesidad de invertir en promoción siguen condicionando las posibilidades de circulación de las películas colombianas. La existencia de más proyectos y de mejores herramientas para producirlos hace todavía más necesario desarrollar estrategias que permitan conectar las obras con sus espectadores.

Desde Madrid, Triana plantea así un panorama en el que conviven avances importantes y desafíos pendientes. Colombia dispone de una industria más profesionalizada, instrumentos que facilitan la financiación y una creciente capacidad para participar en proyectos internacionales. También cuenta con nuevas generaciones de creadores que están ampliando las formas de representar el país. El reto es conseguir que ese crecimiento se traduzca no solo en una mayor producción y presencia exterior, sino también en una relación más sólida y sostenida entre el cine colombiano y su público.

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