
El actor y director mexicano, acompañado siempre de su pareja Marina de Tavira, presenta Ceniza en la boca en Biarritz y habla de migración, de la realidad mexicana y de la comunidad latinoamericana en Estados Unidos bajo el Gobierno de Donald Trump
La inmigración atraviesa Ceniza en la boca, pero también atraviesa la conversación de Diego Luna en Biarritz. El actor y director mexicano ha llegado al Festival Biarritz Amérique Latine para presentar su nueva película, que participa en la competición del certamen francés, celebrado del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2026.
La película sigue a Lucila y a su hermano Diego, que viajan desde México a Madrid para reunirse con su madre, que lleva años trabajando allí para mantenerlos. El reencuentro no ofrece la vida que habían imaginado y la película convierte el desplazamiento en una historia sobre la familia, la separación y las consecuencias de emigrar.

Pero en la conversación mantenida durante la presentación en Biarritz, la migración pronto deja de ser únicamente el argumento de una película.
«No es una solución, ni mucho menos»
Cuando se le plantea a Luna si la situación de inseguridad en México hace que marcharse parezca la solución que propone la película, el director rechaza esa interpretación.
«Yo no lo pondría así, yo creo que lo que pasa en México es un fenómeno, no es una solución que nosotros proponemos, ni mucho menos, es un fenómeno que está pasando y que lleva pasando décadas», responde.
Luna sitúa ese fenómeno dentro de una historia más larga. «México es un país que tiene una historia larga de migración, tanto de mexicanos y mexicanas que buscan fuera del país las oportunidades que no tienen o que huyen por razones diversas, violencia, razones políticas, cambio climático, en fin, las razones son múltiples.»
La película, por tanto, no plantea la salida del país como una respuesta sencilla. Su protagonista intenta entender algo más íntimo: por qué su madre se fue y qué consecuencias tuvo aquella decisión en la familia.
«En esta película es un personaje que va buscando las respuestas, ¿por qué se fue mi madre? Y de eso va la película, entender la migración de una madre y por ende la fractura familiar que esta migración trae», explica Luna.
La propia realidad mexicana, añade, contiene además otro movimiento migratorio: el de quienes atraviesan el país desde Centroamérica y Sudamérica en busca de una oportunidad, mientras México se convierte también en destino para otros latinoamericanos.
«México se ha vuelto un lugar que recibe, se ha vuelto destino para muchísima gente de América Latina, también un lugar que ofrece oportunidades y donde se ve reflejado esa fuerza que la migración trae, con toda la complejidad y los retos que implica.»
La pregunta por un «país feliz»
Posteriormente, la conversación se adentra en la dimensión social de su obra. Muchos de los proyectos vinculados a Ambulante y La Corriente del Golfo —como el documental Estado de silencio— retratan una cruda realidad social en México. Este sombrío panorama contrasta abiertamente con las declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien, tras concluir una gira por los 32 estados del país a finales de septiembre de 2026, aseguró que la población mexicana se encuentra «feliz y contenta».
Luna no responde directamente a la afirmación sin antes poner una condición: «Me cuesta trabajo, porque tendría que ver el contexto de esa declaración, o sea, tendría que entender bien el contexto de esa declaración para que no caigamos en el error de simplificar, o te digo, o sacar de contexto una frase que así solita puede sonar absurda»
Su respuesta vuelve entonces al papel que atribuye al cine. «Yo lo que te diría es que el cine tiene esa responsabilidad y como, ya no digamos como cineasta, como público, yo puedo decir que el cine para mí ha sido una herramienta de transformación en múltiples sentidos»
Y enumera esas transformaciones: «Una herramienta de autoconocimiento, una herramienta para madurar, para forjar el ser que soy, para entender el entorno y el contexto en el que vivo en relación a otros contextos»
Para Luna, esa función también tiene que ver con mirar aquello que no conocemos. «El cine creo que también es una herramienta porque es esa curiosidad la que nos ayuda, la curiosidad de asomarnos a ver una historia que no conocemos, a entender una perspectiva que no conocemos.»
No presenta, por tanto, el cine como una respuesta política concreta a la realidad mexicana, sino como una herramienta para observarla y discutirla. «Es esa curiosidad la que nos puede acercar a ser más útiles en términos de comunidad, a sumarnos a esfuerzos y a reflexiones que solo nos pueden traer buenas cosas»
De Ambulante a La Corriente del Golfo
Esa mirada explica también la convivencia entre los distintos espacios desde los que Luna trabaja. El actor ha participado en proyectos de cine comercial y, al mismo tiempo, mantiene una actividad vinculada a proyectos documentales y de carácter social, entre ellos Ambulante y la productora La Corriente del Golfo.
Cuando se le pregunta por esa aparente contradicción entre el cine de gran público con películas como Star Wars y sus trabajos como director, Luna tampoco establece una frontera rígida.
«A mí, hasta las películas que digamos que podrías catalogar como entretenimiento, solo me interesan cuando me hacen preguntas, solo me interesan cuando te cuestionan y cuando representan un reto para el espectador.»
Y añade: «Yo creo que el entretenimiento no está peleado con la reflexión, con celebrar la inteligencia de un público. Yo creo que se pueden hacer ambas cosas.»
Para Luna, no hay dos versiones de sí mismo dependiendo del proyecto: «No creo que yo soy dos personas diferentes cuando actúo en proyectos de un alcance popular o cuando hago cosas más íntimas y más eso, como director.»
«Una comunidad enorme en Estados Unidos que hoy vive con miedo»
La conversación adquiere otro tono cuando se le pregunta por Estados Unidos y por la situación que podría encontrar allí una producción cinematográfica bajo el Gobierno de Donald Trump.
Luna desplaza la pregunta desde la industria del cine hacia las personas afectadas por el clima político.
«Lo menos importante hoy es hablar de qué pasaría para hacer o no hacer una película en Estados Unidos. De lo que hay que hablar hoy es de una comunidad enorme en Estados Unidos que hoy vive con miedo, dejar de filmar, ya es lo de menos.»
Su preocupación, explica, está en los estadounidenses de origen latinoamericano y en quienes tienen vínculos con América Latina.
«Hay una comunidad enorme que tiene alguna conexión con América Latina o que viene de América Latina que hoy necesita sentirse protegida, necesita sentirse acompañada»
Luna describe lo que, en su opinión, está ocurriendo alrededor de esa comunidad: «Hay una campaña de odio y de violencia en torno a una comunidad además que lo único que ha hecho es entregarse, construir, alimentar, cuidar a ese país, es sumarse para que ese país sea lo que es hoy»
Y concluye: «El gobierno le está dando la espalda brutalmente»
Preguntado por si él mismo ha tenido experiencias particulares en Estados Unidos, Luna introduce una diferencia entre su experiencia personal y la de quienes no tienen la misma posición.
«Siempre he sido muy afortunado, pero también es que eso, es que yo hablo desde un privilegio brutal»
Dice que al cruzar la frontera siempre se ha sentido seguro y que lo ha hecho «con la conciencia de que puedo regresar».
Después vuelve a establecer la distancia entre su situación y la de otras personas respecto a si se quedara sin visa: «Si pasa, tampoco pasa nada. Mi vida está en otro lado. Mi vida, mis intereses, mis historias de amor están en otro lado.»
Pero esa tranquilidad personal no elimina su preocupación por otras personas que conoce en Estados Unidos. «Sí es cierto que yo he tenido experiencias y he conocido gente que es muy importante en mi vida en Estados Unidos. Y que me preocupa mucho hoy este asedio bajo el que viven.»
Una película sobre quienes se van y quienes se quedan
En Biarritz, Ceniza en la boca funciona así como el punto de partida de una conversación más amplia. La película cuenta la llegada de dos hermanos a España después de que su madre emigrara, pero Luna insiste en que la migración no puede reducirse a una única causa ni a una única respuesta.
La película, producida entre México y España y basada en la novela de Brenda Navarro, coloca en el centro precisamente las consecuencias familiares de esa decisión.
Y las respuestas de Luna terminan conectando esos dos lados de la historia: el de quienes se marchan y el de quienes permanecen. En México, dice, la migración es un fenómeno que lleva décadas produciéndose. En Estados Unidos, su preocupación se dirige hacia quienes viven ahora con miedo. Y entre ambos extremos aparece el cine como espacio para mirar, preguntar y entender.
«Las historias viajan y el cine tiene esa capacidad de volverse personal para quien tiene la curiosidad de observar.»