Cate Blanchett en El Gouna: cuando el arte se convierte en un acto de esperanza

La actriz australiana reflexiona en el Festival de Cine de El Gouna sobre su labor con los refugiados y la fuerza del arte para mantener viva la humanidad. En El Gouna, la luz del Mar Rojo se cuela por la entrada del auditorio completamente lleno. Allí, sin la pompa habitual de una alfombra roja, aparece ... Leer más

La actriz australiana reflexiona en el Festival de Cine de El Gouna sobre su labor con los refugiados y la fuerza del arte para mantener viva la humanidad.

En El Gouna, la luz del Mar Rojo se cuela por la entrada del auditorio completamente lleno. Allí, sin la pompa habitual de una alfombra roja, aparece Cate Blanchett. No hay flashes ni discursos ensayados. Es una conversación, casi una confidencia pública, sobre lo que significa crear, escuchar y acompañar en tiempos difíciles.

Desde el inicio, el tono es íntimo. Blanchett no habla de cine, sino de personas. Recuerda sus visitas a campos de refugiados en distintas partes del mundo, donde —dice— lo primero que percibe es la energía que se genera cuando alguien hace algo con sus manos: una pulsera, una tela, un poema. “El arte se convierte en un hilo que sostiene la esperanza”, explica con calma, mientras sostiene un micrófono cubierto por una cinta tejida, regalo de una cooperativa de mujeres refugiadas.

El encuentro, organizado por el Festival de Cine de El Gouna, giró en torno al poder del arte y la empatía. Blanchett, embajadora de buena voluntad de ACNUR desde hace más de una década, recordó que cuando empezó a trabajar con comunidades desplazadas, la cifra mundial rondaba los 60 millones de personas; hoy, supera los 100 millones. Para ella, junto con la crisis climática, el desplazamiento forzado es el mayor reto de nuestro tiempo.

A lo largo de la conversación, la actriz habló de cómo su compromiso se transformó en creación artística. Mencionó Stateless, la serie australiana que produjo inspirada en casos reales de detención de inmigrantes, y explicó que el proyecto nació de la necesidad de tender un puente entre los relatos personales y las políticas públicas. Su intención no era enseñar, sino provocar empatía a través de la ficción.

También reflexionó sobre su país natal. Australia, dijo, es una nación construida sobre la mezcla y la llegada de otros, pero también marcada por la herencia colonial. En los últimos años, observó con preocupación cómo el miedo y la desconfianza se han impuesto al impulso de acoger. Ese contraste entre apertura y cierre, entre hospitalidad y rechazo, atraviesa muchas de las historias que hoy intenta contar.

Invitados de lujo en el auditorio.

El público escuchó con atención. No era una charla técnica ni una clase magistral sobre cine, sino una meditación sobre la responsabilidad de crear en un mundo en crisis. Blanchett habló de la curiosidad, de la importancia de seguir mirando hacia fuera y no solo hacia uno mismo. Para ella, actuar, producir o incluso observar son formas de comprender lo que significa ser humano.

Al final, el mensaje quedó suspendido en el aire: el arte no salva, pero acompaña. En los campos de refugiados, en los platós de rodaje o en los festivales de cine, esa es la convicción que mueve a Blanchett. Crear, dijo, es una manera de seguir creyendo en la posibilidad de un hogar, incluso cuando todo alrededor parece desmoronarse.

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