Amal es una de esas películas que nunca podrían realizarse en un país fuera de Bélgica. Un país, el belga, que no le tiene miedo a nada con películas irreverentes que desafían al miedo patente, bien por la represalia de los violentos, o por posibles cancelaciones como represalia de los ofendidos.
La filosofía de ser políticamente correctos que impera en casi toda Europa en el arte, choca con la idea de libertad de expresión que rezuman películas belgas como “Rebel” o “the shift “ y ahora con “Amal”. Bélgica demuestra que sabe diferenciar entre arte y el resto de las opiniones que se puedan tener en una sociedad, haciendo que se narren guiones que en otros países serían tildados de propaganda de la extrema derecha o, como está de moda decir en España, de fachas.
Amal nos atrapa desde el segundo número uno con unas discusiones milimétricamente pensadas entre unos alumnos, que podrían representar a una sociedad como la belga o la francesa, en donde hay dos leyes: una la ley oficial y otra la que tienen que seguir un grupo de personas para sentirse queridos por una comunidad, en este caso del film es la comunidad musulmana.
Las constantes amenazas o apoyos que sufre una de las alumnas por parte de sus compañeros por ser lesbiana, se muestran con toda su crueldad, de forma intencionada, para hacer sentir en el espectador un sentimiento de desesperación sobre lo que está viendo que pasa en pleno siglo XXI.
Las actuaciones de los principales papeles x** son tratados con una naturalidad sorprendente, en donde vemos con sutiles sonrisas el poder de manipulación de ciertos personajes sobre el resto y la frustración cuando el manejo de las mentes jóvenes se escapa al control previsto.
El guión presenta una actividad constante en donde la adrenalina corre a raudales llegando a un par de secuencias, quizás extremadamente previsibles, en particular la última de todas, pero que no por menos previsible dejan de aportar un mensaje al film, que es el principal, el de la libertad de expresión a la hora de crear en Bélgica, que, una vez más, parecería imposible de realizar en otro país europeo.
Una situación retratada, la de ciertos musulmanes jóvenes adoctrinados por la religión y motivados a odiar a los integrantes de su comunidad religiosa cuando se salen del redil, con una homofobia y un machismo, según retrata la película, extremo, en el que pegar a la mujer o al gay está permitido si este no se deja educar, siguiendo estos pasos: hablar con él, ayudarle a arrepentirse, y si no quiere, ahí ya si se le puede pegar o corregir, pero de forma suave.
Opinión: 4/5