Amr Mansi, cofundador del Festival de El Gouna: «Queremos ser el principal destino para los cineastas que buscan abrirse camino en el mundo árabe»

Amr Mansi revela las dificultades financieras del Festival de El Gouna, su dependencia empresarial y los desafíos para consolidar su crecimiento.

Amr Mansi en El Gouna. Foto David Sánchez
Amr Mansi en El Gouna. Foto David Sánchez

El cofundador y director ejecutivo del Festival de Cine de El Gouna repasa los orígenes de un certamen que nació de una conversación inesperada, explica cómo se financia un acontecimiento cuyo presupuesto ronda los seis millones de dólares y analiza su transformación en una plataforma para el cine árabe. En una entrevista realizada durante la novena edición del festival, Mansi habla de los problemas cotidianos de organizar un evento internacional, del respaldo de la familia Sawiris, de la relación entre cultura y turismo y de sus ambiciones para la próxima década.

En la costa egipcia del mar Rojo, a pocos kilómetros de Hurghada, El Gouna se ha convertido en algo más que un destino turístico de hoteles, playas y complejos residenciales. Durante el mes de octubre, esta ciudad construida alrededor de lagunas y canales acoge uno de los acontecimientos cinematográficos más destacados de la región. El Festival de Cine de El Gouna, cuya novena edición se celebra del 15 al 23 de octubre de 2026, reúne a cineastas, productores, distribuidores, inversores y representantes de la industria audiovisual internacional, con especial atención al cine árabe y a las cinematografías de Oriente Próximo y el norte de África.

Detrás de esta iniciativa se encuentra, entre otros, Amr Mansi, cofundador y director ejecutivo del festival, una figura que llegó a la organización cinematográfica desde un ámbito aparentemente alejado del séptimo arte: el deporte profesional y los torneos de squash. Su trayectoria permite comprender cómo una iniciativa cultural puede transformarse en una herramienta de desarrollo económico, promoción territorial y apoyo a nuevas generaciones de cineastas.

Durante una entrevista realizada el 21 de octubre en el propio festival, Mansi aborda las dificultades de gestionar un acontecimiento de estas dimensiones. Habla de patrocinadores, financiación, alfombras rojas, celebridades, público y nuevos talentos. También reconoce que, pese a la participación de grandes empresarios egipcios, el festival todavía no ha conseguido garantizar mediante patrocinadores externos la mayor parte de su presupuesto.

Un director que comienza el día resolviendo problemas

La jornada de Amr Mansi durante el festival no se parece demasiado a la imagen de glamour que suele acompañar a los grandes encuentros cinematográficos. Su teléfono comienza a reclamar atención incluso antes de salir de casa. «Normalmente me despierto a las nueve y cada día encuentro un mínimo de cuatro llamadas perdidas. Mientras me preparo, devuelvo esas llamadas y después voy directamente a tomar un café, mientras sigo hablando por teléfono», explica.

A continuación, se dirige al espacio de actividades profesionales del festival, donde se reúne con su equipo y comienza una sucesión de encuentros que se prolonga durante buena parte del día. «Estoy allí desde las diez y media u once de la mañana hasta las cinco de la tarde, aproximadamente. Asisto a mesas redondas, conozco a personas que vienen buscando nuevas oportunidades de negocio y participo en diferentes encuentros», relata.

La actividad continúa por la noche, cuando comienzan los estrenos, las recepciones y los actos sociales. Mansi procura asistir al menos a una película cada día, aunque sus responsabilidades le obligan a dividirse entre diferentes escenarios. «Por la noche intento ver al menos una película y asistir a los eventos. Es una jornada como una montaña rusa», resume.

Pero una de las partes más exigentes de su trabajo consiste en resolver problemas que el público normalmente desconoce. La organización de una alfombra roja, la distribución de los invitados o los cambios de última hora en la programación pueden convertirse en situaciones delicadas. «Gestiono absolutamente de todo. A veces los medios de comunicación no están sentados en el lugar adecuado y las celebridades se molestan porque intentan acercarse a ellas. Otras veces tenemos una sala llena, una película demasiado larga y otra alfombra roja que debe comenzar inmediatamente después», señala.

A estas situaciones se suman las demandas de los patrocinadores y de invitados que esperan recibir un trato especialmente distinguido. «También aparecen patrocinadores con problemas o personas importantes que quieren ser tratadas como invitados de máximo nivel. Cada día tienes una enorme diversidad de problemas», añade.

La intensidad del festival obliga incluso a modificar sus hábitos personales. Mansi mantiene normalmente una rutina deportiva que comienza a las seis de la mañana en el gimnasio y procura jugar al squash al menos una vez por semana. Sin embargo, durante los días del certamen, las exigencias de la organización dejan poco espacio para estas actividades.

De un torneo de squash al nacimiento de un festival de cine

La historia del Festival de El Gouna comienza mucho antes de su primera edición, celebrada en 2017. Su origen está relacionado con un torneo de squash organizado por Mansi, una competición que había conseguido consolidarse en el calendario deportivo egipcio.

En 2016, durante la sexta edición del torneo, Mansi impulsó la creación de una canción dedicada a Egipto para interpretarla en la ceremonia de clausura. La actuación contó con la participación de una cantante y actriz y tuvo una acogida especialmente positiva. Lo que entonces parecía una iniciativa artística vinculada a un acontecimiento deportivo terminó convirtiéndose en el punto de partida de un proyecto mucho más ambicioso.

«Seis meses después, aquella cantante y actriz me llamó y me dijo que tenía una idea que no quería desarrollar con nadie más que conmigo. Le pregunté de qué se trataba y me respondió: ¿Por qué no creamos un festival de cine en El Gouna?», recuerda Mansi.

La propuesta le sorprendió. Aunque tenía experiencia en la organización de grandes eventos, nunca había imaginado ponerse al frente de un festival cinematográfico. El proyecto, sin embargo, encontró pronto un respaldo decisivo: el del empresario egipcio Naguib Sawiris, conocido por su interés por el cine y hermano de Samih Sawiris, fundador de El Gouna.

«Conseguí la aprobación de Naguib Sawiris, que es un gran apasionado del cine. Todo empezó a tener sentido y decidieron asumir el riesgo y hacerlo realidad», explica. No obstante, reconoce que sus expectativas iniciales eran prácticamente inexistentes: «Cuando me hablaron por primera vez de aquello, no creía ni en un 0,5 % que fuera a suceder. Lo juro. Simplemente me dejé llevar».

La implicación de la familia Sawiris permitió que aquella conversación informal se transformara en una iniciativa cultural de alcance internacional. Desde entonces, El Gouna ha desarrollado una identidad cinematográfica propia, combinando exhibiciones, actividades profesionales y programas destinados a facilitar la producción y circulación de nuevas películas.

De las críticas iniciales a la consolidación de un público cinematográfico

Uno de los asuntos que más satisfacción produce a Mansi es comprobar cómo ha cambiado la percepción del festival desde sus comienzos. Durante los primeros años, la iniciativa despertó cierto escepticismo. Algunos observadores consideraban que el certamen no era más que una operación de promoción turística destinada a atraer visitantes a El Gouna.

«Cuando empezamos, la gente decía muchas cosas. Decían que organizábamos el festival solamente para promocionar El Gouna, que lo hacíamos para celebrar fiestas y que nunca conseguiríamos construir un público cinematográfico», recuerda.

Nueve años después, considera que esas previsiones no se han cumplido. La presencia de estudiantes, productores, directores y profesionales que llegan a la ciudad con objetivos específicamente cinematográficos constituye, para él, una de las principales conquistas del proyecto.

«Ahora, y esto es algo de lo que estoy muy orgulloso, veo un público real por todas partes, desde jóvenes estudiantes hasta cineastas y productores. Hay personas que vienen aquí para hacer sus películas y otras que vienen para ver cine. Se ha convertido en un acontecimiento cultural muy importante», afirma.

La diferencia entre ambas etapas resulta fundamental para comprender la evolución del certamen. El Gouna nació en una ciudad asociada principalmente al turismo y al ocio, pero sus responsables han intentado construir una programación capaz de atraer a profesionales de la industria y espectadores interesados en propuestas cinematográficas de diferentes procedencias.

Las palabras de Mansi reflejan una prioridad que va más allá de la presencia de celebridades internacionales: conseguir que el festival desarrolle una comunidad de espectadores y profesionales interesados en el cine. La consolidación de ese público constituye, según explica, uno de los motivos de mayor orgullo para sus organizadores.

El apoyo al cine árabe y la financiación de nuevas películas

El desarrollo de la cinematografía árabe constituye otra de las prioridades del Festival de El Gouna. Aunque el certamen tiene una vocación internacional, su ubicación en Egipto y sus vínculos con la industria audiovisual de Oriente Próximo y el norte de África le permiten desempeñar un papel específico en la promoción de talentos regionales.

Mansi destaca especialmente el trabajo realizado a través de CineGouna Funding, la iniciativa de apoyo económico a proyectos cinematográficos que busca facilitar el desarrollo y la producción de nuevas obras. «Tenemos CineGouna Funding, donde intentamos conseguir todo el dinero posible para apoyar a los cineastas y concederles ayudas cada año. Creo que nos hemos convertido en una plataforma muy importante para los cineastas árabes», explica.

El programa forma parte de CineGouna, el área industrial del festival, que reúne actividades de formación, encuentros profesionales y mecanismos de financiación destinados a conectar a los creadores con productores, instituciones e inversores. Su objetivo es que la participación en el certamen pueda traducirse en oportunidades concretas para desarrollar películas y establecer colaboraciones internacionales.

La cuestión resulta especialmente relevante en una región donde numerosos realizadores necesitan encontrar socios de producción más allá de sus propios países. El acceso a financiación, la circulación internacional de las películas y la posibilidad de establecer contactos profesionales constituyen algunos de los desafíos para las nuevas generaciones.

En este contexto, El Gouna aspira a funcionar como un punto de encuentro entre el talento regional y la industria cinematográfica mundial. Las declaraciones de Mansi sitúan la búsqueda de recursos para los cineastas entre las responsabilidades que el festival considera fundamentales, junto con la exhibición de películas y la organización de actividades profesionales.

Un presupuesto de seis millones de dólares y una financiación todavía insuficiente

El dinero aparece también como uno de los asuntos centrales de la conversación. Pese al respaldo de la familia Sawiris y a la participación de importantes empresas, Mansi reconoce que conseguir financiación continúa siendo uno de sus mayores desafíos.

La organización de un festival internacional requiere recursos para programación, infraestructuras, transporte, alojamiento, actividades profesionales, personal, invitados y acontecimientos públicos. En El Gouna, estas necesidades se combinan con la ambición de seguir ampliando su proyección internacional.

Al preguntarle cómo consigue atraer patrocinadores e inversores, el director ejecutivo reconoce que todavía queda mucho trabajo por hacer. «Sigo necesitando más patrocinadores. De todos los patrocinadores que tenemos, solamente consigo asegurar el 40 % del coste», explica.

El resto de los recursos procede del respaldo de Orascom y El Gouna, según detalla durante la entrevista. Esta dependencia evidencia que, a pesar de su crecimiento, el festival todavía no ha conseguido desarrollar un modelo de financiación en el que los patrocinadores externos cubran la mayor parte de sus necesidades.

«El resto está financiado por Orascom, El Gouna. Así que todavía no he conseguido la financiación adecuada para el festival», admite.

Mansi también revela una cifra que permite dimensionar económicamente el acontecimiento: «El presupuesto del festival es, de media, de unos seis millones de dólares». A su juicio, se trata de una cantidad relativamente modesta cuando se compara con otros grandes encuentros cinematográficos internacionales.

Si se aplican los porcentajes que facilita el propio Mansi a ese presupuesto medio, aproximadamente 2,4 millones de dólares corresponderían a patrocinadores y otros 3,6 millones al respaldo empresarial de El Gouna y Orascom. Estas cantidades son cálculos orientativos basados en sus declaraciones, no cifras procedentes de unas cuentas oficiales auditadas.

La información revela una de las particularidades del festival: su estrecha vinculación con el desarrollo de la ciudad que lo acoge. Mientras otros certámenes cuentan con diferentes combinaciones de financiación pública y privada, El Gouna dispone de un importante apoyo empresarial relacionado con el propio destino turístico.

Sin embargo, Mansi deja claro que esa estructura no elimina la necesidad de buscar nuevos socios. Sus declaraciones permiten identificar uno de los desafíos económicos del proyecto: ampliar las fuentes de financiación y conseguir una mayor participación de patrocinadores externos.

El cine como motor turístico y económico para El Gouna

La relación entre el festival y la economía local constituye otra de las cuestiones abordadas durante la entrevista. El Gouna es una ciudad turística que dispone de hoteles, restaurantes, comercios, instalaciones deportivas y una amplia oferta de ocio. Durante la celebración del certamen, estos establecimientos reciben a visitantes relacionados con la industria cinematográfica.

Mansi considera que el festival genera actividad económica para el conjunto de la ciudad. Cuando se le pregunta por su influencia sobre el turismo, responde estableciendo una comparación con uno de los encuentros cinematográficos más conocidos del mundo.

«Por supuesto que genera movimiento en toda la ciudad. Como sucede en Cannes, beneficia a los alojamientos de Airbnb, los hoteles, las tiendas, los restaurantes y los establecimientos de comida y bebida. A toda la ciudad», asegura.

La comparación con Cannes no implica que ambos acontecimientos tengan dimensiones equivalentes, pero permite entender la relación que Mansi establece entre la celebración de un festival cinematográfico y la actividad económica del destino que lo acoge. En ambos casos, el acontecimiento atrae temporalmente a profesionales, medios de comunicación, invitados y espectadores.

En El Gouna, esta actividad puede contribuir también a reforzar la imagen internacional de una ciudad que combina su atractivo vacacional con una oferta cultural cada vez más reconocible.

El festival permite que visitantes llegados de diferentes países conozcan directamente sus infraestructuras, establecimientos y espacios públicos. Al mismo tiempo, las proyecciones, los encuentros profesionales y las actividades sociales representan oportunidades de actividad económica para empresas locales y operadores turísticos.

Mansi no facilita cifras concretas sobre ocupación hotelera, gasto de los visitantes o impacto inmobiliario. Por tanto, no es posible cuantificar a partir de esta entrevista los beneficios económicos que genera el festival. Sí queda clara su percepción de que el acontecimiento repercute favorablemente en numerosos sectores de la ciudad.

La conexión entre cine y turismo forma así parte de la identidad de El Gouna. Sin embargo, el propio director ejecutivo insiste en que el proyecto ha conseguido superar las críticas iniciales que lo reducían a una operación promocional. La presencia de espectadores y profesionales que acuden específicamente por su actividad cinematográfica es, para él, una de las pruebas de esa evolución.

El futuro: convertirse en una referencia mundial para el cine de Oriente Próximo y el norte de África

Cuando la conversación se traslada al futuro, Mansi plantea un objetivo ambicioso. Después de nueve ediciones, no considera suficiente haber consolidado un festival internacional en Egipto. Su aspiración consiste en convertir El Gouna en un destino imprescindible para cualquier cineasta que desee introducirse en los mercados de Oriente Próximo y el norte de África.

«Dentro de diez años veo este festival como el destino número uno para cualquier cineasta del mundo que quiera promocionar su talento o su película en la región MENA», afirma.

La referencia a MENA, acrónimo utilizado para designar Oriente Próximo y el norte de África, resulta especialmente significativa. El Gouna pretende aprovechar su posición geográfica y sus vínculos profesionales para funcionar como una puerta de entrada a una industria audiovisual regional con conexiones internacionales.

Esa aspiración se relaciona con varias de las actividades que ya desarrolla el certamen: una programación internacional, el respaldo al cine árabe, los encuentros entre profesionales y los programas de financiación. Todas ellas contribuyen a construir un espacio donde los cineastas pueden presentar sus trabajos y establecer relaciones con otros agentes de la industria.

El reto será mantener y fortalecer esa combinación durante los próximos años. La búsqueda de nuevos patrocinadores, la consolidación de un público propio y el desarrollo de los mecanismos de apoyo a los cineastas aparecen como cuestiones relevantes para alcanzar la posición que Mansi imagina.

Su objetivo no se limita a que El Gouna sea conocido por sus estrenos o sus alfombras rojas. Aspira a que cualquier cineasta internacional que quiera dar a conocer su trabajo en la región considere el festival como uno de sus principales destinos profesionales.

Martin Scorsese, uno de los grandes nombres que sueña con recibir

La entrevista concluye con una pregunta más personal: qué grandes figuras del cine internacional le gustaría recibir en futuras ediciones del festival.

Cuando se menciona a Steven Spielberg como posible invitado, Mansi responde afirmativamente, pero añade inmediatamente otro nombre: «Por supuesto, por supuesto. Scorsese».

La referencia a Martin Scorsese refleja el deseo de seguir atrayendo a algunos de los cineastas más reconocidos de la historia del cine. No supone el anuncio de ninguna participación futura, sino la expresión de una aspiración personal del cofundador.

El Gouna se encuentra ahora ante una etapa importante de su desarrollo. Nueve años después de aquella llamada que propuso transformar una ciudad turística egipcia en sede de un festival cinematográfico, el proyecto ha conseguido reunir a profesionales de diferentes países y establecer una plataforma de apoyo para creadores de la región.

Pero las palabras de Amr Mansi también muestran que el crecimiento cultural no garantiza por sí solo la estabilidad económica. Según los datos que facilita durante la entrevista, el certamen dispone de un presupuesto medio de seis millones de dólares, mientras que los patrocinadores externos cubren aproximadamente el 40 % de sus costes. La búsqueda de nuevas fuentes de financiación continúa siendo, por tanto, una de sus tareas pendientes.

Entre llamadas telefónicas, alfombras rojas, negociaciones con patrocinadores y encuentros con cineastas, Mansi continúa trabajando en una iniciativa que, según reconoce, nunca creyó que llegaría a hacerse realidad. Su objetivo para la próxima década es que El Gouna deje de ser simplemente uno de los festivales importantes de la región y se convierta en un lugar de referencia para los cineastas internacionales interesados en establecer vínculos con el mundo árabe.

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