Festival de Varsovia: el cine colombiano compite en Polonia con un cortometraje sobre la violencia y la infancia

El cortometraje colombiano La muerte de un pájaro, rodado en Cundinamarca, llega al Festival de Varsovia y proyecta talento nacional.

Sergio Tapias en la producción, con el director Felipe Sánchez García en el festival de Varsovia. Foto David Sánchez
Sergio Tapias en la producción, con el director Felipe Sánchez García en el festival de Varsovia. Foto David Sánchez

La muerte de un pájaro, ópera prima del director Felipe Sánchez García, participa en la 42ª edición del certamen internacional, celebrado del 9 al 18 de octubre de 2026. Rodada durante cinco días en Cundinamarca, con una cámara ARRI Alexa Mini y financiación principalmente privada, la película llega a Europa tras recibir apoyos de Emergente CineLab, la ECAM y el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias.

El cine colombiano tiene una nueva cita internacional en Polonia. La muerte de un pájaro, cortometraje dirigido por Felipe Sánchez García y producido por Sergio Tapias, participa en la competición oficial de cortometrajes de la 42ª edición del Festival Internacional de Cine de Varsovia, que se celebra del 9 al 18 de octubre de 2026. La producción, de 14 minutos y sin diálogos, representa una nueva oportunidad de visibilidad para el audiovisual independiente colombiano en un certamen de larga trayectoria en Europa Central.

El festival, fundado en 1985, reúne cada año producciones de diferentes países y combina largometrajes y cortometrajes en sus distintas secciones. La presencia de La muerte de un pájaro supone el estreno mundial de la película y la culminación de un proceso de desarrollo, rodaje y posproducción que ha pasado por encuentros cinematográficos de Colombia y España.

La película cuenta la historia de Fabio y Leonor, dos jóvenes que mueren durante un episodio de violencia sin ser conscientes de ello. Tras huir, llegan a una casa de descanso perteneciente a una familia acomodada, donde comienzan a reproducir actividades cotidianas y relaciones afectivas que les fueron arrebatadas. El cortometraje está protagonizado por Juan Manuel Ochoa y Valeria Campos y aborda las consecuencias del conflicto armado colombiano desde una perspectiva alejada de las representaciones más explícitas de la violencia.

«Queríamos cambiar esta forma de narrar la violencia», explica Sergio Tapias durante una entrevista realizada en Varsovia. El productor señala que la decisión de no mostrar directamente los hechos violentos responde a una elección narrativa deliberada. «Sigue siendo un tema muy vigente que ocurre todavía en Colombia, que no es un periodo de la historia, sino que es algo que nos atraviesa y hasta el día de hoy ocurre todavía», añade.

Felipe Sánchez García, de la fotografía a la dirección

La muerte de un pájaro supone el debut como guionista y director de Felipe Sánchez García, profesional colombiano que hasta ahora había desarrollado principalmente su trayectoria como director de fotografía. Su formación cinematográfica incluye estudios en Buenos Aires, Argentina, donde también trabajó en el sector audiovisual antes de regresar a Colombia. Esa experiencia profesional ha influido en la concepción visual del cortometraje, que utiliza los movimientos de cámara, la composición y el trabajo corporal de los intérpretes como principales recursos narrativos.

La relación entre Sánchez García y Sergio Tapias comenzó durante el rodaje de una serie web realizada en diferentes regiones de Colombia. Ambos descubrieron que habían estudiado en Buenos Aires y que compartían profesores y referencias profesionales. «Nos conocimos haciendo una serie web viajando por Colombia», recuerda Tapias. «En los tiempos muertos se nos iba hablando de cine, cinefilia», añade.

Su primera colaboración cinematográfica llegó con Los subtítulos, un cortometraje producido por Tapias para el que necesitaba un director de fotografía. «Le dije: “Estoy buscando un director de foto, ¿te interesa?”. Felipe se sumó, dijo: “De una, me encanta el guion, hagámoslo”», recuerda el productor. La propuesta de realizar La muerte de un pájaro surgió poco después. «Terminamos de rodar ese corto y en la fiesta de fin de rodaje Felipe se me acerca, me dice: “Tengo un guion, me gustaría que lo produjeras”».

La producción reunió a profesionales de distintas áreas del sector audiovisual colombiano. Entre los nombres vinculados al proyecto figuran Sergio Tapias Suárez, Lina Rincón Barrios y Boris Prieto, identificados como productores durante su participación en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias. Lina Rincón también aparece acreditada en la producción ejecutiva y coproducción del cortometraje.

Cinco días de rodaje en Fusagasugá y Silvania

El rodaje se desarrolló durante cinco días en los municipios de Fusagasugá y Silvania, situados en el departamento de Cundinamarca, al suroeste de Bogotá. La producción utilizó diferentes espacios rurales, una vivienda familiar y localizaciones próximas a un río. La casa principal pertenece a la familia de Sánchez García y fue uno de los elementos que condicionaron la escritura del guion y la planificación técnica de las escenas.

«La locación es la casa de infancia del director, de Felipe», explica Tapias, quien recuerda que el proyecto ya estaba concebido teniendo en cuenta determinados movimientos de los personajes y de la cámara. La película incorpora fotografías auténticas del director durante su niñez, una decisión que introduce un componente autobiográfico en una historia centrada en la desigualdad social. «No es gratis que se filme en mi casa», reconoce Sánchez García. «Las fotos son fotos mías cuando era bebé», añade.

Para el rodaje se empleó una cámara ARRI Alexa Mini y un equipo de maquinaria cinematográfica que permitió ejecutar los movimientos previstos. La producción también requirió pruebas de iluminación y sonido, visitas técnicas a las localizaciones y lecturas de guion con los responsables de los distintos departamentos.

El equipo contó con apoyos institucionales y locales. Según Tapias, colaboraron la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, la administración municipal y espacios de formación cultural de la zona. Los bomberos de Fusagasugá acompañaron el rodaje de una escena que incluía fuego. También se organizaron sesiones de casting en instalaciones vinculadas a la formación artística municipal.

Una parte de la filmación se realizó en un río al que se accedía atravesando una propiedad particular. El productor recuerda que un vecino permitió utilizar sus terrenos para facilitar el trabajo. «Me encanta la idea del cine, por supuesto, lo que necesiten», les respondió, según relata Tapias.

Financiación privada y equipos alquilados con descuentos

Uno de los principales desafíos del proyecto fue conseguir los recursos económicos necesarios. Los productores presentaron solicitudes a diferentes convocatorias públicas, incluidas ayudas regionales y el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), pero no obtuvieron financiación por esas vías.

«Nos presentamos a varios fondos, no ganamos, ni a nivel de región ni FDC», explica Tapias. El equipo decidió entonces continuar mediante financiación privada, donaciones, aportaciones personales y acuerdos con proveedores de servicios cinematográficos.

La experiencia previa del productor en videoclips y otros formatos audiovisuales facilitó el contacto con empresas de alquiler de equipos, técnicos y estudios de posproducción. Según su testimonio, algunos materiales se consiguieron por aproximadamente el 5% de su tarifa habitual.

«Tengo muy buena relación con rentas, muy buena relación con técnicos», señala. Tapias destaca especialmente la colaboración de 235, empresa especializada en posproducción de imagen y corrección de color, que ofreció condiciones económicas favorables al proyecto. «Nos dieron un descuento absurdo», recuerda. El productor atribuye esos apoyos a la confianza que generó la propuesta cinematográfica: «Solo porque esas empresas creyeron en nosotros».

La producción no ha comunicado un presupuesto total verificable, por lo que no es posible establecer una cifra exacta de inversión. Sí consta, a través del testimonio del productor, que una parte importante del coste fue asumida por los propios responsables del cortometraje y por colaboradores que aportaron servicios en condiciones especiales.

Una competición internacional con 26 cortometrajes

La participación colombiana se produce en una sección que reúne este año 26 cortometrajes procedentes de 19 países, seleccionados entre varios miles de propuestas. Doce de las obras tienen su estreno mundial en Varsovia. El programa suma 393 minutos de cine distribuidos en cuatro bloques competitivos, con películas de ficción, animación y documental.

El Festival Internacional de Cine de Varsovia cuenta con acreditación de la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF). Su competición de cortometrajes incluye cuatro reconocimientos: el Gran Premio al Mejor Cortometraje y los premios a mejor cortometraje de ficción, animación y documental.

El Gran Premio está dotado con 2.000 eslotis, la moneda polaca, mientras que los otros tres reconocimientos cuentan con una dotación de 1.000 eslotis cada uno. Los premios de esta competición forman parte de las vías de clasificación para los Oscar, de acuerdo con las normas de elegibilidad de la Academia de Hollywood.

La selección de La muerte de un pájaro representa, por tanto, una oportunidad de circulación internacional para una película independiente colombiana. Su participación no supone la obtención de un premio, sino su inclusión entre las obras que compiten por los reconocimientos del certamen.

Para Sergio Tapias, la selección tiene especial importancia por la cantidad de producciones que buscan espacio en los festivales. «Creo que sin duda en este momento hay una sobreoferta de contenidos, creo que hay muchos, muchos cortos, y poder lograr estar en un espacio así es extremadamente valioso», explica. El productor recuerda que el proceso de distribución no fue inmediato: «Ha sido un proceso muy lento, hemos enviado a muchos, muchos festivales».

Dos protagonistas y una película sin diálogos

Los personajes de Fabio y Leonor están interpretados por Juan Manuel Ochoa y Valeria Campos. La película plantea una dificultad particular: ninguno de los protagonistas utiliza el diálogo para expresar sus emociones o explicar los acontecimientos. La relación entre ambos debe construirse mediante movimientos, gestos, miradas y proximidad física.

Para Sánchez García, este aspecto representó uno de los principales desafíos de su debut como director. «Es mi primera obra como director, toda mi carrera la he hecho como director de fotografía», recuerda. El cineasta reconoce que no contaba con una trayectoria previa en la dirección de intérpretes: «No soy un director de actores».

Su trabajo se concentró en establecer una relación de confianza con los dos jóvenes. «Sabía que lo único que realmente importaba era saber que podía estar con dos personas con quienes hubiera una conexión real y quienes pudieran entender un poco qué era lo que queríamos construir de su mano», explica.

La preparación incluyó ejercicios físicos y actividades para desarrollar la familiaridad entre los protagonistas, que no se conocían antes del proyecto. «Hicimos mucho trabajo sobre el cuerpo, la comodidad de la proximidad entre ellos, porque no se conocían», señala el director.

La ausencia de diálogos también condicionó el montaje y la posproducción sonora. Los sonidos ambientales, las respiraciones y los movimientos de los personajes forman parte de la construcción narrativa y permiten transmitir información sin recurrir a explicaciones verbales.

De BOGOSHORTS y la ECAM al Festival de Cartagena

El recorrido de La muerte de un pájaro comenzó antes de su estreno internacional. Durante su etapa de desarrollo, el proyecto participó en iniciativas destinadas a impulsar nuevas producciones cinematográficas y facilitar el contacto entre creadores, escuelas y profesionales de la industria.

En 2024 obtuvo el Premio Impulsa ECAM durante Emergente CineLab, un encuentro de desarrollo y coproducción celebrado en Madrid. La ECAM, Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid, es una institución especializada en la formación de profesionales del cine y el audiovisual. El proyecto había accedido a ese circuito de desarrollo después de su paso por iniciativas vinculadas al mercado de BOGOSHORTS, el Festival de Cortos de Bogotá.

Otro reconocimiento llegó en 2025, durante el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI). Dentro de su apartado Work in Progress, dedicado a películas en fase de finalización, La muerte de un pájaro recibió un premio de diseño sonoro y mezcla en Dolby Atmos ofrecido por Vinilo Studio.

Este apoyo resultó especialmente importante por las características de la película. Al prescindir de diálogos, el cortometraje depende en gran medida de su construcción sonora para transmitir información y emociones. Los sonidos del campo, los movimientos de los personajes y la ambientación adquieren una función narrativa que habitualmente también desempeñan las conversaciones.

«Logramos tener un primer corte, estuvimos en el Work in Progress del Festival de Cine de Cartagena, y ahí nos ganamos la posproducción de audio con Vinilo Estudio», explica Tapias.

Los reconocimientos obtenidos durante el desarrollo y la finalización del proyecto permitieron completar diferentes etapas de producción antes de iniciar su recorrido por festivales internacionales.

Una historia personal sobre la desigualdad y la memoria

Aunque el cortometraje se desarrolla en un contexto de violencia rural, Sánchez García introduce elementos de su propia biografía. La vivienda donde se rodó pertenece a su familia y algunas fotografías visibles en pantalla corresponden a su infancia. «No es gratis que se filme en mi casa», explica el director. «Las fotos son fotos mías cuando era bebé».

La decisión responde a su intención de contrastar la experiencia de los protagonistas con la seguridad y las oportunidades de las que él disfrutó durante su niñez. «Me parecía lindo encontrar también en el cortometraje un vehículo para revisitar mi propio privilegio y mi propia infancia», reconoce.

Durante el montaje, el equipo solicitó opiniones a otros cineastas colombianos, entre ellos Duván Duque, con quien Sánchez García entró en contacto a través de Sergio Tapias. «Me interesaba enormemente la visión de alguien que se mueve en un cine tan diferente al que estábamos haciendo», explica. Su propósito era incorporar perspectivas distintas sobre la representación de la realidad colombiana.

La película está dedicada a la esposa y los dos hijos del director. Sánchez García considera que la paternidad también ha influido en su decisión de comenzar a dirigir proyectos propios. Su esposa, Lina Rincón, participa en la producción, y ambos comparten las exigencias de una profesión que implica desplazamientos y jornadas prolongadas. «Mi esposa también es artista, entonces creo que hay un entendimiento de cómo hay que repartirnos la carga para que nuestra vida de oficio pueda mantenerse viva», señala.

El cineasta relaciona su nueva etapa profesional con el deseo de construir una obra personal que permanezca en el tiempo. Explica que quiere crear películas «que cuando yo ya no esté existan ahí para que mis hijos puedan seguir entablando un diálogo conmigo y mi visión del mundo». Esa motivación familiar convive con el interés por abordar cuestiones sociales y por contribuir, desde la ficción, a la memoria colectiva colombiana.

Una oportunidad internacional para el cortometraje colombiano

La llegada de La muerte de un pájaro a Varsovia se suma al recorrido internacional de proyectos colombianos que encuentran en los laboratorios de desarrollo, los mercados cinematográficos y los festivales una vía para completar su financiación y acceder a nuevos públicos.

El caso muestra la importancia de instituciones como BOGOSHORTS, Emergente CineLab, la ECAM y el FICCI en distintas etapas de la producción audiovisual. También refleja las dificultades que afrontan los realizadores independientes para obtener recursos y finalizar sus películas.

Para Sergio Tapias, la selección en Polonia tiene un valor especial después de las dificultades económicas y los numerosos intentos de presentar la película en festivales. «Ha sido un proceso muy lento, hemos enviado a muchos, muchos festivales», recuerda. El productor considera que conseguir una plaza en una competición internacional resulta especialmente importante en un contexto de elevada producción de contenidos.

Sánchez García, por su parte, destaca la responsabilidad que tiene el cine colombiano en la construcción de memoria. «El cine colombiano, sin importar qué gobierno ha estado en el poder durante las últimas décadas, ha logrado convertirse en una muy importante voz sobre la lectura de la realidad nacional, sobre el valor de la memoria colectiva dentro del arte», sostiene.

La participación en Varsovia representa el comienzo de una nueva etapa para La muerte de un pájaro. Después de un rodaje de cinco días, un proceso de financiación basado en colaboraciones y apoyos obtenidos en Colombia y España, el cortometraje llega a una competición internacional con una historia que aborda el conflicto armado desde la perspectiva de dos jóvenes.

Para su director, la propuesta puede resumirse en una idea: «El amor y el cuidado del otro como un camino posible para un futuro diferente de mi nación». Una reflexión que acompaña el estreno internacional de su primera película y que sitúa la infancia, la memoria y las consecuencias de la violencia en el centro de su trabajo cinematográfico.

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