
Joel Crawford y Januel P. Mercado, directores de la película, explican cómo combinaron el humor, la pérdida de recuerdos y las tradiciones filipinas en una producción que recibió una ovación de cinco minutos en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.

La amistad y los recuerdos que construimos a lo largo de la vida constituyen el centro de La isla olvidada (Forgotten Island), la película de animación de DreamWorks dirigida por Joel Crawford y Januel P. Mercado. La producción combina el folclore filipino, una comedia de ritmo acelerado y una estética influida por el anime japonés de los años noventa para contar una historia en la que el principal peligro no consiste en salvar el mundo, sino en perder los recuerdos compartidos con las personas más cercanas.
Durante una entrevista, ambos cineastas explicaron que buena parte de la personalidad de la película procede de su propia relación. Crawford y Mercado mantienen una amistad de casi veinte años, durante los cuales han compartido proyectos profesionales y experiencias personales. Esa complicidad se trasladó a las protagonistas, Jo y Raissa, dos jóvenes cuya relación constituye el centro emocional de la historia.
«Toda esta película trata sobre dos jóvenes y su amistad. El espíritu de esta película tiene mucho de nuestra propia amistad», explican los realizadores. Las bromas, la manera de animarse mutuamente y la energía que desprenden las protagonistas reproducen comportamientos habituales entre ambos cineastas. Incluso algunos momentos de celebración nacieron de esa relación personal que ha acompañado a los directores durante buena parte de sus carreras.
Una comedia sobre el miedo a olvidar
Uno de los aspectos más particulares de La isla olvidada es su capacidad para pasar de situaciones abiertamente cómicas a momentos de considerable intensidad emocional. Crawford y Mercado reconocen que buscaron deliberadamente ese contraste y mencionan dos películas aparentemente muy diferentes como referencias fundamentales: The Hangover (Resacón en Las Vegas) y Eternal Sunshine of the Spotless Mind (¡Olvídate de mí!).
La primera les ofreció una manera de abordar la pérdida de memoria desde el humor, mientras que la segunda les permitió explorar sus consecuencias emocionales. De esa combinación surgió una propuesta que utiliza la comedia para acercar al espectador a los personajes antes de enfrentarlos a la posibilidad de perder aquello que los une.
«Nos encantan las películas que te llevan por una montaña rusa emocional, que tienen una comedia que te hace reír a carcajadas, pero también momentos muy tranquilos y conmovedores que te hacen llorar», explican durante la conversación.
La estructura narrativa también supone una diferencia respecto a otras grandes producciones de animación. Aquí no existe una amenaza universal ni una batalla gigantesca que determine el desenlace. Lo que está en juego es algo mucho más cercano: la amistad y los recuerdos que la sostienen.
«Lo que está en juego es la amistad y los recuerdos de esa amistad», señala uno de los realizadores, quien considera que el humor y el drama no funcionan como elementos independientes. Cada situación divertida permite conocer mejor a las protagonistas y comprender por qué su relación merece ser protegida.
Los cineastas defienden que las escenas cómicas ayudan a construir el vínculo emocional con los personajes. Cuando la historia alcanza sus momentos más dramáticos, el espectador ya ha compartido suficientes experiencias con ellas como para comprender la importancia de aquello que pueden perder.
La mitología filipina llega a DreamWorks
La película también representa una apuesta por trasladar al cine comercial internacional personajes y elementos procedentes del folclore filipino. Entre las criaturas que despertaron mayor interés en los directores figura el manananggal, un ser mitológico femenino de características vampíricas capaz de separar su cuerpo en dos partes.
Para los realizadores, incorporar una criatura de estas características suponía una oportunidad de presentar una antagonista visualmente diferente a las habituales en las grandes producciones de animación. Su apariencia y sus capacidades ofrecían posibilidades narrativas que consideraban poco exploradas en este tipo de cine.
«La descripción de una mujer parecida a un vampiro que podía dividirse por la mitad nos resultaba emocionante. Pensamos que sería una villana realmente impresionante», recuerdan sobre el proceso de selección de criaturas tradicionales.
La elección de Lea Salonga para interpretar a la antagonista añadió otra dimensión al proyecto. La artista filipina, conocida internacionalmente por haber prestado su voz cantada a personajes de Disney como Jasmine y Mulán, asumió esta vez un papel muy distinto.
«Ahora es una villana formidable para DreamWorks», comenta uno de los directores, satisfecho de haber conseguido incorporar a una figura tan representativa de la cultura filipina.
La participación de Salonga fue más allá de la interpretación. La música también surgió de la implicación personal de los artistas que participaron en el proyecto. Durante el desarrollo de la película, cuando todavía se encontraba en una fase de dibujos preparatorios, el equipo mostró el material a los intérpretes para que conocieran la historia.
H.E.R., que formaba parte del reparto, quedó tan interesada en el proyecto que propuso escribir una canción. Posteriormente sugirió que Liza Soberano participara también en su interpretación. El resultado emocionó a los realizadores desde la primera escucha.
La canción BRB y su videoclip, rodado en Filipinas, se convirtieron en otra manera de conectar la producción con la cultura que inspira la película. Según explicaron los cineastas, la composición surgió como una expresión de afecto hacia la historia, las amistades y las tradiciones representadas.
El reparto de voces incluye también a Dave Franco y Manny Jacinto, mientras que la música original está a cargo del compositor Nathan Matthew David. Para Crawford y Mercado, la participación de los intérpretes permitió que la dimensión musical se integrara de manera natural en la película.
Una estética inspirada en el anime de los noventa
La apuesta cultural de La isla olvidada encuentra su correspondencia en una propuesta visual que combina técnicas de animación bidimensional y tridimensional. Los directores explican que el objetivo era construir una estética reconocible, con influencias del anime de los años noventa, pero adaptada a las posibilidades técnicas de una gran producción contemporánea.
El proceso no resultó sencillo. La integración de diferentes estilos exigió desarrollar soluciones tecnológicas específicas y coordinar el trabajo de cientos de artistas, responsables de trasladar las ideas iniciales a la pantalla.
«Creo que es la película más difícil en la que hemos trabajado y también la más gratificante», reconoce uno de los cineastas, quien destaca que el resultado fue posible gracias a la colaboración de numerosos profesionales.
El desafío no consistía únicamente en conseguir una apariencia visual diferente. También era necesario que todos los departamentos compartieran una misma visión artística y encontraran las herramientas adecuadas para materializarla.
Los directores destacan especialmente el trabajo colectivo que permitió desarrollar ese universo. Para ellos, el resultado supone una celebración de la animación como lenguaje cinematográfico y de las posibilidades que ofrece la combinación de técnicas y estilos.
Cinco minutos de aplausos en Annecy
Uno de los momentos más emocionantes para Crawford y Mercado llegó durante la presentación de La isla olvidada en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, en Francia, uno de los principales encuentros mundiales dedicados a esta especialidad.
Los cineastas acudieron con especial interés por conocer la reacción de un público familiarizado con las técnicas de animación y las posibilidades expresivas del medio. Esperaban que los profesionales y aficionados presentes apreciaran la combinación de estilos visuales, pero la respuesta terminó superando sus expectativas.
La proyección concluyó con una ovación de pie de cinco minutos, un recibimiento que los directores interpretaron como una demostración de que los temas de la película podían conectar con espectadores de culturas muy diferentes.
«Sabíamos que la historia que estábamos contando sería especialmente significativa para los filipinos de todas partes, pero recibir aquella respuesta en Annecy, aquella ovación de pie de cinco minutos, fue una demostración de que la historia y sus temas, la amistad y los recuerdos, realmente estaban conectando a escala mundial», explican.
Los directores consideran que la acogida internacional fue especialmente importante porque confirmó que una historia profundamente vinculada a una cultura concreta podía despertar emociones similares en espectadores de otros países.
La presentación en Annecy quedó así entre los recuerdos más importantes del proceso de creación y promoción de la película, particularmente por tratarse de un festival especializado en el lenguaje cinematográfico que habían intentado desarrollar.
La importancia de verse representado en la pantalla
La conversación también abordó la reacción del público filipino ante una producción de DreamWorks que incorpora símbolos, paisajes y elementos cotidianos de su cultura. Aunque los realizadores no confirmaron haber recibido comentarios específicos del Gobierno de Filipinas, destacaron las numerosas muestras de entusiasmo procedentes de espectadores del país.
Algunos de esos mensajes comenzaron a llegar incluso antes del estreno, cuando se difundieron las primeras imágenes promocionales. La aparición del sol filipino, los tradicionales vehículos conocidos como jeepneys y otros detalles culturales provocó respuestas especialmente emotivas.
Los directores recuerdan que algunas personas se emocionaron simplemente al reconocer esos elementos en una producción internacional de animación. Para ellos, aquellas reacciones demostraron que la representación cultural podía tener una importancia mayor de la que habían imaginado inicialmente.
Uno de los realizadores reconoce que la experiencia también le hizo reflexionar sobre su propia infancia y sobre la importancia de encontrar personajes con los que identificarse. Durante años había disfrutado del cine sin detenerse demasiado a pensar en la ausencia de referentes culturales cercanos a su propia experiencia.
La realización de La isla olvidada le permitió comprender hasta qué punto puede resultar significativo que una comunidad se reconozca en una gran producción cinematográfica.
«Importa mucho tener personajes y personas que se parezcan a ti en la pantalla», reflexiona durante la entrevista, antes de insistir en que las historias personales pueden conectar con públicos de cualquier procedencia.
El mensaje que los realizadores desean transmitir también está relacionado con el reconocimiento de esas identidades: «Importas, mereces ser visto y mereces compartir tus historias personales, con las que la gente puede conectar y conectará».
Esa reflexión resume buena parte de las ambiciones de una película que, detrás de su humor, sus criaturas fantásticas y su despliegue visual, propone una mirada sobre la identidad y las relaciones humanas. Para Joel Crawford y Januel P. Mercado, La isla olvidada demuestra que la animación comercial puede explorar nuevos territorios culturales sin perder su capacidad de entretenimiento, y que una historia sobre dos amigas y sus recuerdos puede resultar tan emocionante como cualquier aventura destinada a salvar el mundo.