
Por David Sánchez
El director y guionista argentino Javier Cutrona presenta Alucina
(Fishgirl), su ópera prima en el prestigioso Festival de Cine de
Tallinn PÖFF 2024, dentro de la sección Critics’ Picks. Esta
película, que explora temas universales desde una perspectiva
ecuatoriana, se convierte en un retrato único del país, mezclando
sus paisajes, su historia y las vivencias personales de Cutrona como
extranjero radicado en Ecuador.
Del cine argentino a los paisajes de Quito
Llegó a Ecuador en 2001, huyendo de la crisis económica argentina.
«Había dirigido comerciales de autos y una productora
ecuatoriana me llamó para filmar uno. Después de varios viajes de
ida y vuelta, me propusieron quedarme medio año, y aquí estoy desde
entonces».
La película no es costumbrista, aunque retrata lugares emblemáticos
como las calles coloniales de Quito, la costa y los pescadores. Según
Cutrona, estas locaciones se presentan «como lienzos de fondo»,
destacando el impacto del terremoto de 2016. «Ese terremoto fue
devastador, especialmente en la costa. Nuestra productora se
convirtió en un centro de acopio de alimentos. En la película, el
recuerdo de la protagonista se conecta con un cataclismo, reflejando
el impacto del terremoto tanto en la trama como en la vida real».
Elementos culturales y simbólicos
La película utiliza elementos simbólicos como un pez, que conecta a
la protagonista con su infancia. «El pescado representa olores,
recuerdos, y el vínculo con su madre, quien le contaba historias
sobre sirenas. Sin revelar demasiado, este elemento tiene un papel
fundamental en su memoria y en su conexión emocional», comenta
el director.
Además, Cutrona ancla la historia en un momento histórico concreto:
los años finales del gobierno de Rafael Correa. «No conozco a
Correa, pero quise incluirlo como un referente de esa época. Su
figura marcó mucho el post-terremoto y sirve como contexto para
entender lo que estaba ocurriendo en Ecuador en ese entonces».
El cine ecuatoriano y sus desafíos
Aunque la calidad del cine ecuatoriano ha sido destacada en
producciones como La piel pulpo de María Cristina Barragán, la
falta de volumen limita su visibilidad. «Hay muy buen cine, pero
Ecuador es un país pequeño. Por ejemplo, el Premio Colibrí, el más
importante del cine local, se celebra cada dos años porque no hay
suficientes películas para competir anualmente», señala
Cutrona.
El director también menciona las dificultades financieras, con un
presupuesto de 300.000 euros: «Hacer cine independiente en
Latinoamérica es muy difícil sin apoyo estatal. El Instituto de
Cine de Ecuador fue clave en diferentes etapas del proyecto. Ganamos
fondos para desarrollo, producción y postproducción, pero esto solo
cubrió la mitad del presupuesto. El resto fue inversión privada».
Sobre las coproducciones internacionales, especialmente con programas
como Ibermedia, reconoce que en su caso no exploraron esa opción.
«Venimos del mundo de la publicidad, y nuestra primera película
se desarrolló de forma un poco desordenada. Ahora sabemos que hay
caminos que debemos recorrer, y ese es uno de ellos».
La importancia del Festival de Tallinn
Para Cutrona, la selección en el Festival de Tallinn PÖFF es un
gran logro: «Es emocionante que nuestra película tenga su
estreno mundial en una sección tan prestigiosa. Tallinn nos abre una
ventana al mundo, mostrando que Ecuador tiene mucho que ofrecer en
términos de cine de calidad».
Entre la experiencia de vivir en Ecuador, el impacto de eventos como
el terremoto, y la lucha por crear cine independiente, Javier Cutrona
logra capturar una esencia única que ahora resonará más allá de
las fronteras ecuatorianas. «Ojalá esta película inspire a más
producciones en el país y permita que el cine ecuatoriano sea más
visible en los festivales internacionales», concluye.
